El arte, un modo de deshabitar el mundo de las horas y segundos en el tiempo sin manecillas que tan solo acontece.
Allí, en el punto mismo de lo sagrado una hendija de asombro traza su estela en lo real de la existencia ...
un silencio, una luz, un corte.
Una forma se presenta.
Pero entonces ¿qué es esa forma? Será actividad, será lo que a la figura falta y a la vez lo que la hace posible.
Si una forma se presenta habrá obra de arte, habrá pintura, obra musical, fenómeno teatral, poesía ...
escultura.
Pero esa forma que hizo posible una luz entre los rizos del viento no será el vuelo que el brazo dibuje en el espacio, sino el alma que produjo su danza.
Será lo que la mancha al cuadro.
He aquí la ética creadora que hará posible una producción estética.
Este acto creador será la belleza pero no lo bello, en tanto belleza como pura actividad y lo bello como figuración realizada.
El estilo será el modo en que esa ética de UN SUJETO se escriba.
Cuando Nietzsche nos habla del origen de la tragedia responde a Shopenhauer respecto a qué es la tragedia.
Si el segundo dice: "Es aquello que otorga alas a lo trágico para remontarse hasta lo sublime", el primero se revela alegando que la tragedia no es sino ese encuentro del mundo apolíneo y dionisíaco.
Diferencio aquí lo sublime de la sublimación como un saber hacer que permitirá al artista en su acto creador firmar su existencia, pulsión de muerte no ligada a las representaciones que lo conforman produciendo un acto sin cálculos pero sin consecuencias.
Con relación a estos fenómenos artísticos inmediatos de la naturaleza, es decir, ya sea el artista del ensueño apolíneo ya sea el artista de la embriaguez dionisíaca, o -en la tragedia griega- a la vez el artista de la embriaguez y el artista del ensueño".
Así es como debemos considerarle cuando exaltado por la embriaguez dionisíaca hasta el místico renunciamiento de sí mismo, se abandona solitario, se aleja de los coros delirantes, y por el poder del ensueño apolíneo, su propio estado, es decir su unidad, su identificación con las fuerzas primordiales más esenciales del mundo, se lo revela como una misión simbólica" ...
"La música de Apolo era una construcción sonora de arte dórica, cuyos sonidos estaban fijados de antemano como los de la cuerda de la cítara.
La esencia misma de la música dionisíaca y de toda la música, la vilencia conmovedora del sonido, el torrente unánime de la melodía y el mundo incomparable de la armonía, éstos elementos fueron cuidadosamente separados como no apolíneos.
En el ditirambo dionisíaco el hombre se siente arrastrado a la más alta exaltación de todas sus facultades simbólicas, descubre y siente que requiere expresar algo que jamás hasta entonces había experimentado: la destrución del velo de Maia, la unidad como genio de la especie, de la naturaleza misma.
De ahora en adelante la esencia de la naturaleza se expresará simbólicamente ...
para comprender el desencadenar simultáneo de todas las fuerzas simbólicas el hombre debe haber alcanzado ya ese grado de renunciamiento que quiere proclamarse simbólicamente en esas fuerzas.
El teatro puede sostener la dimensión del arte apuntando en su texto a un decir acerca de lo social o lo político, en tanto no lo convierta en un decir ideológico, perdiendo su trazo irrepetible en las repeticiones de una configuración enlazada al ideal, trocando esa posibilidad del arte en una mera muestra que apunte al consenso de TODOS, en un consentimiento por lo igual, creando el engaño de un IDEAL COMÚN.
El arte tendrá que ver con perder las figuraciones para enfrentarse con la relación de ese inmemorial en su historia, más allá de los hombres, de la historia, de la ideología, pero no sin los hombres, la historia y la ideología.
Propondrá un exceso al grupo en tanto se ubique en ese punto éxtimo e íntimo respecto al mismo, en tanto ruptura de las figuraciones que ordenan lo social en esa época, como quiebre de una estética cuyo saber interrogará.
Si un artista además de sostener esa nada en su acto produce en los otros sujetos, espectadores, algún trazo único, UNO a UNO -Je del Inconciente- que rompa ese lazo que los hacía comunes en la tramitación de un ideal como velo a una identificación, habrá no una HUELLA COMÚN sino una HUELLA SINGULAR para cada uno de esos UNO.
Si un acto artístico es corte en la diacronía de los hombres sentados a la espera, habrá fin a esa espera, habrá instante, acontecimiento.
