Síguenos en

Capitulo 2: Teoría de afectos y teoría de relaciones de objeto

Luis Gomberoff

CAPÍTULO 2

Teoría de afectos y
teoría de relaciones de objeto



NUEVAS PERSPECTIVAS EN LA TEORÍA PSICOANALÍTICA DE LOS AFECTOS

TEORÍA PSICOANALÍTICA CLÁSICA SOBRE AFECTOS

Freud estudió a lo largo de toda su vida el problema de cuál es el motor de  nuestra conducta, qué es lo que mueve la vida psíquica consciente e inconsciente. Buscó, por lo tanto, una teoría de la motivación. Después de cambiar sus puntos de vista varias veces concluyó en la llamada teoría pulsional dual de líbido y agresión introducida en “Más allá del Principio del Placer” (1920). Consideró que: Las pulsiones constituían el sistema motivacional humano.

Instintos y pulsiones

Instinto. La palabra instinto en español es parecida a la palabra alemana instinkt; también es parecida en francés, pero el término fue traducido erróneamente en la Edición Standard en inglés, donde instinto se usó indistintamente para instinto y pulsión. De esta manera se borraron las diferencias entre sistemas motivacionales biológicos (instintos) y psíquicos (pulsiones), creando de esta manera una confusión que no tuvo mucha importancia mientras la teoría psicoanalítica simplemente se mantuvo en las generalizaciones de Freud, pero que empezó a pesar intensamente cuando se comenzaron a hacer esfuerzos por relacionar la teoría psicoanalítica con los desarrollos contemporáneos en biología, psicobiología y neuropsicología acerca de los afectos.
Los instintos son biológicos, hereditarios e intermitentes, en el sentido que son activados por estimulaciones fisiológicas y/o ambientales.

 

Pulsión. Es la traducción contemporánea del término trieb en alemán, drive en inglés y pulsion en francés. Las pulsiones son dos:

Libido y agresión. Son sistemas motivacionales puramente psíquicos.

Freud describió para la libido zonas erógenas, en las que se originaría el impulso que se dirigiría a objetos externos. O sea, la pulsión tendría una meta y además habría una acción que la satisfaría. Describió las fases de desarrollo pulsional de la libido, relacionándolas con las zonas erógenas: oral, anal, uretral, genital.
Nunca describió zonas correspondientes para la agresión, y la teoría de esta desarrollada en los últimos años de su vida, quedó totalmente asimétrica con la
teoría de libido.

Freud también llegó a la conclusión que las pulsiones son motivaciones psíquicas que están en el límite entre lo psíquico y lo físico, que son esencialmente inconscientes y que sólo las conocemos a través de dos manifestaciones:

Representaciones mentales (ideas, conceptos) y afectos.

Afectos
 

Freud cambió tres veces su teoría de los afectos, lo que complicó la comprensión de la teoría psicoanalítica pulsional.

Primera teoría. Hasta más o menos 1915, trató los afectos como si fueran la misma cosa que la libido.

Segunda teoría. Recién entre 1915 y 1926, cuando desarrolló sus trabajos de metapsicología1, sugirió que la libido se manifestaba por representaciones y afectos. En esta segunda teoría dijo que el afecto ya no es lo mismo que la pulsión libido, sino que es:

Un fenómeno de descarga psicomotora y/o neurovegetativa de la pulsión (particularmente de sus aspectos placenteros, dolorosos. que coincide con la
representación del significado de esta descarga.

Freud dice que en este proceso de descarga, sus exteriorizaciones últimas se perciben como sensaciones. Así por ejemplo, la excitación sexual es una representación en fantasía de una relación sexual, de una relación del sí mismo con otra persona, en un encuadre sexual junto a las manifestaciones neurovegetativas, motoras, en la expresión facial, en la función comunicativa y en la experiencia subjetiva, que estarían correlacionadas con esta representación.
 

Tercera teoría. Después de 1926, cuando desarrolló su teoría estructural del aparato tripartito (superyó, yo y ello), nuevamente cambió su teoría sobre afectos
y dijo que los afectos eran: Disposiciones, canales y umbrales de expresión innatos del yo.

