Síguenos en

Conferencia El objetivo de la cura fue una problemática que Bleger tuvo siempre presente en sus fundamentos; pensemos que el último trabajo póstumo, el que no alcanzó a presentar y sí a escribir, justamente estaba referido a la problemática de los objetivos del psicoanálisis de la cura y debía ser presentado en un Congreso Latinoamericano.

Mariano Dunayevich.

Criterios de curación y objetivos terapéuticos en el psicoanálisis Obra de Bleger

ASOCIACIÓN ESCUELA ARGENTINA DE PSICOTERAPIA PARA GRADUADOS

 

 

El objetivo de la cura fue una problemática que Bleger tuvo siempre presente en sus fundamentos; pensemos que el último trabajo póstumo, el que no alcanzó a presentar y sí a escribir, justamente estaba referido a la problemática de los objetivos del psicoanálisis de la cura y debía ser presentado en un Congreso Latinoamericano.

 

 

Bleger estuvo siempre preocupado por tratar de encontrar índices referenciales, índices clínicos, que permitieran al analista ir observando los fenómenos del desarrollo, del proceso psicoanalítico y las posibilidades de enfrentar a lo largo del análisis y después del mismo los resultados.

Es decir que la evaluación y la corrección del método estaban estrechamente ligadas a su concepto del análisis como técnica terapéutica.

 

 

En ese sentido es uno de los postulados del psicoanálisis, en relación con la obra freudiana como método terapéutico y fundamentalmente como método de investigación.

 

 

Bleger decía que justamente el criterio de curación en psicoanálisis excede el criterio médico de curación, que es el que se tiene habitualmente en medicina, pues en ésta se trata de resolver una cierta patología, una cierta enfermedad, tratando que deje de afectar al individuo; pero en todo caso la curación en medicina no implica un proyecto de cambio, de maduración o de progreso del mismo individuo, cosa que sí ocurre en el psicoanálisis.

A esta problemática Bleger la llamó el criterio mayéutico, como el criterio de crecimiento del individuo en relación con el proceso terapéutico.

 

 

Entonces, en primera instancia, podemos entender el proceso de la cura como un proceso de crecimiento.

¿Proceso de crecimiento en qué sentido? El proceso de crecimiento sería, por un lado, de todos aquellos aspectos de la personalidad que no se han podido desarrollar a lo largo de la vida del individuo y que se manifiestan por distintos grados de sufrimiento, que en última instancia son los sufrimientos de la detención del desarrollo o del impedimento del desarrollo, y decíamos que se pueden visualizar como limitaciones del yo.

Entonces, en ese sentido, podríamos pensar que estos objetivos no difieren de alguna de las metas que postuló Freud a lo largo de su obra.

Incluso en uno de sus últimos artículos, "Análisis terminable e interminable", hablaba de que la tarea del psicoanálisis es justamente liberar al individuo de las limitaciones del yo y de los sufrimientos que habría podido tener a lo largo de la infancia impedida.

 

 

Uno de los rasgos que quizá Bleger enfatizó con mayor interés, tiene que ver entonces con lo que podríamos llamar el trabajo sobre rigideces del yo.

 

 

Así, uno de los índices importantes para el estudio del proceso del yo en la curación pasa por el par permeabilidad versus rigidez.

Y otro de los índices que podríamos pensar frente a esta problemática del desarrollo yoico se relaciona con las ansiedades: la posibilidad de ir transformando ansiedades ligadas más a situaciones traumáticas, a situaciones invasoras del yo, por ansiedad ligada a ansiedad señal, es decir, ansiedad preparatoria en la instrumentación del yo para enfrentarse con los cambios y la realidad. 

 

 

En síntesis, diríamos que la problemática del crecimiento es una posibilidad de desarrollo de nuevas conductas.

La posibilidad de una mayor libertad en el yo es la capacidad para elegir distintos repertorios posibles de conductas que están  estrechamente ligados a resolver las restricciones del yo, en cuanto a las estereotipias y a la inmovilidad.

 

 

Ahora quisiera referirme, aunque sea sucintamente, a algo que todos ustedes conocen en la obra de Bleger: el concepto de simbiosis.

Éste es un concepto clave en su obra, es un concepto que posibilitó el desarrollo de sus teorías, e incluso tiene implicancias teóricas y técnicas en el transcurso del tratamiento.

Bleger hablaba de que la relación del sujeto con el objeto es al comienzo una relación indiscriminada, global, que pasa por algo que él llamaba estructura sinsicial, y manifestación de esa estructura sinsicial es la relación materno infantil, donde no hay discriminación del sujeto ni del objeto, ni de la realidad, ni del mundo interno.

Uno de los remanentes de esa estructura sinsicial sería lo que él llamó el yo sincrético en el yo más desarrollado.

 

 

El yo sincrético sería una especie de remanente de la primitiva organización indiferenciada que quedaba, a lo largo del desarrollo de todo ser humano, como una estructura que lo acompaña, y la evolución de esa estructura sincrética hacia el grado de mayor discriminación y conocimiento por parte del yo, depende de las distintas relaciones objetales de la realidad, del cuerpo y de la mente, de sentimientos, de sensaciones.

 

 

Podemos correlacionar esta estructura indiferenciada del yo sincrético con un conjunto que englobaría al superyó, el ello y el yo inconsciente; entonces, de acuerdo a cómo vaya evolucionando ese yo sincrético, y al grado de separación que se tiene entre la parte indiferenciada y una parte más evolucionada de la personalidad, se establece una zona de separación que Bleger llamaba zona de clivaje.

Esta zona de clivaje justamente es sometida a cambios o a pruebas en momentos de crisis, especialmente de crisis vitales.

Bleger consideraba como de importancia fundamental que se pudieran producir esas crisis vitales y que las mismas tuvieran un desarrollo y una evolución.

Lo que quedaba entonces de la personalidad en esa zona no discriminada, no diferenciada como remanente, es lo que él denominó la parte psicótica de la personalidad; y lo que quedaba en la zona más discriminada, más cercana a la percepción en la conciencia, lo llamó parte neurótica de la personalidad. 

 

 

La parte neurótica de la personalidad correspondería a todos aquellos aspectos que se manejan con las defensas que conocemos habitualmente como represión, y que fundamentalmente están relacionadas con las estructuras neuróticas.

Me refiero a la defensa fóbica, la histeria, las defensas obsesivas y las defensas paranoides.

Mientras que, en la parte psicótica de la personalidad, esa estructura indiferenciada tendría que ver con patologías que van hacia el lado de la melancolía y la manía, los trastornos del carácter, psicopatía, drogadicción y, por supuesto, con el grado máximo de la patología de la parte psicótica de la personalidad: la psicosis.