El sujeto de la poética producirá su revelación, y el Otro, el poeta o quien lo lea, rasgará su ser con su marca única o tan solo descansará en los trajes de su apariencia.
Pensar lo original, irrepetible, lo único en el arte, no implica hacer de la tradición un recuerdo de lo que hubo para que siga habiéndolo, sino rescatar algo de ésta en la posibilidad de la conmemoración de esa historia inmemorial de la raza.
Lo otro es lo comúnmente llamado artista tradicional que apunta a la copia de lo antiguo.
M.
Basho, poeta japonés, refleja en uno de sus haikus: "No sigo a mis antepasados / busco lo que ellos buscaron".
El sujeto del psicoanálisis tampoco rescataría la diacronía de su historia como el viajero que camina hacia atrás, sino que producirá su historia actual en ese modo particular del hombre que sentado en el tren en posición inversa capta algo de lo que pasó en el "avance hacia", más claramente, en ese corte que no es ni lo uno ni lo otro, en esa otra escena que la conciencia, en ese instante, donde la temporalidad es tiempo.
Dice Peter Brook, director de teatro: "Una palabra no comienza como palabra, sino que es un producto final que se inicia como impulso, estimulado por la actitud y conducta que dictan la necesidad de expresión.
Este proceso se realiza dentro del dramaturgo y se repite en el actor.
Tal vez ambos son solo concientes de las palabras pero tanto para el autor como para el actor la palalbra es una parte pequeña y visible de una gigantesca formación invisible.
Algunos intentan remarcar su significado e intenciones con acotaciones y explicaciones escénicas, sin embargo se dan cuenta que el único modo de encontrar el verdadero camino para la pronunciación de una palabra es mediante un proceso que corre parejas con el de creación original".
La palabra ya no es un número ni una combinación alfabética, la palabra es música, tal vez lo más cercano al silencio que la ha parido.
Como dice Víctor Hugo, aquello que no puede decirse y todo lo que es imposible de callar lo expresa la música.
Acaso las palabras pueden durar pero no lo que dicen las palabras, aunque ellas se repitan infinitamente.
Cuando Juan Cambre, pintor, cuenta que desde hace tres años repite como tema en sus obras la vasija donde mezcla los colores, habla de la libertad que esta repetición le otorga respecto a jugar con su pintura.
Esto es, la repetición como el modo de no ceder a la reiteración, la insistencia de la diferencia que deja a un lado la eternidad de lo igual para que su mano pinte.
Si el mundo solo se justifica como un hecho estético, es en la ruptura de la estética de una época y a partir de un corte en ella que se producirá una nueva estética, una nueva moral, en ese momento histórico.
Freud nos acota: "El goce de la belleza posee un particular carácter emocional embriagador.
La belleza no tiene utilidad evidente ni es manifiesta su necesidad cultural, y sin embargo la cultura no podría prescindir de ella.
La ciencia de la estética investiga las condiciones en las cuales las cosas se perciben como bellas, pero no ha logrado explicar la esencia y el origen de la belleza, y como de costumbre su infructuosidad se oculta con un despliegue de palabras muy sonoras pero pobres de sentido".
A veces lo bello de una época se cristaliza de modo tal que su estandarización lo promueve a un significante del estatus social.
La revolución industrial con el exceso del valor de uso trajo aparejado al valor de cambio.
Dice Benjamín: "Cada día cobra una vigencia más inconmesurable la necesidad de adueñarse de los objetos en la más próxima de las cercanías, en la imagen, más bien en la copia, en la reproducción ...
en la imagen, singularidad y la perduración imbricadas una en otra de manera tan estrecha como lo están en aquélla la fugacidad y la posible repetición.
Quitarle su envoltura, triturar su aura, es la asignatura de una percepción cuyo sentido para lo igual en el mundo ha crecido tanto que incluso por medio de la reproducción le gana terreno a lo irrepetible.
La orientación de la realidad a las masas y viceversa es un proceso de alcance ilimitado tanto para el pensamiento como para la contemplación".
Agregaría Peter Brook: "1.946.
En el esqueleto carbonizado de la Ópera de Hamburgo sólo quedaba el escenario y sobre él se congregaba el público, mientras que en una tarima delgada como una oblea adosada a la pared, los cantantes subían y bajaban para interpretar El Barbero de Sevilla.
En una minúscula buhardilla se apiñaban cincuenta personas, mientras que en los centímetros de espacio que quedaban, un puñado de excelentes actores seguía ejercitando resueltamente su arte.