1 Corresponde a la parte más teórica de la psicología freudiana. Su contenido está representado por modelos conceptuales lejanos de la experiencia, como por ejemplo, la teoría de la existencia de dos pulsiones.


 

Los afectos aquí son estructuras innatas del yo y no simplemente fenómenos de descarga de las pulsiones.

Entonces, los afectos se fueron separando, cada vez más, de las pulsiones en las ideas de Freud:

Primero: afecto = pulsión.

Segündo afectó es descarga de pulsión.

Tercero; afecto es una disposición constitucional, separada del sistema motivacional. . .

Marjorie Brierley.

Nadie se preocupó de este problema hasta el año 1936, en que Marjorie Brierley, en Inglaterra, observó que no se entendía que en la teoría se hablara de pulsiones y en la práctica clínica sólo de afectos. Nuestra teoría clínica estaba desconectada de nuestra metapsicologfa. Ella lo dijo de una manera muy respetuosa, ya que Freud estaba vivo todavía y era muy difícil confrontarlo con las contradicciones internas de diferentes aspectos de su desarrollo. En cierto sentido es injusto hacer este tipo de críticas a Freud, porque él desarrolló sus ideas nuevas con tal rapidez que muchas veces no tuvo tiempo de revisar todas sus teorías anteriores a la luz de las recientes. Por ejemplo, el desarrollo de la teoría de la agresión implica un cambio fundamental de la teoría sobre psicología de las masas2, pero Freud nunca alcanzó a desarrollar esto.

Brierley planteó que “en lugar de detenerse en la teoría de los instintos debía esperarse que un estudio más profundo de los afectos solucionara algunos de los problemas planteados por los instintos”.

Para ella los afectos son fenómenos de tensión que reflejan una cierta intensidad de los instintos.

Dijo también que los diversos instintos dan lugar a afectos primarios cualitativamente diferentes.

Edith Jacobson.

Recién en 1959, Edith Jacobson, examinó de nuevo este problema desde un punto de vista clínico. Ella describió los afectos en la
situación clínica y planteó:

Que no era cierto, como decía Freud, que los aumentos de tensiones afectivas eran dolorosos, mientras que las descargas eran placenteras. Para ella tanto los aumentos de tensiones como las descargas podían ser placenteras o no placenteras3.

2 Ver Utilización de la Teoría de Relaciones ObJetales en la Psicoterapia de Grupo.

3 Estados de tensión (por ejemplo la excitación sexual) pueden ser placenteros, y estados de descarga (la ansiedad por ejemplo) pueden ser displacenteros.
La función del principio del pIacer-displacer es producir una oscilación óptima entre las polaridades de tensión y alivio, contribuyendo así al principio de la constancia.

Jacobson planteó además, que decir que afectos son sólo descargas es absurdo, porque hay afectos mantenidos, los estados de ánimo, que son diferentes a afectos de expresión repentina, violenta y también porque sabemos que hay disposiciones inconscientes de afectos, que en la práctica significa que lo que está reprimido no son sólo ideas, sino ideas cargadas de afecto4.

Agregó algo más, muy importante:

Los afectos siempre aparecen en el encuadre de una representación de sí mismo o de otra persona. No hay afecto puro, todo afecto tiene un elemento cognitivo de una representación de sí mismo o de una representación de la otra persona.

A esto se puede agregar que en todo afecto hay siempre una relación de objeto, y que la representación indisolublemente unida es el sí mismo relacionado con otra persona (objeto, en terminología psicoanalítica).

Edith Jacobson desarrolló también el tema de las funciones de los afectos en sus relaciones con las estructuras, describiendo por ejemplo el afecto de depresión como regulado por el superyó y también la diferencia entre el superyó primitivo, que regula la autoestimación a través de los afectos de depresión y elación, en contraste con el superyó maduro que regula autoestimación por la autocrítica cognitiva con fluctuaciones mucho menores entre euforia y depresión.
 

TEORÍAS NEUROFISIOLÓGICAS SOBRE AFECTOS

Las teorías neurofisiológicas sobre afectos también sufrieron cambios fundamentales a través de todos estos años.