 

 

El aporte de Bleger al desarrollo de la personalidad y, por lo tanto, a las posibles patologías de ese desarrollo, y a la evolución en la terapéutica de esas patologías, se centra en los distintos niveles en que la parte psicótica de la personalidad involucra en mayor o menor grado la personalidad del sujeto.

 

 

Diremos, además, que Bleger consideraba que para la posibilidad de elaboración de la parte psicótica de la personalidad era fundamental que esta estructura estuviera inmovilizada, en una adecuada relación materno infantil, de grado constante y suficientemente segura como para que el bebé pudiera ir creciendo de forma paulatina, en contacto con la madre, y dejando en ella todos aquellos aspectos incapaces de ser elaborados por la inmadurez del aparato mental.

 

 

De cualquier manera, el remanente que queda de esa parte psicótica, una vez que el individuo ha podido resolver las distintas etapas de su desarrollo con las crisis incluidas, queda siempre de algún modo ubicada en contexto de inmovilidad.

Creo que éste es un concepto muy importante, porque nos permite entender todo el desarrollo teórico y técnico de la problemática del encuadre.

Por ejemplo, el estudio de las instituciones y la patología institucional realizado por Bleger.

Algunos de estos aportes son absolutamente originales, y otros son desarrollos de algunos otros conocimientos como la problemática institucional, pero de cualquier manera, creo que la posición teórica de Bleger nos permite entender cierto tipo de patología que depende mucho más de la inmovilidad y del no cambio que del cambio.

Por eso él se ocupó específicamente de los problemas del encuadre, no del encuadre cuando se mantiene, sino cuando se rompe; es decir, cuando se rompe aquella estructura que sostiene la parte psicótica indiferenciada de la personalidad.

 

 

Lo mismo sucede, por ejemplo, con las situaciones institucionales e individuales cuando la institución, que vendría a ser la depositaria de estos aspectos más indiscriminados y primitivos, tiene momentos de crisis, por los cuales deja de contener dichos aspectos.

Los componentes de la institución sufren las patologías correspondientes a la invasión, por así llamarlo, de los aspectos indiscriminados depositados en las zonas más indiferenciadas de la institución y de cada individuo componente.

 

 

Una de las maneras con que Bleger conceptualizaba la inmovilización en el propio sujeto de esta parte psicótica de la personalidad está relacionada, precisamente, con la formación del carácter.

Él decía que el carácter es la forma natural con que se inmovilizan, se consolidan distintos tipos de defensas, no solamente neuróticas, sino también defensas de esta estructura psicótica de la personalidad que quedan de esta forma controladas en el individuo.

Y otro de los elementos que él incluía en la inmovilización de estos aspectos psicóticos, estaría en relación con el cuerpo y sus representaciones.

 

 

Bleger hablaba del cuerpo como un elemento buffer, así lo llamaba.

 

 

Un elemento intermediario entre la problemática de la parte neurótica y la de la parte psicótica, y decía que mucha de la patología que consideramos patología corporal tenía que ver justamente con la movilización de estos núcleos psicóticos que en la imposibilidad de ser discriminados, clivados o ubicados en un contexto de seguridad, eran manejados corporalmente por el sujeto, con la consiguiente patología.

 

 

Ahora quisiera referirme a estas estructuras patológicas del carácter, a las organizaciones de carácter agrupadas en los trastornos caracterológicos, que en función de la organización e inmovilización de la parte psicótica de la personalidad Bleger las definió como estructuras fácticas, estructuras de carácter "como si" ("as if") y estructuras psicopáticas y perversas.

 

 

Las estructuras fácticas son estructuras caracterológicas que se muestran con una extrema rigidez, una gran dificultad para la abstracción, una extrema dependencia de los objetos externos, un relato pormenorizado de sucesos y aconteceres reales y un difícil contacto con abstracciones y simbolismos.

 

 

Creo que todos tenemos la experiencia de determinado tipo de pacientes que transcurren en la sesión con relatos, por ejemplo, de hechos, sucesos, aconteceres, y nos da la impresión de que es muy difícil para nosotros, como terapeutas, poder encontrar un segundo significado, es como si hubiera un solo significado, una sola presentación, digamos, y no existiera un espacio simbólico más allá del cual se jugara una significación latente.

 

 

Éstos son los grados extremos de este tipo de estructuración, la llamada estructura de personalidad fáctica. 

 

 

Bleger hablaba también de otros dos tipos de organización, uno que estaría relacionado con lo que se llamaría el maniqueísmo, que es la polarización extrema de significaciones opuestas en el carácter; y el otro, con una sola significación, plasmada en el carácter, no con alternancia de polaridad, sino con un solo sentido, sería lo que se llama personalidad autoritaria, que funcionaría como la consolidación en un solo polo de esta estructura sincrética, indiscriminada, donde se mantiene al servicio del sostén de la parte psicótica de la personalidad una estructura muy rígida y muy unívoca.

 

 

La polaridad no es cuestionada.

Simplemente habría que considerarla desde la personalidad que estudiaron Adorno, Horkheimer, los sociólogos alemanes, donde las opiniones son como leyes.

Si no se cuestionan las ideas y las opiniones, hay una organización de estos pensamientos.

Lamentablemente tenemos bastantes ejemplos en nuestra realidad de este tipo de personalidad, que vendría a ser casi lo opuesto de una personalidad científica, que es flexible, no rígida, no autoritaria y que, en todo caso, se pregunta y se cuestiona los significados de los pensamientos, de las ideas y los hechos que promueven esos pensamientos.

 

 

La tercera organización a la cual quería referirme es, dentro de las estructuras de carácter, lo que se llama la personalidad "como si", que es una estructura muy lábil, muy móvil, a la cual se la puede ver por ejemplo como un trastorno de identidad basado en una identificación inmediata, primaria y una suerte de incorporación oral, sin verdadera identificación, sería más una introyección que una identificación.

Éste es el prototipo de la personalidad "como si", que es también otra patología de la parte psicótica de la personalidad en el carácter.

 

 

Otro de los aportes de Bleger a las estructuras de la personalidad se relaciona con el desarrollo de la personalidad a partir de la psicopatía.

Él consideraba a la psicopatía como una estructura de personalidad que jugaba en una realidad lo que no había podido jugar en el desarrollo emocional, por déficit de una relación simbiótica adecuada con la madre. 

