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Cuando, en 1942, Walter Langer recibió el encargo de psicoanalizar a Hitler no pensó que pudiera culminarlo con éxito. La tarea era fascinante, pero tremendamente compleja. Hoy se considera a este psiquiatra el padre de una disciplina que, no exenta de polémica, ha perdurado desde entonces

Fèlix Badia. 9 de Octubre 2016. La Vanguardia

Walter Langer murió en 1981 pensando que podía haber impedido la Segunda Guerra Mundial. Él solo. Y es posible que no le faltara razón, aunque no era ni militar, ni político, ni espía; en realidad, a primeros de los años cuarenta era considerado uno de los más prestigiosos psicoanalistas estadounidenses. La misión secreta que le fue encomendada a finales de 1942 estaba a la altura de ese prestigio: elaborar un perfil psicológico de Adolf Hitler que sirviera para prever su comportamiento y sus decisiones. Casi nada.

Un encargo de estas características habría sido visto como un caramelo para cualquier especialista. Sin embargo, la investigación encerraba unas dificultades enormes y el tiempo apremiaba. Cuando Langer (Boston, 1899), recibió el encargo de la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS en sus siglas en inglés, la antecesora de la CIA) de psicoanalizar a Hitler, el primer problema era que el Führer no estaba precisamente disponible para tumbarlo en un diván.

 
Ernst Hanfstaengl, ferviente nazi de primera hora, abandon�³ el partido y Alemania tras su pugna con el ministro de propaganda Joseph Goebbels que estuvo a punto de costarle la vida.

Ernst Hanfstaengl, ferviente nazi de primera hora, abandonó el partido y Alemania tras su pugna con el ministro de propaganda Joseph Goebbels que estuvo a punto de costarle la vida. (Getty Images)

Así que la única solución era acudir a fuentes indirectas. Por una parte analizó unas 11.000 páginas de textos, artículos y discursos del líder nazi, y, por otra, reunió a un grupo dispar de personas que lo habían conocido antes de la guerra y que podían proporcionar información útil para el trabajo: Ernst Hanfstaengl, un antiguo nacionalsocialista de primera hora después caído en desgracia y exiliado en Estados Unidos; la princesa Stephanie von Hohenlohe, una espía alemana bajo custodia norteamericana; Friedlinde Wagner, hija del compositor y, cosas de la vida, ferviente activista antinazi, y Eduard Bloch, un judío que había sido médico de la familia Hitler durante la infancia del dictador y que, como tantos otros, había huido camino de Estados Unidos.

El médico analizó unas 11.000 páginas de textos y discursos del líder nazi y acertó en muchas de sus previsiones

A partir de esas fuentes, Langer y su equipo empezaron a completar el puzzle de una de las mentes más terribles, pero también más fascinantes, del siglo XX. Los traumas infantiles motivados por la desatención de su padre y la sobreprotección de su madre, su extraña sexualidad –o asexualidad–, su insana relación con su sobrina Geli Raubal, quien, según la versión oficial, se suicidó a los 23 años, y sobre la cual se ha especulado con una posible relación sentimental con el Führer… Todos esos fragmentos tejían una compleja y problemática personalidad, que, en cierta forma, argumentaba Langer, se compensaba con una imagen pública de fortaleza incontestable.

Geli Raubal, la sobrina de Hitler, contempla a su tÃ?­o mientras este descansa. La relaciÃ?³n entre ambos, y la muerte de ella, han dado lugar a muchas especulaciones
 

Geli Raubal, la sobrina de Hitler, contempla a su tío mientras este descansa. La relación entre ambos, y la muerte de ella, han dado lugar a muchas especulaciones (Getty Images)

Apremiado por sus superiores, entre ellos el máximo responsable de la OSS, Bill Donovan, el psiquiatra terminó el estudio en 1943. ¿El diagnóstico? El sujeto era, en palabras del propio Langer, “un psicópata neurótico”, una conclusión que hoy, más de 70 años después de la guerra parece obvia, pero que tal vez en aquellos momentos no lo fuera tanto. El capítulo más importante del estudio era el último: “Probable comportamiento de Hitler en el futuro”. El más importante, pero también el más sorprendente, porque, a pesar de las dificultades con que se desarrolló el trabajo y de la inexactitud inherente a una disciplina como la psiquiatría, muchas de las previsiones de Langer acertaron.