Teoría periférica del afecto: James y Lange (1884, 1885)

En tiempos de Freud era la teoría dominante. De acuerdo a esta teoría los afectos eran: Estructuras expresivas neurológiças.
Por ejemplo, el llanto, que corresponde a movimientos musculares de desearga de las glándulas lacrimales junto a contracciones de la musculatura del esqueleto, sería interpretado en conjunto como tristeza. Estamos tristes porque lloramos y porque nuestra cara tiene una expresión de tristeza, etc. Esta teoría implicaba, por lo tanto, que afectos eran descargas neurovegetativas, motoras, expresiones faciales, que secundariamente eran interpretadas subjetivamente,

4Jacobson (1957), definió los estados de ánimo como fijaciones temporales de afectos en la totalidad del mundo de relaciones de objeto internalizadas y por un tiempo limitado.

significando algún contenido específico. O sea, los aspectos subjetivos y cognitivos de los afectos derivan de la percepción de los fenómenos de descarga muscular y neurovegetativa.

Hubo experiencias en fisiología, en las que se desconectaban todas las conexiones centrales en animales de experimentación para ver si se podía todavía hablar de afecto o no, y podemos recordar viejos textos de fisiología que hablaban de pseudoafectos de los animales descerebrados, porque no se concebía que pudieran haber afectos sin funciones cerebrales interpretativas superiores.

De modo que la segunda teoría de Freud, de que los afectos son sólo descargas, coincide exactamente con la teoría dominante neurofisiológica de ese tiempo, sin que Freud, hasta donde podemos saber, se haya referido nunca a eso. Tenemos que pensar que Freud, en ese tiempo, estaba haciendo todo lo posible por desligarse de su pasado neurológico.

Hay que aclarar que Freud era un neurólogo de categoría extraordinaria. Su libro sobre afasia se puede leer hoy día y contiene conocimientos esenciales
que todavía son perfectamente aceptados. Mucha de las terminología psicológica de Freud, como el concepto de transferencia, por ejemplo, viene de conceptos neurológicos: la transferencia de impulsos de un sistema a otro, que él utilizó en un plano biológico en su libro sobre las afasias. Lo que estamos diciendo, es que Freud estaba perfectamente al día en teoría neurofisiológica, y es posible que su segunda teoría sobre afectos corresponda simplemente a un ajuste de sus teorías psicoanalíticas, a lo que era la última palabra en neurofisiología. Es una hipótesis.

Teoría centralista del afecto

En 1923, Cannon y Mac Dougall, desarrollaron una nueva teoría, según la cual lo esencial del afecto era ser una:

Experiencia subjetiva, organizadora de todas las percepciones externas en términos de necesidades instintivas básicas, especialmente de alimentación, de lucha-huida y de relación sexual.

O sea, afectos eran experiencias subjetivas, que secundariamente se expresaban y se comunicaban a través de mecanismos neurofisiológicos. Los experimentos correspondientes indicaban que la interpretación de situaciones de peligro producía una descarga de afectos. El aspecto cognitivo, interpretativo, o la experiencia subjetiva de dolor o placer, serían previas a las descargas de afectos.

Esta teoría, que dominó hasta hace 10 ó 15 años, culminó en la concepción de Magda Arnold, una neuropsicóloga norteamericana, que concibió los
afectos como:

Esquemas integrantes de la percepción..del..mundo externo, que asignaban. a estas percepciones una calidad agradable o desagradable, placentera o dolorosa, y qué constituían secundáriamente la motivación para acercarse o alejarse y. evitar lo que era penoso5. .

Esto es la expresión en teoría psicológica de lo que en neurofisiología era la llamada teoría centralista del afecto.

Teoría neuroperiférica del afecto

Es la teoría dominante en este momento, con contribuciones de Tomkins, Paul Ekman, R. Krause. Es una teoría que podría llamarse neuroperiférica pero con un significado muy distinto a la de James y Lange. Según esta teoría, los afectos son:

Antes que nada un sistema de comunicación interpersonal, desarrollado ya en los animales, que llega a una sofisticación extraordinaria en los primates, y a
su culminación en el ser humano.