 

 

Al considerar a la psicopatía como una patología del desarrollo, como una patología de un déficit de una adecuada simbiosis e inmovilización de la parte psicótica de la personalidad y como un intento de ubicar en el depositario, es decir, en el medio externo, en el objeto, real, externo, parte de la problemática que el self del sujeto no puede manejar, comprendemos terapéuticamente lo que el individuo necesita en el análisis, no necesariamente hablo de una organización psicopática, de entrada monolítica y muy estructurada, porque éste es un caso que prácticamente está muy cercano a la psicosis, sino de las defensas, rasgos y conductas psicopáticas, que acompañan a otras estructuras caracterológicas.

Una posibilidad del abordaje terapéutico de la psicopatía consiste entonces en ofrecer una estructura suficientemente estable, no rígida y comprensiva de los grados de ansiedad y de déficit yoico.

Así la parte psicótica, separada de otras áreas más maduras de la personalidad y ubicada en este caso en un terapeuta, puede ser devuelta gradual y discriminadamente para que el sujeto pueda alternar otro modelo de funcionamiento mental.

 

 

Éste es todo un proyecto terapéutico y todo un criterio psicogenético muy distinto al de considerar la psicopatía como una técnica de la envidia al servicio del ataque y la destrucción del objeto.

Lo que no quiere decir que el sujeto que soporta esta patología no padezca de envidia, sino que no se le da a este elemento el valor genético causalista, tal como lo haría Rosenfeld, como representante de ciertos autores de la corriente kleiniana.

 

 

Es decir que Bleger fue un autor que jerarquizó de una manera muy especial la importancia del objeto externo en el desarrollo armónico de la maduración y en los criterios de salud mental. 

 

 

En la relación terapéutica, que es la problemática que estamos tratando, el terapeuta, gracias a la posibilidad de ofrecerse como depositario de esa parte psicótica de la personalidad en la cual el sujeto es capaz de dejar inmovilizado el aspecto invasor de su yo, por un lado, y gracias a la relación transferencial que le permite al mismo sujeto revivir, repetir y recordar situaciones infantiles, por otro lado, da curso a la discriminación de la parte psicótica clivada y depositada en él.

De aquí se desprende otro de los conceptos importantes en la obra de Bleger: en el trípode de depositación, transferencia e insight, es decir, a través del enlace con el conocimiento, a través de las palabras y el contacto emocional y la interpretación, se posibilita ir madurando y desarrollando cierto tipo de discriminaciones en áreas que no habían tenido la oportunidad de madurar o progresar a lo largo de las experiencias vitales.

 

 

En este punto quiero abordar el tema de las crisis vitales.

 

 

Bleger hablaba de la necesidad del pasaje por las distintas crisis vitales y de los distintos gestos de desarrollo del sujeto a través de las diferentes y posibles evoluciones de esas crisis.

Por ejemplo, le daba mucha importancia a la crisis de la adolescencia.

Según cómo se hubiera hecho la crisis de la adolescencia, según cómo se hubiera cursado la ruptura, digámoslo así, de toda la inmovilización de la etapa anterior, de la latencia, y la posibilidad justamente de cuestionamiento, de ruptura con el medio familiar, el  ingreso a la madurez o la adultez era distinto.

 

 

Otra de las cosas que Bleger jerarquizaba es la organización de la dependencia: los grados de dependencia simbiótica, los grados de dependencia infantil y los grados de dependencia adulta que el sujeto tiene con el terapeuta en la relación analítica.

Aquí hay tres niveles importantes, distintos clínicamente, que son abordables de diferente manera.

Si coincidimos en que la dependencia simbiótica es una de las posibilidades de ir elaborando, por ejemplo, aspectos indiscriminados de la parte psicótica de la personalidad que se mueven con angustias catastróficas y que el yo no tiene suficiente capacidad de observación para ir separando los componentes de la misma, y que gracias a la paulatina discriminación y fragmentación el sujeto puede ir transformándolos en situaciones que entran en la órbita de la parte neurótica de la personalidad, entonces comprendemos que pueden gradualmente incorporarse a la conflictiva edípica.

 

 

Uno de los puntos que convendría recalcar en este momento es que en la problemática de la parte psicótica de la personalidad no hay realmente una problemática edípica, porque para haber una problemática edípica tiene que haber diferenciación del sujeto y los dos objetos con diferenciación sexual, y acá justamente estamos hablando de que en este aspecto sincrético primitivo no hay una diferenciación ni sexual, ni del objeto, ni del sujeto, ni de la realidad interna o externa.

 

 

De estos aspectos de sincretismo, yo diría que hay distintos indicadores clínicos.

Quizás el indicador más universal, según el trabajo de Bleger, sean los sentimientos de omnipotencia.

Éstos eran

 

 

¿Cuáles son las ansiedades de esta estructura sincrética? Pues bien, las ansiedades fusionales; en un principio él las llamaba confusionales, pero luego hizo una crítica de este término diciendo que para hablar de confusión hay que pensar en un yo que se ve de alguna manera invadido por esta angustia y que, por consiguiente, altera estructuras más diferenciadas.

Creo que cuando Bleger habla de las ansiedades en relación con la parte psicótica de la personalidad, se refiere justamente a la pérdida de límites, a la desaparición del sujeto en el objeto; ser tragado, absorbido, desaparecer dentro del objeto. 

 

 

Otro índice clínico presente en la sesión es la presunción de que el terapeuta sabe, la presunción de que no hace falta que el sujeto explique, indique, hable, no hace falta que nombre, porque el terapeuta ya lo sabe.

En la medida en que no hay separación entre el terapeuta y el paciente, entre el sujeto y el objeto, entre la cabeza de uno y de otro, no hace poner palabras.

Esto, como se darán cuenta, es bastante sutil, sólo indicios que tenemos acerca de este tipo de funcionamiento.

Si es muy grosero, estamos en otro tipo de problemática.

Esta problemática pasa más por el lado de la atribución de una verdad sin cuestionamiento, de una verdad total que se aproxima a aquello que habíamos hablado antes de la personalidad autoritaria, es decir, una verdad que no es posible de ser revisada ni cuestionada.

Esto en otros esquemas referenciales podría atribuirse, por ejemplo, a la estructura de tipo paranoide.

Esta estructura de tipo paranoide sería una especie de defensa neurótica frente a este tipo de organización mucho más primaria y mucho más indiscriminada. 

 

 

Con todo esto, creo que ya he dicho lo que me había propuesto decirles sobre la problemática clínica de los criterios de curación y los objetivos.

 

 

 

 

 

Doctor César Merea: En primer lugar, cabe agradecerle a Mariano la presentación que nos hizo, a mí me ha parecido una de las presentaciones más claras que he escuchado sobre la obra de Bleger.

