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Luigi Zoja (Varese, 1943) es un analista junguiano que trabajó en Nueva York después del 11S, y un destacado intelectual italiano que analiza los...

Diario de Mallorca. Diario Online. 29 de Abril 2017

  –Para que se haga cargo del tipo de entrevista: "¿El sueño de todo psicoanalista es analizar a Woody Allen?"
–Para mí sería peligroso, porque Woody Allen ya comercializa el psicoanálisis desde hace décadas. A veces empleo la frase de una de sus películas para ilustrar la paranoia, "también los paranoicos tienen enemigos reales". Es muy provocadora.

–Hay paranoicos que son realmente perseguidos.
–Exactamente. Trabajé en Nueva York tras el derrumbe de las Torres Gemelas. Los buenos ciudadanos norteamericanos que obedecieron a los altavoces y se quedaron en sus pisos, corrieron peor suerte que el contingente de latinos que se volvió más paranoico. Desobedecieron, se pusieron a correr y sobrevivieron. También salvaron la vida aquellos judíos un poco paranoicos que desconfiaron del nazismo y se marcharon de Alemania.

–El presidente de Intel tituló su autobiografía ´Solo los paranoicos sobreviven´.
–He leído algunos capítulos. Hablaba de un entorno de altos cargos, extremadamente competitivo y frágil. En la economía digital de Silicon Valley, todo cambia con una aceleración inusitada. Se gana mucha plata, pero es una riqueza virtual, que desaparece a la misma velocidad.

–¿Le bastará con esta entrevista para diagnosticarme la paranoia?
–No creo, para un diagnóstico hay que conocer bien a la persona. En cambio, una entrevista sería suficiente con Hitler o Stalin, porque tienen rasgos paranoicos bastante acusados y evidentes. Estos tiranos representan la paranoia hard, frente a la soft de la prensa amarilla.

–¿Por qué el pueblo más culto del universo siguió dócilmente a Hitler?
–En situaciones de extrema gravedad, la paranoia se difunde más. Alemania afrontaba los desastres de los pagos a vencedores, y de la inflación desbocada de la república de Weimar. La economía se derrumbó. Hoy, la paranoia general crece desproporcionadamente por el miedo a ataques terroristas.

–Usted quiso curar a los neoyorquinos del 11S.
–Bah, me quedé solo dos años, y la mayoría de mis pacientes eran italianos. En las costas Este y Oeste había mucho menos miedo. Los verdaderamente paranoicos eran los Estados del interior, donde había menos riesgo de ataques y menos inmigrantes islámicos. También en la Alemania de hoy, la paranoia y los movimientos racistas se concentran en la antigua República Democrática, donde existe la herencia de un Estado policial basado en la sospecha. La ignorancia exagera el peligro.

–¿Qué le asusta?
–La estupidez humana, la falta de sentido común, la intolerancia contra inmigrantes a quienes hemos llamado.

–Su ´Nacer no basta´ es un gran programa vital.
–La psique es un iceberg, del que solo controlamos la décima parte que aflora sobre el agua. Aunque el inconsciente abarca la mayor proporción, la Iglesia habla de libre albedrío. Tenemos la posibilidad de elegir. Por tanto, yo soy también responsable del mal, sin chivos expiatorios.

–¿Tenemos demasiadas cosas que hacer?
–Sí, claramente. La presión y la competición se han disparado. Todo es más rápido, y resulta difícil profundizar en un tema. De modo que crece la posibilidad de difundir mensajes simplificados y paranoicos. Por ejemplo, se multiplica con imaginación paranoica el porcentaje real de inmigrantes, los chivos expiatorios.

-¿La violencia es un monopolio masculino?
–Sí, en parte por razones fisiológicas y culturales. Tengo libros sobre la figura del padre.

–¿Por qué se habla de la anorexia cuando el problema es la obesidad?
–Porque pensamos en la anorexia como algo menos natural, y hay más casos de muerte entre las anoréxicas radicales. La persona bulímica queda personalmente integrada pese a problemas físicos. Se ha invertido la regla de los ricos obesos y los pobres esqueléticos.

–¿Nos preocupan más los animales que los seres humanos?
–Tengo una hija totalmente vegetariana, y es difícil cenar con ella. Aunque puede ser una nueva forma de intolerancia, la extensión de la empatía con todas las formas de vida propia de las religiones orientales me parece positiva, frente al excesivo antropocentrismo de Occidente y de la religión cristiana. Trato de incorporar las "utopías minimalistas", como la atención al medio ambiente, a la vida animal, a la polución. Sin ser extremista.

–¿Podríamos empezar desde cero?
–No, siempre somos hijos de nuestra cultura, nuestra generación, nuestros padres y nuestras experiencias. Aún así tenemos un margen para elegir con libertad entre diferentes opciones, y nuestra obligación moral es emplearlo. El psicoanálisis no es un acto clínico, sino ético.

 

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