Esta teoría deriva de la más antigua de las teorías afectivas, que es la de Darwin, quien primero describió, con mucho detalle, los movimientos faciales y expresivos de diversos afectos en animales. Estas teorías retoman las descripciones de afectos como expresiones faciales, pero las interpretan como un sistema de comunicación interpersonal.

Rainer Krause.

Discípulo de Paul Eckman, es quizás uno de los más importantes neurofisiólogos y psicoanalistas alemanes de Saarbrucken. El ha
estudiado en detalle los significados expresivos de cada movimiento afectivo.

Para Krause, afectos son:

Sistemas filogenéticamente más recientes que los sistemas instintivos biológicos básicos, que tienen como función biológica la regulación del contacto con los objetos en función parental, y que actúan a través de una supresión de los comportamientos consumatorios inferiores activados por actos instintivos.
 

5Nosparece interesante apuntar aquí, citando un artículo de Kernberg, “Sexual Excitement and Rage: Building Blocks of the Drives”, del Sigmund Freud House Bulletin, Vol 15/1, que M. Arnoid define las emociones como la tendencia que se siente hacia la acción basada en una evaluación previa. El concepto de Arnold de emoción corresponde a lo que Kemberg prefiere llamar afecto, porque reserva el término emoción para afectos de contenidos cognitivos altamente diferenciados y con componentes psicomotores y/o neurovegetativos suaves o moderados.


Por ejemplo, si el hambre es un acto instintivo dedicado a resolver un desequilibrio de la glicemia por disminución de las reservas alimenticias, el
temor —que es un afecto— puede inhibir el hambre.

La angustia, como afecto, es un sistema más reciente, que también inhibe la regulación más primitiva dada por movimientos instintivos.
 

Entonces, los afectos son estructuras neurofisiológicas y neuropsicológicas, cuyas funciones comunicativas están dadas especialmente por expresiones faciales y corporales, que tienen la función de señal para los objetos parentales o para otros individuos de la misma especie, para que estos objetos tomen actitudes protectoras. Están expresados fisiológicamente por sistemas motores sumamente complejos, y también por la capacidad de establecer u otorgar representaciones innatas a las percepciones de las expresiones faciales de otros objetos. De un modo innato, es posible para un primate o para el ser humano, reconocer el significado de la expresión facial de otra persona.

La teoría de Krause, implica entonces, que los aspectos centrales de los afectos son:

Disposiciones innatas que permiten leer las señales emitidas por otros y expresar en forma representativa el propio afecto activado.
Así, el afecto es simultáneamente señal, representación de la señal y capacidad de lectura de la señal del receptor.
La patología del afecto, dice Krause, consiste esencialmente en fallas o distorsiones en la integración de todo este aparato comunicativo, señalizador, consistentes en una ruptura de la unidad que se establece entre expresión facial, expresión corporal, experiencia subjetiva y representación de la reacción del receptor.
Describiremos un ejemplo práctico, tomado de Krause:

La madre lava al bebé, lo mira en forma cariñosa, lo está jabonando, el bebé está feliz y contento, tiene expresión facial de felicidad. La madre también. El behé tiene una sensación placentera en toda la piel, que va aumentando con la estimulación repetitiva y que se maximaliza cuando la madre le lava los genitales, en ese momento, la madre tiene un gesto automático de disgusto y desagrado. Se produce una discrepancia entre aumento de placer y el rechazo negativo de la figura parental, lo que es sentido por el bebé como un peligro vital, porque mantener señales positivas con las figuras parentales es una función esencial de
 los afectos (su primera función es mantener la orientación hacia figuras parentales protectoras). Se produce una contradicción entre la experiencia subjetiva (“esto  es delicioso”) y la lectura cognitiva (“esto es peligroso”). Esto, repetido suficiente y consistentemente, puede llevar a una extinción de la experiencia placentera de la estimulación genital y a la incapacidad de estímulo erótico y gratificación erótica genital.

Krause ha hecho investigaciones sobre expresiones faciales en diversas enfermedades, y es capaz de hacer diagnósticos diferenciales entre esquizofrenia,
enfermedades psicosomáticas, neurosis sintomáticas, trastornos del carácter, sobre la base del diagnóstico diferencial de desorganización de los padrones
expresivo faciales.