 

 

Particularmente, el hecho de que introdujera en primer término los criterios de Bleger en cuanto a la búsqueda bastante importante de indicadores clínicos, el criterio mayéutico, y luego la teoría, imprescindible para ver los objetivos terapéuticos en la medida en que se trata de una teoría que tiene cosas particulares y hasta un lenguaje particular.

 

 

Intervención: Mientras Mariano hablaba, yo pensaba que él estaba describiendo el caso típico de un adolescente y cómo se adecuaba al tema de la formación del carácter, con esas manifestaciones de las conductas parciales, que aparecen como conductas fácticas o de autoridad.

Además, pensaba en el adolescente, que no cuenta en general con un objeto externo contenedor, ya que a su vez los padres no son las personas más adecuadas para contenerlo en tanto esta estructura moviliza y estimula justamente la crisis vital de la edad media que ellos atraviesan.

 

 

Esto responde más bien al área psicótica de la personalidad, pero se le suma la recurrencia de la conflictiva edípica, así que consideraba cuán compleja y crítica debe de ser realmente para el adolescente la problemática que tiene.

No sé si en otras crisis vitales aparece todo esto.

Otra cuestión que Mariano mencionó es la del cuerpo, la locura vertiginosa con que crece el cuerpo y que no tiene un desarrollo paralelo.

 

 

Intervención: Yo quería preguntarle a Mariano acerca de la inclusión de la parte psicótica de la personalidad en el análisis del paciente, y qué pasa en el hábitat con las posibilidades terapéuticas.

 

 

Doctor Mariano Dunayevich: Los problemas a los que aludió la doctora Rubinstein acerca del desarrollo del carácter como patología de carácter y ciertas alternativas justamente de la adolescencia normal son muy interesantes, porque creo que se refieren a que, como consideraba Bleger, en la adolescencia hay una serie de problemáticas que no pasan precisamente por la resolución del complejo de Edipo, sino que son mucho más primarias y mucho más indiscriminadas y que, en todo caso, se relacionan con la conducta de padres que están en situación de crisis vitales importantes, quienes seguramente que no pueden ayudar al adolescente a madurar o discriminar acerca de sus uniones y sus separaciones en relación con el medio familiar.

Creo que este tipo de personalidad autoritaria o fáctica o polar se consolida como estructura de carácter, como estructura defensiva y justamente es lo que inmoviliza.

 

 

Es cierto que acá hay gente que tiene experiencia con niños y seguramente me van a decir que también hay chicos de 4, 5 y 6 años que son autoritarios, que unos son más concretos y están directamente en contacto con los objetos y otros tienen una mayor capacidad simbólica.

Yo creo que esto no nace en la adolescencia, sino que se va desarrollando a lo largo de la maduración.

Seguramente es en la adolescencia cuando cobra mayor vigor y mayor dramaticidad, porque además los adolescentes tienen formas de hacernos saber la dramaticidad por la que están pasando y depende entonces de las posibilidades terapéuticas que ofrece el análisis, o en todo caso las posibilidades terapéuticas desde el análisis, el hecho de que podamos ayudar a resolver algunos de estos hechos.

No nos olvidemos también de que el adolescente cuenta con estructuras sociales e instituciones que lo ayudan a contener alguno de estos elementos cuando la familia no le da el soporte, llámese club, colegio, organizaciones religiosas, políticas o, en fin, las barras, y que tienen posibilidades de ir inmovilizando, depositando, compartiendo y discriminando algunos de estos aspectos que seguramente son bastante nodales en la evolución y el desarrollo de la personalidad normal.

 

 

El otro punto que se mencionó tenía que ver con el cuerpo, creo que sí, que realmente en la adolescencia es donde confluyen esos momentos tan contradictorios entre deseos, necesidades y posibilidades, no siempre al alcance de esos deseos, de esas necesidades y de las posibilidades que pasan a veces por la realidad y, otras veces, por las prohibiciones interiores.

De acuerdo con cómo se den los significados que vayan teniendo en la mente sobre las distintas problemáticas de la separación, las diferencias, el sexo y todos los componentes de las discriminaciones yoicas, es que podrán transformarse en un conflicto en el nivel mental.

Y si no hay posibilidades de que se transformen en un conflicto, porque no hay nivel simbólico o acceso a las palabras que posibilitarían el ingreso en el área preconsciente, seguramente van a hacer algún tipo de patología corporal.

Tengo la impresión de que muchos de los pacientes que han sido estudiados con patología somática importante, han tenido momentos de crisis importantes en la adolescencia, que no han podido resolver.

 

 

Ahora respondo acerca de cómo se incluye la parte psicótica de la personalidad en todo análisis del paciente neurótico.

 

 

Bleger consideraba que los niveles de indiscriminación y de la parte psicótica de la personalidad están presentes en todos, y que todos nosotros tenemos una serie de estructuras no diferenciadas que responden seguramente a formas de funcionamiento bastante primitivas, simplemente depende de las posibilidades de la vida real de hacerlas evidentes.

Sabemos de experiencias de privación sensorial que hacen a un sujeto alucinar inmediatamente, es decir que el aparato mental tiene capacidad para un funcionamiento psicótico apenas se rompe algún tipo de barrera defensiva que nos ofrece la realidad, tanto interna como externa.

En situaciones de crisis, todo individuo está sujeto a poder tener una ruptura del clivaje entre la parte psicótica y la parte neurótica, y entonces comienza a aparecer la problemática psicótica en un paciente neurótico. 

 

 

¿Cómo es que veríamos esa problemática psicótica? Unos rasgos bastantes frecuentes de su aparición serían las series de compromisos corporales de que estábamos hablando antes, es decir, una serie de afecciones corporales que no pasan por simbolismos, por ejemplo en el caso de los histéricos.

No pasan por estructuras neuróticas, no son estructuras simbólicas expresadas en el cuerpo, son otro tipo de dificultades que tienen mucho más que ver con trastornos funcionales y a veces orgánico-corporales.

 

 

También podemos observar trastornos de la conciencia, como confusiones, onirismo, trastornos perceptuales.

Es la experiencia que todos tenemos cuando se empieza a hablar de alta y los pacientes movilizan estructuras psicóticas y aparecen elementos psicóticos en la sesión en donde habitualmente se movilizaban estructuras neuróticas, es decir que la resolución de la simbiosis terapéutica es la resolución de la patología del paciente en ese momento.

Yo creo que hay un alta para cada paciente, no hay un alta a priori, un alta teórica, hay un alta para la patología del paciente.

En ese sentido, uno de los autores que han trabajado esos criterios ha sido Liberman, quien ha tratado de evaluar los objetivos terapéuticos no en función de pautas ideales o teóricas, sino en función de la problemática del paciente.

