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Los jóvenes tienden a pensar que viajar solos significa no seguir ninguna ley. Sin embargo, los expertos advierten que no estar bajo la supervisión de un adulto es una gran responsabilidad porque de ellos dependerá que las vacaciones estén exentas de problemas.

AMALIA TORRES. El Mercurio

Los jóvenes tienden a pensar que viajar solos significa no seguir ninguna ley.
 

Sin embargo, los expertos advierten que no estar bajo la supervisión de un adulto es una gran responsabilidad porque de ellos dependerá que las vacaciones estén exentas de problemas.                                          

 

 

 

 

Para que los padres no se queden con el corazón en un hilo mientras su hijo adolescente se aventura lejos de casa, los especialistas entregan aquí pautas para saber si es suficientemente responsable para partir solo.

 

 

Un "no" tajante.

Ésa es la única respuesta posible que tiene Doris Saavedra para sus hijas, mellizas de 17 años, si llegaran a pedirle permiso para salir de vacaciones sin ningún adulto que las vigile.

 

 

Una negativa implacable que tiene una única explicación: "Sé cómo las he criado, pero sin un apoderado, los jóvenes se vuelven alocados y es mejor protegerlos.

Por suerte ellas no me lo han pedido todavía".

 

 

Sin embargo, muchos padres se enfrentarán por primera vez en estas vacaciones con la disyuntiva de si es o no recomendable dejar que sus hijos salgan a veranear solos o con un grupo de amigos.

 

 

Varios se angustiarán por la posibilidad de que el joven sufra algún accidente por efecto del alcohol desmedido o la falta de precauciones.

Y de hecho, pueden tener algo de razón.

 

"Entre los 16 y los 18 años no se autorregulan completamente.


El joven, a esa edad, tiene conductas impulsivas y de riesgo, pero también depende de la crianza que se le haya dado.

Por eso, la mayoría de las veces, los miedos de los padres están sobredimensionados", reconoce la sicóloga infanto-juvenil Oriana Valverde.

 

 

Experiencias riesgosas

 

 

Por otro lado, a pesar del temor de los adultos, independizarse de los padres en la adolescencia es clave porque, como explica Fabio Sáenz, sicólogo del centro de salud adolescente Ser Joven, "hay papás muy poco permisivos que quieren decidir por los hijos y los privan de la capacidad de hacerse cargo de sus decisiones, cosa que es fundamental".

 

 

Desde los 15 años que Claudio (19) sale de vacaciones con amigos y desde entonces que no comparte ni siquiera una semana en la playa con su familia.

Para él el verano es sagrado y los amigos tienen la exclusividad de su compañía durante esos meses.

 

 

No importa si va en grupo a la casa que le prestó algún conocido o parte a mochilear al sur, sus vacaciones son siempre muy parecidas: mucho alcohol, poco dinero e incluso una que otra pelea con fracturas incluidas.

 

 

Por suerte no todos los jóvenes buscan ese tipo de experiencias.

 

 

Para saber cuál es la idea de "veraneo" que tiene un adolescente, los expertos recomiendan más que establecer un límite de edad para dejarlo partir, fijarse en ciertas conductas.

 

 

Lo primero es conocer al grupo de amigos con que saldrá de vacaciones.

 

 

La idea es tener claro qué tipo de jóvenes son y qué les gusta hacer en conjunto.

La sicóloga Valverde incluso recomienda invitar a los más cercanos a las vacaciones familiares para conocer más a los pares y al propio hijo.

 

 

"A veces en la casa los niños parecen ángeles y con los amigos son unos diablitos.

La idea es que el grupo sea un sano refugio de contención y no de destrucción", puntualiza.

 

 

Los amigos de Cristián González eran los mismos desde su niñez y por eso sus padres no dudaron en dejarlo partir a Santo Domingo cuando recién estaba en primero medio.

No se equivocaron: "Lo pasamos súper bien, pero más que carretear, escuchábamos música y jugábamos póker.

Esos eran nuestros intereses, no como otros compañeros que no comían para comprarse copete.

Nosotros sabíamos que no podíamos decepcionar a nuestros padres", admite.

 

 

Los sicólogos también son claros en subrayar que es recomendable haber dejado salir al hijo con anterioridad y por tiempos más cortos, para saber cómo se comporta fuera del hogar.

 

 

"Si ha ido a la playa antes y ha tenido buenos reportes de los otros padres, es un proceso, pequeños escalones que se ha ido ganando", sentencia la sicóloga.

 

 

"Además, es básico fijarse cómo responde a otro tipo de responsabilidades.

Por ejemplo, si le dicen que llegue a una hora y la cumple, es una buena señal.

También fijarse si se autorregula con el dinero", dice Fabio Sáenz.

 

 

Eso Romina lo tiene claro; lo aprendió en sus primeras vacaciones.

A los 15 años fue por un mes a La Serena con su mejor amiga y vivió en carne propia el mal manejo económico.

 

 

"Al principio teníamos plata para comprar lo que quisiéramos, pero la última semana apenas nos alcanzó para tomar micro.

Además, tuvimos que aprender a cocinar y nos mantuvimos a puro arroz".

 

 

Sin embargo, al año siguiente, Romina ya tenía aprendida la lección y supo hacer rendir el dinero todas las vacaciones, las que también compartió con amigos.

"Si uno no atina a ahorrar se muere de hambre y esa no es la idea de pasarlo bien", explica.

 

 

Pero aunque los hijos y sus amigos sean maduros, es normal que algunos padres queden nerviosos con su partida.

 

 

En ese caso es recomendable que les pidan que llamen cada cierto número de días para saber que están bien, e incluso facilitarles un celular, por ejemplo, para hacer más sencilla la comunicación.

Pero ojo, siempre explicándoles que con esto los papás no buscan controlarlos, sólo poder dormir tranquilos.

 

 

Hermanos menores

 

 

No es igual para todos.

Así de simple.

 

 

Francisca (15) estaba segura de que la dejarían irse a la Sexta Región con sus amigas.

Mal que mal, cuando su hermana mayor tenía su edad, nadie se opuso para que fuera al norte.

Pero su historia fue diferente.

 

 

Su papá le negó el permiso porque llevaba los últimos siete días llegando pasadas las 5 de la mañana.

Y ni los alegatos ni el enojo de Francisca lo hicieron cambiar de opinión.

 

 

Es que, según explica el sicólogo juvenil Héctor Suárez, la madurez y la responsabilidad del joven pautearán el cuándo dejarlo ir.

Pero la idea no es sólo negarles la autorización.

Es fundamental explicarles el motivo de ello para que puedan cambiar, porque los más chicos, en general, están muy pendientes de los permisos que reciben los mayores, pero no racionalizan cómo era su hermano a su misma edad.