Por ejemplo, en la esquizofrenia hay un borramiento de la expresividad facial de la parte superior de la cara. Es impresionante estudiar todo esto con técnicas de video detalladas, que ilustran los aspectos prácticos de la manifestación de desorganización del componente afectivo en la experiencia de interacción entre el sí mismo y el objeto, los componentes de señalización: lectura de la señal, descarga psicomotora, descarga neurovegetativa y experiencia subjetiva de placer o dolor.
Para subrayar lo esencial de lo que hemos dicho de la teoría contemporánea del afecto, enfatizaríamos que:

Este ya no es una experiencia subjetiva sino que es una experiencia interpersonal.

El ser un sistema de comunicación interpersonal, es su primera función biológica y psicológica. Esto, en contraste con las teorías anteriores, periférica y central, que centraban el afecto dentro del individuo. Aquí lo importante es que en la misma organización de los afectos, entra la interacción afectiva y que si la interacción afectiva no es normal se destruye el sistema afectivo interno.

ORIGEN DEL DESARROLLO DE LOS AFECTOS

Aquí los investigadores más importantes son Izard, Knapp, y especialmente Robert Emde de Denver y Daniel Stern, quien ha escrito un libro sobre el desarrollo temprano de la personalidad, en que está explicitada y resumida su teoría afectiva6. Todos estos autores, con algunas diferencias en sus enfoques, han llegado a conclusiones complementarias.

Están de acuerdo en que hay afectos básicos que aparecen desde los primeros días o primeras semanas de vida.
Tienen un período de desarrollo, no todos lo hacen al mismo tiempo. El afecto tristeza es más lento en desarrollarse que el afecto rabia que aparece prácticamente desde el comienzo de la vida, o el afecto euforia, que también aparece muy tempranamente.
Estos afectos básicos, se combinan después en afectos secundarios o complejos, pero estos últimos pueden reducirse a afectos básicos que son:

 

La rabia, que después origina el enojo, la irritación, el odio.

La elación o euforia, que da origen a la alegría, bíenestar.

El llanto, que da origen a la tristeza.

El miedo, que da origen al temor, a la angustia, al sobresalto.

La reacción de sobresalto, da origen a la sorpresa, interés.

La aversión, que da origen al disgusto, desagrado, asco.

 

6The First Relationship. Camhridge: Harvard Univcrsity Press (1977).

Hay ejemplos de afectos complejos ulteriores, el orgullo, la vergüenza, la culpa, etc. Sabiendo algo de psicopatología y de psicoanálisis, es posible
construir los orígenes de esos afectos.

Es interesante mencionar que ninguno de estos autores hace mención de la excitación sexual. Esta es una limitación de las teorías afectivas, porque no cabe ninguna duda de que ella es un afecto esencial, que si bien es de aparición mucho más gradual que la mayor parte de los otros, hay evidencia de excitación sexual desde el primer año de vida y claramente en el segundo, y aquí quizás pensando como psicoanalistas, diríamos que es interesante que este aspecto esencial de la vida humana sea ignorado por los neurofisiólogos. Esto se ve en forma dramática cuando tratamos de estudiar la psicopatología de la excitación sexual, porque aparte de unos pocos autores franceses, no hay nada más en la literatura. Se tienen estudios puramente fisiológicos, como los de Masters y Johnson, excelentes, pero sólo en un plano puramente conductual, fisiológico, o elaboraciones muy complejas sobre la naturaleza del amor, de los mismos autores, pero no hay prácticamente nada de la parte intermedia, del estudio de la excitación sexual como afecto.

Daniel Stern. Ha estudiado en detalle la relación bebé-madre y desde los primeros días. Ha descrito cómo el bebé es capaz de diferenciar a la madre
desde el primer día de vida, su voz, sus olores, etcétera.