Supongamos que el paciente tiene un déficit de comunicación simbólica corporal, una dificultad para el contacto cercano y para la representación, entonces, el hecho de que adquiera ciertas pautas de estructura defensiva histérica es un progreso y una curación en esa estructura.

 

 

Un paciente que disminuya su rigidez y que adopte conductas más plásticas y cambiantes, en una persona que se queja de entrada que no se puede adaptar o es muy rígido, es un criterio de curación; por el contrario, un paciente que es demasiado blando, demasiado permeable, el hecho de que pueda decir no y afirmar claramente su deseo y su voluntad, incluso en condiciones de sufrimiento, pero que mantenga por ejemplo su negativa en condiciones difíciles, es otra pauta de curación.

 

 

Intervención: Independientemente de la situación de alta, en todo análisis de un neurótico siempre debe haber la irrupción de un elemento psicótico, porque si el psicótico está protegido por las defensas y en el análisis se van a romper esas defensas, supongo que habrá momentos en los que este núcleo psicótico debe elaborarse.

¿Es así, o no?

 

 

Doctor Mariano Dunayevich: La idea de Bleger es que el núcleo psicótico no está protegido por defensas, está inmovilizado, clivado, y en todo caso se moviliza no cuando fracasan las defensas, sino cuando fracasan los depositarios, esto es lo interesante: que el fracaso de la depositación y el clivaje es lo que hace la irrupción de ese núcleo psicótico dentro del aparato mental , y, si estaba depositado en un depositario externo, es el sujeto quien empieza a sufrir una serie de consecuencias por la reintroyección de ese aspecto de su personalidad que estaba como alienada, es una verdadera alienación del sujeto.

Si pensamos que todos nosotros tenemos una parte alienada de nuestro yo depositada en una estructura suficientemente estable como para que la contenga, entenderemos los líos que se arman cuando uno se muda, o la serie de conflictos de toda índole que hay cuando se producen cambios en la institución a la que pertenecemos, sea futbolística o psicoanalítica.

 

 

Bleger comenzó a indagar sobre estas situaciones cuando en el análisis aparecían elementos extraños que eran "perfectos"; cuando había algún tipo de ruptura en el encuadre empezaban a aparecer elementos extraños que no se correspondían con la patología del paciente.

 

 

Intervención: Yo creo que hay que ver en detalle por qué hay una falla en la depositación, falla el depósito, y qué pasa si se puede cuidar que este depositario sea bueno, que no falle.

 

 

Doctor Mariano Dunayevich: Muy buena pregunta, bastante difícil de responder; de cualquier manera pienso que vale la pena que la abordemos.

Yo no me acuerdo haberlo leído en Bleger en esos términos, pero en última instancia en su obra él habla del depositario, del buen depositario.

Digamos que si uno inmoviliza los aspectos psicóticos de su personalidad en un depositario confiable, estable, seguro, que se puede llamar, por ejemplo, dogma religioso, pues bien, es muy difícil que un dogma falle en ese sentido, porque hay un grado de formalidad, de contención, de ritualismo, que asegura la inmovilidad.

 

 

Intervención: Hay también una elección de ese depositario, entonces la pregunta es la siguiente: ¿de qué depende que se pueda elegir un depositario que permita una nueva flexibilidad?

 

 

Doctor Mariano Dunayevich: Depende de qué es lo que pone el sujeto en ese depositario, si hay rigidez o no.

Si un sujeto coloca ciertos aspectos, por ejemplo ideales, de aspiración y de necesidades de su vida, en una institución, pongamos por caso una institución religiosa, y son aspectos muy sublimados y muy alejados de la realidad, es muy difícil que le falle; pero si los coloca en la pareja, la fortuna, las buenas digestiones, es seguro que al otro día tendrá una invasión de la parte psicótica, en el sentido de que depende de qué es lo que se proyecte, qué es lo que se deposite, y no sólo de la cualidad del depositario.

 

 

Intervención: La elección de este depositario debe tener que ver con los primeros depositarios, es una sobre-determinación más que una sobre-determinación psíquica, porque depende del afuera totalmente.

 

 

Doctor Mariano Dunayevich: Bleger agrega a la trifactorialidad freudiana estos otros componentes de la cualidad del depositario y la calidad de lo depositado.

 

 

Intervención: Pero aquí, desde Bleger, estaría dada esta parte psicótica, esta ruptura, como un progreso, puesto que es lo que permite crecer.

 

 

Doctor Mariano Dunayevich: Sí, depende; volvemos de nuevo a qué se deposita en el depositario, el quantum y el qué, la cantidad y la cualidad.

 

 

Intervención: Pensar en que va a haber siempre depositarios geniales, no es útil para sujetos en crecimiento, y además es un absurdo desde la perspectiva vital.

Lo más factible es que siempre en ese depositario se quiebre.

Bleger hablaba justamente de la idea de la caca como el gran inodoro, donde se tiraba la cadena hasta que la casa, el continente, no aguantaba más, entonces se producía la crisis y salía al crecimiento, a la búsqueda de ayuda.

 

 

Doctor Mariano Dunayevich: No necesariamente una crisis es una pérdida, o una involución, puede ser un progreso y un desarrollo.

Por ejemplo, en las personalidades borderline, donde se trata de establecer algún tipo de clivaje, porque según su concepto Bleger decía que este tipo de personalidad no tenía clivaje establecido; tiene el yo más maduro invadido por todo ese yo inmaduro, psicótico, indiscriminado, no es capaz de establecer un mínimo de organización adecuado para tener una vinculación con el mundo que sea más neurótica, más de nivel edípico.

Entonces la relación terapéutica es la que tiene que permitir un adecuado clivaje, una adecuada depositación de ciertos aspectos psicóticos para que vaya progresando lentamente y el terapeuta podrá ir discriminando y devolviendo gradualmente.

Bleger hablaba de la devolución gradual y graduada, pautada, es decir, no una reintroyección masiva de lo depositado.

Por ejemplo, la mayoría de nosotros sabe de cierto tipo de pacientes en los que uno comprende absolutamente todo, porque el paciente hace una proyección tan masiva y tan total en el depositario que es muy fácil devolverla, pero el paciente no acepta la devolución, se resiste, y tiene razón.

Tiene razón porque si ha proyectado masivamente, es porque no lo puede tolerar adentro suyo, entonces nosotros no podemos devolvérselo con esa intensidad, tendríamos que devolverle algo de conocimiento de esa estructura psicótica que sea tolerable para el yo.

 

 

Todos tenemos ese tipo de experiencias, incluso que una interpretación muy fácil y muy explícita sea rechazada absolutamente.

