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Psiquiatras ratifican que el ataque de un esquizofrénico «es poco frecuente, aunque terrible por lo absurdo

LA NUEVA ESPAÑA.


Resumen                                                    
«El enfermo mental no es de una gran peligrosidad, y eso lo sabemos los expertos.

Lo que ocurre es que cuando tienen conductas violentas, como ocurrió en Gijón hace casi un año, tienen ese componente tan inexplicable, absurdo y aparatoso, que las hace espectaculares y terribles.

Pero la población debe tener claro que esos sucesos son poco frecuentes».

Miguel Roca Bennassar, profesor titular de Psiquiatría de la Universidad de las Islas Baleares, y responsable de la unidad psiquiátrica del Hospital Juan March de Palma de Mallorca, presentó a principios de semana en Madrid el primer gran estudio epidemiológico que se hace en España sobre esquizofrenia.

Un estudio que ha servido para desbrozar el perfil fundamental de los enfermos que se encuentran a tratamiento en España, tanto en la red pública como en la red privada.

Enfermos como Ramón del Barrio, gijonés de 33 años, en los que la enfermedad se suele declarar pronto (la mayoría tiene su primer diagnóstico entre los 17 y los 25 años), y en quienes el efecto suele ser «demoledor», dicen los expertos, por la falta de relaciones sociales, de motivación y de vínculos con el entorno que provoca.

Del Barrio fue presa en julio del pasado año de una de las alucinaciones que más atenazan a los enfermos, y cuando su madre daba gracias porque por fin a su hijo le apetecía salir de casa tras semanas de aislamiento e incomunicación, degollaba en el parque Isabel la Católica al pequeño Borja Solar «por mandato divino».

El primer estudio epidemiológico nacional no incluye ningún dato referido a los enfermos que han abandonado los tratamientos, como Ramón del Barrio, que llevaba años apartado del sistema de salud.

Sin embargo, de ese perfil se sabe la importancia de las familias, el entorno en el que vive el 90 por ciento de los enfermos.

Como del Barrio, que vivía solo con su madre en el domicilio familiar de El Coto.

«Los datos que hemos recogido son importantes, porque tenemos un perfil clínico como no se tenía antes.

Introduce una radiografía nueva de cómo se está abordando la esquizofrenia en España, y el trabajo que nos puede quedar por delante es muy importante.

Hay que sentarse, entre otras cosas, con las asociaciones de familias, con las que estamos muy en contacto, y ver la mejor forma de abordar el acercamiento a los enfermos.

Desde luego, da pistas buenas para replantearse la intervención con los enfermos con más garantías de continuidad en los tratamientos», apuntó Miguel Roca.

Roca, quien presentó el estudio «Abordaje clínico de la esquizofrenia en España» conjuntamente con Fernando Cañas, del departamento de psiquiatría del Hospital Lafora de Madrid, y Ángel Luis Montejo, del servicio de psiquiatría del Hospital Clínico Universitario y coordinador del área 4 de salud mental de Salamanca, se plantea ese trabajo como la puesta en marcha de un «verdadero observatorio de la esquizofrenia en España».

Algo que muy pocos países tienen en marcha.



El experto, conocedor de la angustia generada en Gijón tras el brutal suceso, ratificó que «la previsibilidad de esos hechos es muy baja.

Son más habituales los suicidios -hasta un 10 por ciento entre la población esquizofrénica- y las tentativas que el ataque a otros».