La CIA llegó a crear una unidad especializada en los perfiles psicológicos de los líderes mundiales

El estudio señalaba que los rasgos neuróticos de la mentalidad de Hitler se incrementarían con cada derrota, como en realidad, según los testimonios de la época, sucedió. El informe añadía que el Führer terminaría suicidándose. En unas líneas que hoy se podrían calificar de proféticas, Langer señalaba que “en cualquier caso, sus condiciones mentales continuarán deteriorándose”. “Luchará mientras pueda –continuaba– con cualquier arma o técnica a la que tenga acceso. La trayectoria que seguirá será, casi con total seguridad, la única que le parezca el camino más seguro hacia la inmortalidad y, que al mismo tiempo hunda al mundo en llamas”. Un vaticinio que anticipaba la imagen de los tanques del mariscal Zhukov aplastando Berlín dos años después.

Eduard Bloch, mÃ?©dico de la familia Hitler en su infancia. Tuvo que exiliarse a Estados Unidos por ser judÃ?­o. Al parecer, el FÃ?¼hrer le protegiÃ?³ y facilitÃ?³ su huida.

Eduard Bloch, médico de la familia Hitler en su infancia. Tuvo que exiliarse a Estados Unidos por ser judío. Al parecer, el Führer le protegió y facilitó su huida. (Getty Images)

Es muy difícil saber el impacto que tuvo el informe en la estrategia de los aliados, y, de hecho, se desconoce hasta qué nivel jerárquico se tuvo noticia de sus resultados. Con todo, después de la guerra, los servicios de inteligencia estadounidenses dieron continuidad a las técnicas utilizadas por Langer, y la elaboración de perfiles psicológicos de líderes mundiales siguiendo sus pautas fue común en los años cincuenta y sesenta, e incluso, en los años setenta, la CIA creó una unidad especializada en este tipo de investigación, cuyos resultados hoy se mantienen en secreto.

En esta línea, se elaboraron informes psicológicos, entre otros, del líder soviético Nikita Kruschev (que tuvieron gran influencia en la estrategia del presidente Kennedy); los del líder israelí Menahem Begin y del egipcio Anuar el Sadat, a los que Jimmy Carter otorgó gran valor durante la negociación de los acuerdos de paz de 1978 en Camp David; y, por supuesto, el de Saddam Hussein.

Stephanie von Hohenlohe, pertenecÃ?­a a la aristocracia austriaca, fue acusada de espÃ?­a pronazi durante la guerra en Estados Unidos y terminÃ?³ colaborando con la OSS.

Stephanie von Hohenlohe, pertenecía a la aristocracia austriaca, fue acusada de espía pronazi durante la guerra en Estados Unidos y terminó colaborando con la OSS. (Getty Images)

Pero, a pesar de ello y aunque el enfoque de estas técnicas ha variado con el tiempo, su utilidad nunca ha dejado de estar cuestionada. “Los expertos son mejores en la previsión del comportamiento (de un líder) que un chimpancé con los ojos vendados, es cierto, pero la diferencia no es tan grande como podría esperarse”, señalaba hace unos años a The New York Times el psicológo de la Universidad de Pensilvania, Philip Tetlock, que ha trabajado también en este campo. A su juicio, este tipo de perfiles se elaboran normalmente de forma precipitada, en paralelo al incremento de la amenaza que supone un líder hostil.

A pesar de las dudas iniciales, Langer sí que acabó creyendo en el potencial de sus técnicas. Su estudio sobre Hitler se mantuvo en secreto hasta principios de los años setenta, momento en que se publicó y se convirtió en un best seller. En su prólogo señalaba: “Puede que sea ingenuo en materia diplomática, pero me gusta pensar que si este estudio sobre Hitler se hubiera hecho años antes, en un momento de menos tensión, y con la posibilidad de obtener más información de primera mano, no se habría producido un Munich”, los acuerdos de 1938 por los que las potencias europeas cedieron a Alemania parte de Checoslovaquia, y que fueron la antesala de la Segunda Guerra Mundial.

Friedlinde Wagner, nieta del c�©lebre compositor alem�¡n, fue, a diferencia de su familia, una activista antinazi.

Friedlinde Wagner, nieta del célebre compositor alemán, fue, a diferencia de su familia, una activista antinazi. (Getty Images)