 

 

Intervención: A mí me confunde un poco hablar de objeto externo, porque pensaba en la problemática adolescente a partir de mi lectura del libro de María Esther García Arzeno, en el cual ella hace referencia a una niña púber y a la simbiosis que mantiene con su mamá.

García Arzeno dice que, llegado un momento de evolución natural para con su mamá, la niña descubre que en realidad ella no es el objeto del deseo de su mamá, que es el papá.

 

 

Entonces, ese objeto externo es relativamente externo, está muy cargado, en algún momento fue un objeto externo contenedor y después se transformó en no contenedor.

 

 

Doctor Mariano Dunayevich: Lo que decís es muy válido, pero de cualquier manera se trata del objeto externo, pero externo real.

Una madre contenedora es una madre que acepta, por ejemplo, que su hija tenga fantasía de ser única con ella por un tiempo; si no tolera que la hija no siga siendo única siempre, evidentemente por ansiedades narcisísticas de ella, no la está ayudando en el desarrollo y en la maduración, además la está manteniendo en una situación de dependencia infantil y le está impidiendo el pasaje a un objeto, primero heterosexual y segundo un objeto externo; entonces, en ese caso, objeto interno y objeto externo coinciden.

 

 

Si una madre tiene la capacidad suficiente para aceptar las primeras depositaciones, las primeras relaciones simbióticas o narcisísticas y, a la vez, devuelve suficiente investidura narcisística o suficiente reintroyección de ese aspecto simbiótico paulatino y va ayudando a que la hija discrimine que ella no es la única, que además de no ser la única, tampoco ella fue única, porque tampoco es la única hija de su madre, sino que ha sido hija de su padre, es decir, le va reintroyectando a la niña la posibilidad de ser una más, no la única, o sea que la saca del narcisismo, la discrimina y le permite ir entrando en la etapa edípica.

 

 

Bleger le dio una importancia trascendental al objeto externo.

En sus teorías el objeto externo tiene un peso muy grande, con una dialéctica particular y permanente.

 

 

Intervención: En esa parte segregada de la personalidad, ¿el progreso terapéutico consistiría en que se produzca un poco, por decirlo así, o en que quede clivada, porque no hay posibilidades de una disolución de la parte psicótica? No sé si entendí bien.

 

 

Doctor Mariano Dunayevich: Entendiste bien, la parte psicótica nunca desaparece, nunca desaparecen los vínculos muy primarios e indiscriminados en todo sujeto, queda como un remanente seguramente no muy importante.

En un desarrollo teórico ideal, quedaría como un remanente que aparece en sueños, por ejemplo.

La elaboración normal y la incorporación en la vida neurótica serían la elaboración en sueños de la parte psicótica de la personalidad.

 

 

Intervención: Por un reanálisis.

 

 

Intervención: Quería preguntarte cómo se vería en la clínica la relación del yo con ese sentimiento de omnipotencia que no aparece como parte de un proceso defensivo.

¿Estaría ligado a una simbiosis, al narcisismo, como una parte de los ideales?

 

 

Doctor Mariano Dunayevich: Estamos acostumbrados, en general, a categorizar la omnipotencia como una omnipotencia defensiva frente a la impotencia, esto sería casi clásico, pongamos por caso un chico que se viste con la capa de Superman cuando se siente realmente muy pequeño, muy frustrado, y necesita investirse de esa omnipotencia.

Esto es distinto, éste es un nivel donde esa omnipotencia es defensiva de una situación depresiva, una situación de un límite no tolerado por el yo.

La omnipotencia a que se refiere Bleger es una omnipotencia constitutiva, donde el sujeto es dueño del objeto, porque no hay diferencias y el objeto, además, cambia de acuerdo a sus necesidades.

Se trata de una omnipotencia muy grandiosa, estaría casi cercana a la omnipotencia de la manía, y la manía justamente es la expresión de la parte psicótica de la personalidad que invadió al yo.

El yo está totalmente invadido para la parte psicótica de la personalidad, no hay límite exactamente, el yo está en relación con el yo ideal, no con el ideal del yo, que es una estructuración edípica; está en relación con el yo ideal, casi una recreación de la situación fetal.

 

 

Intervención: Tu criterio, comparando groseramente el modelo de Bleger con el kleiniano, si no entendí mal la idea que transmitiste es que, para Bleger, eran muy importantes los factores individuales.

En otro momento se inclinó un poco sobre ciertos modelos universales de la necesidad de resolver problemas de la parte psicótica.

Ubicándose en el nivel más intermedio, para Bleger, ¿la estructura psicopatológica y nosográfica tiene un grado de especificidad en cuanto a la curación, o cambios en el proceso?

 

 

Es decir, en el modelo kleiniano uno supone que la estructura psicopatológica nosográfica no tiene un peso demasiado importante, tiene más peso en lo general.

 

 

Doctor Mariano Dunayevich: Cuando uno supervisaba con Bleger, tenía la triste experiencia de que siempre encontraba al paciente mucho más psicótico  de lo que uno lo veía, pero fundamentalmente es así.

 

 

Siempre había estructuras psicóticas fundamentales, además es coincidente con su teoría, pues él pensaba que la estructura psicótica es fundante, y luego depende del destino que tenga ella para que el individuo se pueda desarrollar más o menos en el campo neurótico; lo que presumía era que esa estructura psicótica estaba siempre presente en el individuo y que perturbaba fundamentalmente incluso las estructuras neuróticas.

Una de las últimas cosas que estuvimos trabajando con él fueron las histerias y las estructuras psicóticas en la histeria.

Si hay realmente un cuadro donde uno puede tener garantía de que la estructura neurótica está bien instalada es en la histeria.

 

 

Nos habituamos a ver elementos psicóticos en la histeria, la estructura psicótica que aparecía en el yo y las confusiones y pérdidas de control yoico.

 

 

Intervención: Entonces se podría pensar que hay cierta contradicción entre la praxis blegeriana y el trabajo sobre criterios de curación, donde él plantea muy fuertemente que en el sujeto en que predomina la parte neurótica el énfasis va a ser puesto sobre la problemática edípica.

 

 

Conceptualmente, no sería que en el fondo todo es lo psicótico y ahí hay que operar, sino que depende de la combinatoria; en cambio, en la praxis la cosa es distinta.

 

 

Doctor Mariano Dunayevich: Ésa es una buena pregunta, él estaba convencido de que realmente la histeria es una estructura neurótica; en todo caso, lo que le interesaba era profundizar en el análisis de una histeria para poder llegar a estructuras de tipo indiscriminado, de una omnipotencia sin límites, de una fantasía de armado del mundo desde sí mismo, es decir que se metía con lo que hoy llamaríamos los niveles narcisistas.