En dos películas hechas por él, en que se ve la imagen de la cara de la madre hablándole a un bebé de pocas semanas, pero en una el sonido de su voz
está atrasado en pocos segundos, puede observarse que el bebé de pocas semanas, pasa mirando a la imagen visual de la madre que está sintonizada con
su voz e ignora a la madre donde el sonido no está integrado. Es decir, a las pocas semanas, ya hay una capacidad en el bebé de integrar la imagen auditiva
con la percepción visual de los movimientos de los labios, cosa que si se trata de hacer con películas dobladas se verá que no es tan fácil, cuando están bien
dobladas.
En otro experimento, ha descrito la capacidad de diferenciar visualmente objetos previamente conocidos para él sólo táctilmente. A un bebé le dan un
cubo en la boca, o una bola bajo condiciones en que no la pueda ver (con ojos vendados), dos figuras completamente distintas que puede sentir pero no ver.
Después se las ponen delante, y el bebé mira al objeto con la forma geométrica que ha tenido en la boca, o sea una transferencia de la percepción sensorial,
de táctil a visual.

Los experimentos son extraordinarios y la conclusión es que hay una capacidad innata de diferenciación del sí mismo del objeto, que se activa en forma
de una capacidad de lectura de las reacciones del objeto y del sí mismo, con un desarrollo en la segunda mitad del primer año de vida de un “self” subjetivo,
de una lectura de experiencias subjetivas placenteras y no placenteras, y de la capacidad de leer las experiencias subjetivas de la madre, placenteras o no
placenteras, es decir el establecimiento de un mundo interpersonal compartido entre niño y madre, en el contexto del cual el niño va aprendiendo a diferenciar al sí mismo de los afectos de la madre. Primero de los afectos en conjunto, lo que después se transforma en una capacidad de interpretación simbólica de la relación afectiva a través de la adquisición del lenguaje.

Ya en la segunda mitad del primer año de vida hay una capacidad de atención compartida hacia otros objetos, una comprensión de intencionalidad y significados mutuos.

En otras palabras, las potencialidades cognitivas y afectivas de los niños, son mucho más desarrolladas que lo que se había pensado anteriormente
 

Robert Emde.

Para Emde, los afectos son los motivos básicos de la actividad del bebé. Ellos tienen una función fundamental en:
La autorregulación, la adaptación al medio social, el aprendjzaje social y la lectura de la reacción ambiental al bebe en la relación con las figuras que lo cuidan.

 

Son la matriz básica en la cual se establecen padrones habituales tanto conductuales como afectivos reflejados en interés, alegría, sorpresa. También tienen una función de inhibidores de la conducta.

La relación materno infantil está motivada por el reconocimiento, la integración y superación de experiencias pasadas traumáticas o placenteras, de modo que hay una capacidad innata que se desarrolla gradualmente de empatía mutua, una construcción de un mundo intersubjetivo, al mismo tiempo que uno diferenciado.
En resumen, la investigación infantil confirma a los afectos como estructuras complejas, cuya función es de comunicación interpersonal, caracterizadas por padrones faciales, psicomotores, neurovegetativos y experiencias subjetivas de placer o dolor.

Existe investigación neurofisiológica que demuestra que la capacidad subjetiva de placer o dolor existe desde el comienzo de la vida, porque los centros diencefálicos en los cuales se centra la interpretación normal de experiencias sensoriales dolorosas y placenteras están maduros y activos (centros diencefálicos e hipotalámicos)

Existe el conocimiento de cuáles son las estructuras mentales que fijan en la memoria las experiencias afectivas: el sistema límbico. La estimulación del sistema de la corteza límbica activa no sólo memoria cognitiva sino también memoria afectiva, demostrando que afectos no son sólo fenómenos de descarga.
Además, hay estudios que demuestran que hay experiencia subjetiva que precede la expresión de señal, por ejemplo de dolor. Esto se demuestra en experimentos complejos en que se induce dolor discreto en un bebé que está durmiendo y se estudia el ritmo del movimiento del corazón y se observa taquicardia precediendo la expresión del afecto de llanto. Hay una serie de experimentos de Sroufe que muestran la interpretación de la situación, precediendo a la activación del afecto total.

En cierto sentido, la concepción moderna de afecto no está en contradicción con la teoría central del afecto que mencionamos antes.