
Hace ahora 25 años, nacieron en China los primeros seis millones de niños bajo la revolucionaria política de natalidad del "hijo único" que sólo autorizaba un vástago por pareja en las zonas urbanas y dos, si el primero era mujer, en el campo.
Desde entonces, Pekín ha defendido a ultranza su estrategia como eslabón básico del desarrollo del país, pero ya han comenzado a alzarse voces críticas por las secuelas de la política: el envejecimiento galopante de la población y las actitudes más egoístas e independientes de los jóvenes actuales.
"Los jóvenes que crecieron como hijos únicos están más centrados en sí mismos, menos preocupados por los demás, y son incapaces de cuidarse a sí mismos o a otros, lo que choca con el modelo tradicional de la familia china", opina Yuan Xin, profesor de Psicología de la Universidad de Nankai.
Poco preparados ante las adversidades
Se suelen casar tarde y con parejas de su elección, gracias a la mayor libertad que existe en China actualmente, pero también se encuentran con un montón de problemas para los que no están preparados, según los expertos.
Li Qiming, una joven de 25 años, reconoce no tener prisa por casarse con su novio ya que "sólo llevamos un año trabajando.
Como tenemos tan poca experiencia en la vida, preferimos esperar".
Una carrera estable y buenos ingresos son los dos argumentos principales para que los jóvenes chinos pospongan el matrimonio durante años, y muchos sólo se casan cuando deciden tener un hijo.
Necesitan dinero para el banquete de bodas, pero también para comprar un piso, los muebles, los electrodomésticos o un coche, objetos ambicionados por la creciente clase media del país, embarcada en un consumismo desenfrenado.
Precocidad sexual
Además, la mentalidad más abierta de la sociedad actual permite la precocidad sexual y cada vez menos chinos llegan vírgenes al matrimonio, mientras otros conviven antes de casarse y los hay que ni siquiera desean contraer matrimonio ya que no quieren tener hijos.
Una vez casadas, las parejas de hijos únicos se tienen que enfrentar a los retos de la vida diaria, al trabajo del hogar, y al estrés de no ser ya el centro de atenciones y mimos de sus padres.
"Cocinar la cena se ha convertido en la pesadilla diaria", reconoce Zhang, una joven que lleva menos de un año casada con su eterno novio, a la agencia Xinhua.
Comer, cenar y planchar, en casa de mamá
Un estudio realizado entre cien parejas de hijos únicos en la ciudad de Tianjin revela la magnitud del problema: el 20% contrata personal externo para hacer las tareas de la casa, un 80% va frecuentemente a cenar a casa de sus padres para no tener que cocinar y el 30% sigue llevando la ropa sucia a sus madres.
Su falta de experiencia en compartir y de paciencia en el cuidado de los niños o ancianos, es otro de los retos en el camino, y muchas parejas adineradas optan por confiar la educación de sus hijos a instituciones privadas o a los abuelos.
"Sin el apoyo de la ética tradicional y los vínculos de sangre de las grandes familias, las nuevas parejas son más como uniones flexibles, fáciles de formar y fáciles de romper", opina Pan Yunkan, director del Instituto de Sociología de la Academia China de Ciencias Sociales.
Cada vez más divorcios
Reconoce el experto que los matrimonios de ahora son de "mayor calidad" que los de antes, porque los jóvenes eligen a sus parejas y se casan por amor, pero su escaso compromiso y poca preparación para los altibajos de la vida hace que cada vez más se divorcien.
En la ciudad de Tianjin, un 10% de las parejas se divorcia antes de que pase el primer año, mientras que toda China ha visto un aumento del 11,5% en 2003 hasta alcanzar la cifra de 1,33 millones anuales, según datos del Ministerio chino de Asuntos Civiles.