Entonces, como perspectiva de profundización del análisis, me parece que es interesante no negarse el acceso a la investigación y al examen, lo que no quiere decir que eso intervenga para el alta o no.

 

 

Bleger tenía bastante claro que para el alta del paciente había distintos factores en juego: uno era hasta dónde llegaba la curación, esto que decía que hay algunos pacientes que terminan el análisis después de muchos años donde otros recién lo empiezan, o sea que aceptaba los límites terapéuticos, los límites de la patología, y otro factor era las ganas y la fuerza del individuo, del yo, cuánto se tenía ganas de seguir luchando.

Bleger da un buen ejemplo de lucha, luchó toda la vida, me acuerdo que él decía: "¿Ustedes creen que a mí me resulta fácil escribir? Tengo un canasto lleno de papeles cada vez que escribo algo".

¿Alguna otra pregunta?

 

 

Intervención: Yo quería preguntar cómo veía Bleger a la perversión.

 

 

Doctor Mariano Dunayevich: Bleger tiene un enfoque muy interesante para la perversión, y no sé si recordarás el trabajo que escribió con Cvik y Grunfeld sobre la diferenciación entre la perversidad y la perversión.

Se refería a la perversidad como una estructura mucho más ligada a la agresión, el odio y la destrucción, y a la perversión como un trastorno del desarrollo de la personalidad.

Yo diría dos o tres cosas que valen la pena.

 

 

Primero, Bleger le daba muchísima importancia a los objetos externos y a las identificaciones con ellos, a la función del padre y a la función de la madre.

Él hablaba de dos tipos de homosexualidad, hablaba de una homosexualidad por déficit materno, por déficit de la simbiosis original, de la simbiosis de entrada y por estar constituida por una situación mucho más primitiva y mucho más masiva.

En la medida en que el sujeto no había podido establecer una simbiosis adecuada, había hecho una especie de identificación sustitutiva, incorporación con pseudo-identificación por falta del objeto externo adecuado.

Éstas eran las homosexualidades masculinas que estaban más cercanas a la psicosis.

Otra era la problemática de lo que se llamaba la función del padre, que se parece bastante a la terminología más moderna, y que hablaba de un déficit del padre en otorgarle modelos al hijo y acercarse, porque los padres obsesivos, los padres muy crueles, los padres ausentes, los padres que, a su vez, tenían fantasías de ser homosexuales, mostraban mucha inhibición para tocar a los chicos y no le ofrecían un modelo de contacto masculino adecuado para  sacarlo de la relación simbiótica, de la relación narcisística especular con la madre.

 

 

Bleger hablaba de estos dos tipos de homosexualidad, uno mucho más primario y cercano a la psicosis y otro más neurótico y más cercano a la problemática de la falta del modelo masculino adecuado para la identificación; por lo tanto, él decía que en el análisis seguramente los casos primarios de déficit materno eran casi inabordables, porque habían sustituido en la totalidad de su mente y de su propio cuerpo a la madre que no habían tenido; en cambio, con los segundos era bastante más fácil poder tener éxitos terapéuticos, porque era cuestión de que, a través de la relación transferencial, a través de la depositación y a través del análisis simbólico, se atribuyera el significado de la ausencia paterna, y poder restaurar una función no desarrollada.

 

 

Bleger trataba de diferenciar y decía que había algún tipo de estructuras que funcionaban como perversas, pero que en realidad estaban mucho más ligadas a otras estructuras donde lo importante era el sadismo, la destructividad y el odio.

Ésas eran para él las verdaderas perversiones: el sadismo y el masoquismo eran las perversiones, lo demás era trastorno del desarrollo.

 

 

Intervención: Algo como una ruptura de escala de valores...

la conciencia moral, en cuanto a que sabiendo qué es el bien se comete el mal.

 

 

Doctor Mariano Dunayevich: Sería como romper con la institución, con la ley, con la sociedad, con el objeto, con la prohibición, pero fundamentalmente como un deseo de destrucción reivindicatoria, que lamentablemente uno piensa que tiene cierta vigencia, es lo que hablamos al comienzo de los hechos que pasan públicamente.

 

 

Doctor Benzion Winograd: Lo que parece muy claro en criterio de perversión, ya no es tan claro respecto a lo que planteás, en alguno de los seminarios, como la histeria.

 

 

Planteás que lo importante es analizar todo...

Ahora bien, haciendo una pregunta más crítica, entre los factores de curación, ¿Bleger le daba importancia, como está planteado en criterios de curación, al análisis de la sexualidad objetal, de los aspectos libidinales, de los conflictos histéricos o fóbicos obsesivos como conflictos básicos, o en la praxis se deslizó algo que entró como sistema kleiniano, es decir, plantear que siempre esos conflictos eran supraestructuras y que no tenían la línea autónoma? Conflictos que me parece que se vuelven a producir.

 

 

Doctor Mariano Dunayevich: Yo coincido, creo que era algo que Bleger no resolvió desde una doble vertiente.

Desde una vertiente teórica en donde, seguramente por estar muy influenciado por las ideas en ese momento, los problemas de la patología de la sexualidad tenían que ver justamente con unas estructuras básicas de amor, posesión, odio al objeto, envidia, etcétera, y entonces se terminaba haciendo un análisis tan fragmentado de los deseos y de las pulsiones que se perdía el componente que puede tener ese nivel.

La otra vertiente tiene que ver con el objeto, y creo que desde esa problemática Bleger era un puritano.

Como Freud, era un puritano, y entonces seguramente para abordar la sexualidad desde la problemática del placer y el deseo tenía dificultades como individuo.

Creo que ahí se quedó, porque tenía limitaciones como todos nosotros como individuos.

 

 

Doctor César Merea: Estaba pensando, en relación con esto último que decías, una cosa que observé que había surgido, era cierta necesidad de cotejo entre estas ideas de Bleger y tres grupos de otras ideas que en parte no se dieron porque la de Bleger, hay que recordarlo y es lo que estoy diciendo en este momento, es una obra trunca en pleno desarrollo.

 

 

En primer término, ese Congreso al cual no pudo asistir, era uno de los lugares donde se esperaba que hubiera cierta confrontación, por ejemplo con la línea de Margaret Malher, sobre las teorías de simbiosis de Malher.

 

 

Luego, lo que están mencionando ustedes, es decir, la línea kleiniana, que es evidente que por un lado se pagaba tributo de cierta pertenencia al esquema dominante, pero al mismo tiempo en algún lugar no encajaba, y eso era también evidente.

