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Un mal que se disfraza de estrés

El Mercurio

El diagnóstico de esclerosis múltiple se realiza con resonancia magnética.


Unos mil chilenos ignoran que padecen esclerosis múltiple.


Una depresión o un cuadro de estrés.

Ése es el primer diagnóstico que reciben muchos pacientes que llegan al médico debido a un fuerte estado de fatiga, adormecimiento esporádico de las articulaciones o trastornos visuales que duran unos días y desaparecen misteriosamente.

Sin embargo, lo que podría esconderse en muchos de estos casos es una esclerosis múltiple (EM).


Esta enfermedad neurodegenerativa y discapacitante se manifiesta principalmente entre los 20 y 40 años, afecta a dos mujeres por cada hombre y se caracteriza por síntomas intermitentes como fatiga, visión borrosa, entumecimiento, pérdida del equilibrio y parálisis.

Normalmente, los pacientes sufren brotes que luego de unos días desaparecen y vuelven a reincidir de manera cíclica.


En Latinoamérica, la EM afecta a 15 personas por cada 100 mil habitantes.

Por esa razón, explica la doctora Jacqueline Scherpenisse, asesora de la Corporación Chilena contra la Esclerosis Múltiple, se cree que en Chile hay unas tres mil personas afectadas.


"Sin embargo, de acuerdo con nuestro catastro hay 1.900 pacientes diagnosticados.

Es decir, cerca de mil personas tendrían la enfermedad y no han sido detectadas", advierte la neuróloga, quien participó en el seminario internacional "Eficacia en el Manejo del Paciente con EM".


En Chile, la falta de acceso a exámenes de resonancia magnética dificulta el diagnóstico, especialmente en el sistema público de salud.

Por eso, el 78% de los pacientes diagnosticados se encuentran en el sistema privado.


"Es en el público donde se encuentra el mayor número de casos subestimados", explica.


Síntomas variados


El doctor Orlando Garcea, jefe de Neuroinmunología Clínica del Hospital J.M.

Ramos Mejía, de Buenos Aires, agrega que en el subdiagnóstico influye también el que los síntomas son variados, lo que lleva a las personas a consultar primero a otros especialistas, como oftalmólogos o psiquiatras.

"Los pacientes son diagnosticados recién tres a cuatro años después de presentar los primeros síntomas", dice Garcea.

Mientras más precozmente se inicie el tratamiento, mejores serán los resultados a largo plazo.


Actualmente no existe una droga para curar el mal, pero los brotes pueden reducirse gracias a la terapia con interferones.

Se trata de proteínas inyectables que reducen el daño de la mielina, capa protectora de las fibras nerviosas, y cuya destrucción gatilla los agravamientos o recaídas.


El tratamiento mensual tiene un costo de US$ 1.000 y no está cubierto por Fonasa.

De ahí que sólo el 15% de los pacientes acceda a la terapia.

Sin embargo, gracias a la Corporación Chilena contra la EM se ha logrado que ciertas isapres cubran hasta el 80% del tratamiento.

La corporación ofrece asistencia a los pacientes en el teléfono 635 6108.