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El nazismo como todo culto pagano pretende que un cuerpo finito alcance un placer infinito. El nazismo basó su cultura en lo corporal, la realidad material-sensorial como un fin en sí mismo y como el cuerpo, nació con un destino: la muerte. El primero de enero de 1934 el tercer reich decretó una ley que consideraba la castración como una pena accesoria a la condena, y la esterilización como una simple medida de orden público destinada a reforzar «una buena higiene de la raza».

Rab Jaim Zukerwar. El Reloj.com

El nazismo como todo culto pagano pretende que un cuerpo finito alcance un placer infinito.

El nazismo basó su cultura en lo corporal, la realidad material-sensorial como un fin en sí mismo y como el cuerpo, nació con un destino: la muerte.
El primero de enero de 1934 el tercer reich decretó una ley que consideraba la castración como una pena accesoria a la condena, y la esterilización como una simple medida de orden público destinada a reforzar «una buena higiene de la raza».

Se crearon «tribunales eugénicos», que juzgaban cada caso, dictando las sentencias correspondientes.

Los motivos de esterilización eran la debilidad mental, la demencia precoz, los estados maníaco-depresivos, el alcoholismo, las deformidades corporales, la epilepsia, la ceguera, la sordera hereditaria, etc.

El tercer reich concebía al mundo estético-corporal como el objetivo de «la perfección», consecuentemente la «raza aria» vivía en un ambiente de promiscuidad y depravación sexual característico de todas las culturas que toman lo estético-corporal como un fin en sí mismo.

La casta militarista sustentada por el feudalismo agrario y por el gran capitalismo industrial inducía todo tipo de aberraciones psíquicas y sexuales que incluso se habían infiltrado en las capas populares.

Así encontramos que en la década de 1920 se hallaba muy en boga la prostitución masculina, teorías absurdas de pureza racial, etc.

La cultura germana preparó y eltercer reich actualizó las tradiciones milenarias de la época de los antiguos bárbaros ?enraizadas en el culto al poder a subyugar- representado por las divinidades guerreras y los héroes legendarios evocados en las trilogías wagnerianas.

El nazismo como todo culto pagano pretende que un cuerpo finito alcance un placer infinito.

El nazismo basó su cultura en lo corporal, la realidad material-sensorial como un fin en sí mismo y como el cuerpo, nació con un destino: la muerte.

La armonía universal

Yo soy una creación y mi prójimo también.

Mi trabajo está en la ciudad y el suyo en el campo.

Yo me levanto temprano para hacer mi labor y él para hacer la suya.

Así como él no presume de realizar mis tareas, tampoco yo presumo de realizar las suyas.

Se nos ha enseñado: Aquél que produce más y aquél que produce menos son iguales en tanto sus corazones estén dirigidos hacia el cielo.


Talmud de Babilonia, tratado Brajót página 17ª

La humanidad es análoga a un gran cuerpo compuesto por distintos órganos, cada uno con diferentes funciones pero con el objetivo común de servir al bienestar del hombre.

El hombre está sano cuando cada célula de cada órgano trabaja para que éste pueda servir al cuerpo.

En cambio, si una célula se desliga de su función y responsabilidad con respecto al órgano al cual pertenece y trabaja para sí, descuidando su relación con el resto del cuerpo, ello afectará a todo el sistema debilitando también a la propia célula que generó dicho desequilibrio.

Toda cultura y civilización cumple una función en el contexto del gran cuerpo de la humanidad.

Cada individuo tiene una función irreemplazable dentro del «órgano» al cual pertenece.

Los conflictos entre diferentes pueblos y civilizaciones son similares a un cuerpo enfermo.

Cuando el deseo de recibir egoísta induce a un individuo o a un grupo a pretender que el «órgano» al cual pertenece sea el único válido, está actuando en contra de la ecología espiritual, o sea de las leyes con las cuales HaKadósh Barúj Hú estructuró el mundo.

En cambio, cuando todos los pueblos se unen con la intención de beneficiar al gran cuerpo que conforma la humanidad, todos reciben por igual: uno produce materia prima, otro la desarrolla, y así sucesivamente.

