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Las niñas tienen una mayor resistencia a padecer trastornos mentales debido a factores biológicos

Terra Sociedad



En los primeros años de vida, trastornos como el autismo, la hiperactividad, los comportamientos disociales o los trastornos de aprendizaje son más frecuentes en niños que en niñas.

En cambio, en la adolescencia, las variaciones hormonales propias de la pubertad de ellas las hacen más vulnerables a los trastornos depresivos y al impacto de los acontecimientos vitales.



Esta es una de las conclusiones a las que, pese a que no hay estudios concluyentes a este respecto, parecen haber llegado los psiquiatras reunidos en el IX Congreso Nacional de Psiquiatría en Pamplona, según trasladó su gabinete de prensa.

También se concluye que las niñas tienen una protección natural frente a los trastornos de salud mental.


La doctora Carmen Ballesteros, jefe de la sección de Psiquiatría Infantojuvenil del Hospital Clínico universitario de Valladolid, explicó que en los primeros años de la vida hay más trastornos mentales y de comportamiento en los niños que en las niñas.

"En esta etapa de la vida estos trastornos tienen una causa de carácter fundamentalmente biológico y son claramente más frecuentes en los varones que en las niñas", dijo.

La genética y la bioquímica marcan los trastornos mentales en la primera infancia, por lo que parece que las niñas tengan una especie de protección natural que les confiere cierta resistencia frente a este tipo de patologías.

Sin embargo, en la adolescencia, con la pubertad, las cosas ya no parecen tan claras.


"En la adolescencia", comentó la doctora Ballesteros, "en las niñas empiezan a aparecer los trastornos depresivos en un porcentaje mucho más alto que en los niños, con una proporción de al menos dos a uno".

Se cree que esto es debido a factores diversos (biológicos, psicológicos y sociales)".


La menarquia, es decir, la primera menstruación, marca el punto de inflexión.

Según explicó, se han hecho estudios en los que se concluye que el nivel hormonal influye en la aparición de depresiones y en la repercusión que los acontecimientos vitales adversos tienen en las niñas, que reaccionan a los mismos con cuadros depresivos de un modo más frecuente que en los niños.


"Es como si los niveles hormonales las hiciese más vulnerables a los acontecimientos adversos o a ciertos factores de riesgo.

De hecho, los acontecimientos somáticos son más frecuentes en mujeres que en varones", dijo.


Las niñas desarrollan la agresividad en la adolescencia, aunque con unas pautas diferentes a los varones o al menos con una menor intensidad.

La familia y la educación que los padres imparten a sus hijos es un factor importante.

La genética tiene su importancia, pues existen factores heredables.

Pero, como indicó la doctora Ballesteros, "también el modo en que se educa puede ser importante.

Es necesario que los padres y los profesores se impliquen directamente en el modelaje, lo que supone poner normas, transmitir valores, inculcar criterios de seguridad, confianza o responsabilidad, etc.


En su opinión, el actual problema del acoso escolar es una muestra de este problema educacional, en el que muchos padres y profesores no asumen su función educativa y la necesidad de vigilancia para detectar este tipo de comportamientos.