En un Düsseldorf en ruinas, un Offenbach menor, con contrabandistas y bandidos, llenaba el teatro con delicia.
No había nada que discutir, nada que analizar: ese invierno en Alemania el teatro correspondía al hambre.
Pero ¿Qué era esta hambre? ¿Era hambre de lo invisible, hambre de una realidad más profunda que la forma más plena de la vida cotidiana, o era hambre de las cosas que faltaban a la vida, hambre en fin de un amortiguador de la realidad?" ¿Se trata de la satisfacción de una necesidad o del enfrentamiento con el deseo?
Freud escribe: "Diríase que es un cuento de hadas esta realización de todos o casi todos sus deseos fabulosos, lograda por el hombre con su ciencia y su técnica ...
Todos estos bienes puede considerarlos como conquistas de la cultura.
Desde hace tiempo se había forjado un ideal de omnipotencia y omnisapiencia que encarnó en sus dioses ...
ahora que se encuentra muy cerca de alcanzar este ideal, casi ha llegado a convertirse el mismo en un dios ...
ha llegado a ser por así decirlo, un Dios con prótesis".
¿Será la magia de los dioses la impotencia de los hombres? Y el poder de su prótesis ¿Será el quiebre de sus alas?
Dios crea a Adán y a Eva.
La serpiente la tienta a comer el fruto prohibido aduciendo que devorándolo podría ser igual a Dios, como Dios.
El demonio tienta a Eva y ésta a Adán.
Ambos comen de la manzana y Dios se enfurece.
Envía un fuerte viento, momento en el que Eva y Adán se dan cuenta, y ahí saben de su desnudez e intentan tapar sus cuerpos.
Dios los destierra del paraíso.
Mas Dios es ÚNICO, por tanto ¿Cúal sería la prohibición? El hombre es creador a imagen y semejanza de Dios, lo prohibido es: ¿Que sean igual a él, ÚNICO? o ¿Que intenten la igualdad porque no hay posibilidad de lo único para cada uno allí donde se piensen iguales?
El actor puede simular ser un personaje a imagen y semejanza de él o jugar su acto creador para producir su personaje en ese acontecimiento único.
Luego repetirá su creación en cada ensayo, en cada función y sin embargo siempre será otra su actuación, es que se trata de una repetición que repite el posible de esa repetición, modo en que su actuar sostendrá la originalidad.
El actor entonces vá mas allá de aquel Dios para enfrentarse a lo ÚNICO que es convicción de su exsistencia, su propia marca, encontrará allí que Dios es lo imposible, lo impronunciable.
El nombre del padre será verdadera sublimación.
Nietzche considera a un Dios artista que a diferencia del cristiano será un dios inmoral.
Planteando la ciencia como síntoma de la vida considera al espíritu científico como catalizador del pesimismo y astucia del hombre contra la verdad.
Nos propone considerar la ciencia con la óptica del arte, y el arte con la nueva óptica de la vida.
Si para al ciencia la dignidad de la vida es ser estudiada para el arte la vida es digna de ser vivida.
¿Podría el psicoanálisis pensarse como una nueva óptica de la vida? Dice Alejandro Ariel: "Solo si el analista puede ocupar el lugar de la cara podrá mostrarle al analizante la máscara que es la vida".
La belleza tendrá que ver con la renuncia a verse u oirse en los otros.
Así el analista no es sublime sino sublimación, despojado de sus vestiduras y olvidado por la cronología que lo fotografiaba solo mantiene la dimensión del inconciente.
Si el arte es un despertar al adormecimiento de los hombres, es porque su propósito no es el sueño ni la vigilia.
No es un modelo, un dogma, o una respuesta tranquilizadora para los que esperan allá lo que otrora les ofrendó la ciencia o la religión.
Quienes así lo intenten seguirán ciegos ante la sórdida especularidad de una música ajena, porque ...
el arte no tiene dueños ni servidores, no acapara votos de la mayoría ni convoca amigos o enemigos, simplemente es un imprevisto de la pasión, un destino que nos sale al paso sin que sepamos de donde viene.
BIBLIOGRAFÍA.
ALEJANDRO ARIEL y CARLOS COBAS: "El Estilo y los límites".
SIGMUND FREUD: "El malestar en la cultura".
PETER BROOK: "El espacio vacío".
F.
NIETZCHE: "El origen de la tragedia".
W.
BENJAMÍN: "Discursos interrumpidos 1".