Cada ser, comunidad, nación, etc., aporta de acuerdo a su verdadera naturaleza y vocación y de esa forma comparte todo y se unifica en torno al objetivo común: el bienestar del hombre.

Es así como cada ser humano, sociedad, cultura y civilización, logra expresar su potencial en forma constructiva de acuerdo a sus características.

De ese modo surge el bien que conduce a la armonía universal.

Torá miSinai
El primer capítulo de Pirkéi Avót o la Sabiduría de los ancestros de la Mishná comienza diciéndonos: «Moshé recibió la Torá desde Sinai y la transmitió a Ieoshúa, éste a los ancianos y ellos a los profetas quienes la transmitieron a los hombres de la Gran Asamblea o Knéset Hagdolá».

Rabí Ovadia de Bartenura, el comentarista clásico de la Mishná (siglo XV), nos dice que el texto tiene como objetivo hacernos saber que estos principios de conducta no son producto de la imaginación personal de nuestros Sabios.

El Tanaíta Rabí Iehudá Hanasí comenzó diciendo «Moshé recibió la Torá desde Sinai», para hacernos saber que estos Principios no fueron inventados, sino que se basan en la transmisión ininterrumpida a través de una cadena de maestros y discípulos que se pierde en los albores de los tiempos.



Así como el conocimiento científico se basa en des-cubrir los principios de la naturaleza y no en inventarlos, asimismo sucede con los principios espirituales, los sabios y profetas los des-cubren.

Si un niño ignora el peligro a que se expone si introduce su mano en el fuego, éste actuará independientemente de su creencia y/o conciencia.

Sabiduría es el conocimiento objetivo de relaciones de causa-consecuencia y no lo que creemos o dejamos de creer.

Cuando la Torá nos advierte acerca de las consecuencias de la codicia, el robo, el asesinato, la promiscuidad, etc.

no está enseñándonos simplemente moral, nos enseña los fundamentos esenciales que sostienen cualquier sociedad y que de no ser respetados terminan por destruirla.

Culturas e imperios como Egipto, Grecia, Roma y en los tiempos modernos el tercer reich terminaron destruyéndose a causa de no implementar esos principios altruistas y civilizadores, fundamentos de toda sociedad.


Torá y psicoanálisis
Freud «des-cubrió» varios milenios después que la Torá lo formuló- que la energía del deseo es la que mueve todos los procesos de la vida.

Freud hizo tomar conciencia al hombre moderno de sus fuerzas primigenias «liberándolo de todo prejuicio».

Freud articuló toda su concepción basado en el lenguaje en que se educó, así la mitología griega fue el medio a través del cual transmitió sus ideas.

Los dioses griegos, así como casi todas las deidades mitológicas de las diferentes tradiciones (inclusive los dioses categóricos y filosóficos de Aristóteles) descienden del Olimpo y actúan en forma completamente contraria al ideal de sociedad y familia que nos propone la Torá.

Los sistemas idólatras y paganos, como el nazismo, adaptan la realidad espiritual a las debilidades humanas.

Sus deidades no son modelos dignos de imitar, por el contrario, son el máximo exponente del instinto y la perversión.

Freud le hizo recordar al hombre su desafío arquetípico.

Así como la serpiente incita a Javá a comer del árbol prohibido ?el del conocimiento del bien y del mal- Freud le devuelve al hombre moderno su contacto con lo esencial.

La serpiente hace razonar a Javá y le dice que es ridículo pensar que HaKadósh Barúj Hú creó algo malo para el hombre.

Lo que dice la serpiente es verdad siendo que todo fue creado con Sabiduría y bueno en su tiempo.

Lo que no le dice la serpiente es que para comer de ese árbol debe adquirir la Sabiduría-Torá para saber cuándo y cómo ingerir «el fruto».

Freud destruye casi 2000 años de prejuicios y falsa moral, le dice al hombre que no tenga miedo del deseo, pero Freud no conocía en profundidad la Torá y menos aun la Sabiduría Interior de Israel -la Kabalá- por lo cual libera una fuerza que él mismo no conoce hasta sus últimas consecuencias.

Freud enfrentó al hombre a si mismo, pero lo dejó desnudo, lo confrontó a modelos que no consiguen armonizar sus instintos y deseos para consolidar una sociedad sana y justa.