 

 

Por último, por ahora solamente lo menciono por algo que voy a decir en el cierre, el cotejo sería en una especie de adelanto con los desarrollos del narcisismo sufridos más recientemente, están bastante apuntados en Bleger.

 

 

Doctor Mariano Dunayevich: Totalmente de acuerdo, yo creo que a la teoría de Bleger le falta una problemática del deseo, realmente uno no sabe qué es lo que mueve al individuo, cómo se mueve el individuo para ir desde la simbiosis hacia la maduración que lo lleva adelante; no hay una problemática del deseo, eso es un déficit de la teoría que seguramente, de haber vivido Bleger, se hubiera desarrollado.

 

 

Doctor César Merea: ¿Alguien quiere hacer algún comentario?

 

 

Intervención: Cuando hablabas de perversión, recordaba  otras cosas que dijiste en otras oportunidades de la psicopatía como una perversión moral.

 

 

Doctor Mariano Dunayevich: Para mí, perversión moral no es exactamente el término, sino una forma de perversión de los vínculos, en la medida en que la psicopatía es una utilización del objeto como parte de uno mismo, sin discriminación de diferencia ni de posibilidades, ni de ganas, donde el objeto es tomado simplemente como un ejecutor de aspectos que el sujeto no puede, no tolera o necesita de alguna manera evacuar.

Esto tiene aspectos en común con ciertas formas de la perversión, porque quizá es un prejuicio pensar que todas las formas de perversión tienen ese desprecio por el objeto.

De cualquier manera, es muy difícil concebir una perversión que no maneje un nivel psicopático, porque si no cómo hace una conexión con el objeto.

Si un perverso, un homosexual, por ejemplo, masculino o femenino, no tiene una cierta disposición psicopática para poder captar el objeto, seducirlo y para conseguir sus fines, que en última instancia es la satisfacción y la descarga pregenital, ¿cómo logra la satisfacción? Así que en ese sentido hay puntos en común, hay puntos que tienen elementos similares.

 

 

De cualquier modo, para Bleger, la psicopatía era la instrumentación en el otro de algo que tenía que ver con el déficit de desarrollo.

La madre es la ejecutora de los deseos infantiles en el comienzo de la vida y, poco a poco, los cuidados y la capacidad de satisfacción van libidinizando al sujeto, tanto al aparato mental como al cuerpo, y el sujeto va recobrando esa capacidad y el deseo y la necesidad de poder ejercitar sus propias funciones.

Si pensamos que Bleger consideraba que la psicopatía era por déficit de esa madre que no había podido resolverle los deseos en la acción, esa criatura quedaba con un monto muy grande de frustración, de rabia y de necesidades, que tenía que lograr que se resolvieran en otros objetos externos; además del problema de la rivalidad y de la envidia.

De aquí la frustración, no frustración en el aparato mental, sino en la realidad y como fracaso vital.

 

 

En cambio, en la perversión no hay un desarrollo normal, algo que no fue, que quedó inhibido, sino que hay de alguna manera una elaboración patológica.

 

 

Si el homosexual masculino incorpora a esa madre y se transforma en su madre, porque no tiene la posibilidad de ese objeto externo, no es un déficit que quedó todavía como ausente y que sigue necesitando y repitiendo como en la infancia, sino que ya ha transformado esa infancia deficitaria en algo nuevo: él es ahora la madre que no tuvo, nunca más la va a necesitar y siempre la tendrá disponible en su cuerpo.

Se trata de una elaboración distinta, por eso les digo que hay elementos en común y elementos que son bastante diferenciales.

 

 

Doctor César Merea: Si nadie tiene ningún otro comentario para hacer, voy a cerrar la reunión de hoy diciendo que se me ha creado

 

 

una inquietud.

Además del cotejo de las ideas de Bleger con las de otros autores, podría caber un cotejo a nivel del ciclo que se está haciendo de todos los esquemas, como un desarrollo que puede darse en función del tipo de diálogo que va surgiendo.

 

 

En muy buena medida, en relación particular con lo de Bleger, esto se debe a la posibilidad que tuviste de transmitir con muchísima claridad este esquema.

 

 

Ésta es la ocasión también de un agradecimiento particular al paso de Mariano por la Secretaría Científica, y por toda la labor que ha ido realizando durante este tiempo.

 

 

Muchas gracias.

 

 

 

 

 

DESCRIPTORES: 

 

 

CRISIS VITAL / CURA / OBJETO EXTERNO / PERSONALIDAD / PSICOANÁLISIS / PSICOPATÍA / SIMBIOSIS / YO

 

 

 

 

 

Resumen

 

 

 

 

 

Para Bleger, evaluar y corregir permanentemente el método estaba ligado a su concepto de análisis como técnica terapéutica y de investigación.

 

 

La curación en medicina no implica un proyecto de cambio, de maduración o de progreso del paciente, cosa que sí ocurre en psicoanálisis.

Éste fue el criterio mayéutico.

Los índices de permeabilidad versus las rigideces y de la calidad de la angustia movilizada por el yo como señal, frente a la angustia traumática, así como la libertad en la elección de conductas posibles, eran indicadores clínicos.

 

 

La simbiosis era un concepto clave del desarrollo.

Los remanentes de ella, como la falta de diferenciación sujeto-objeto, o la falta de diferenciación realidad interna-realidad externa, eran los indicadores del yo sincrético.

Bleger denominó "clivaje" a las formas de inmovilizar dichas partes primitivas del yo, que formarían a la parte psicótica de la personalidad.

Aquí no se utiliza la represión como defensa, sino que aparecen otras como en la manía-melancolía y las adicciones.

 

 

La inmovilización de dicha parte sincrética era el modo de impedir su acción.

Esto llevó a Bleger al estudio del encuadre tanto clínico como institucional, a su potencial terapéutico y a los fracasos del uso del mismo.

 

 

Bleger conceptualizó el cuerpo como un accionar de buffer entre la parte neurótica y la parte psicótica de la psiquis, y al fracaso de esta función como la apertura a la patología psicosomática.

La lenta discriminación y elaboración, posibilitaba la reintroyección de aquello inmovilizado.

Los sentimientos de omnipotencia eran aquellos pertenecientes a la parte psicótica.

El carácter y sus patologías, las crisis vitales como posibilidades o fracasos, fueron otro de los desarrollos de su teoría y su clínica.

 

 

 

 

 

 

 

 

© Esta publicación es propiedad de la 

 

 

Asociación Escuela Argentina de Psicoterapia para Graduados

 

 

(CDHA1425)Julián Alvarez 1933- Ciudad de Buenos Aires- Argentina

 

 

Tel: (54-11) 4866-1602

 

 

email: psiayeryhoy@elpsicoanalisis.org.ar