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Este psiquiatra es una lupa sobre los trastornos graves de personalidad. Ideó un tratamiento que se aplica en Barcelona.

El Periodico Sociedad. / Domingo, 3 de Abril del 2016

En el centro de Estados Unidos, en Topeka (Kansas), una familia, los Menninger, abrió un hospital psiquiátrico para tratar, estudiar y enseñar qué pasa en el cerebro que nos distancia de la salud mental. Allí aterrizó en 1961 Otto Kernberg (Viena, 1928) con 33 años y un gran interés por el psicoanálisis y, desde entonces, por los trastornos graves de personalidad. Para tratarlos creó la Psicoterapia Focalizada en la Transferencia (PFT). La aplica en el Personality Disorders Institute de Nueva York que él mismo dirige y con el que el Grup-TLP Barcelona colabora.

-¿Qué le llevó a estudiar Psiquiatría? Mi primer estímulo fue un tío mío, Manfred Sakel, el psiquiatra que descubrió el tratamiento insulínico de la esquizofrenia. Mi mamá iba a verle cada vez que yo tenía algún problema en la educación. El psiquiatra estaba presente en la tradición familiar. Pero quien me entusiasmó por ello fue, en Chile -donde Kernberg y su familia judía emigraron tras la ocupación nazi de Austria- el profesor Ignacio Matte Blanco, probablemente el mejor psiquiatra de Latinoamérica,

-¿Qué es un trastorno de personalidad? Hablamos de él cuando los rasgos de carácter y conductas habituales se transforman de manera tan rígida que limitan significativamente el funcionamiento social.

-¿Cómo se establece ese límite? Estudiando el funcionamiento de la persona en diferentes áreas: trabajo y profesión; amor y sexo, y amistad y relaciones y creatividad. Si una persona tiene habitualmente constantes problemas con los demás, se cansa, siempre se pelea con sus superiores, eso es trastorno de la personalidad (TDP).

-En relaciones sexuales ¿qué lo apunta? En las relaciones íntimas, se combinan libertad, erótica y ternura, lo psíquico y lo sexual. Las personas con TDP pueden tener inhibiciones graves sexuales; o funcionan bien sexualmente, pero tienen inhibición emocional, incapacidad de amar a la persona con la que tienen una vida íntima.

-¿Qué le atrajo tanto para estudiarlo? Quería ayudar a pacientes con trastornos graves de personalidad que, en realidad, se han descuidado porque no son tan graves como para hospitalizarlos. Son capaces de manejar su vida cotidiana, pero tienden a la conducta antisocial, o escapan de la vida interpersonal a través de drogas, alcohol u otras adicciones, y tienen dificultades en el trabajo o estudios, pues no son capaces de tomar responsabilidades sin supervisión.

-¿Cuál es el origen de trastornos así? Su falta de integración del concepto de sí mismo y del otro, la capacidad que tenemos normalmente, que ni nos damos cuenta, de sentir que tenemos una continuidad interna, somos los mismos a través del tiempo. Ellos juzgan a las personas de acuerdo con su conducta inmediata, tienen dificultad para hacerse una imagen más profunda de sí mismo y los demás.

-¿Por qué no conciben esa integridad? Desde que nacemos, nos orientamos hacia los demás movidos por nuestros afectos, positivos y negativos. Los primeros años se vive la experiencia de lo positivo y de lo negativo por separado. La capacidad cognitiva va creando la idea de que yo soy el mismo contento y triste. Pero cuando en ese proceso normal de unión interfiere un exceso de frustración o agresión, deja esa escisión permanente entre experiencias positivas y negativas, que impide integrar el concepto de sí mismo y el de los demás.

-¿Como ayuda a esas personas la PFT? Permitiendo al paciente activar en las sesiones sus estados totalmente negativos y positivos, para ayudarle a entender sus extremos y tolerarlos, como a él mismo.

-¿Hay muchas personas con TDP? Se calcula que hay un 20% de población con trastorno de personalidad, el 3% grave.

 

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