Que los niños simulen violencia jugando es normal.
"Pero cuando eso pasa a ser real y causa daño, hay que actuar antes que derive en conductas antisociales", dice la sicóloga Verónica Pérez.
Enseñar al niño a expresar sus emociones y a autocontrolarse es clave para evitar que se convierta en un adolescente agresivo, realidad que los profesores viven a diario.
El 30% de los alumnos de primero básico tienen o han tenido conductas agresivas.
Al menos así lo perciben los profesores, según los resultados de un estudio efectuado el año 2004 en varios colegios de la zona oriente de la Región Metropolitana.
La investigación, realizada por la escuela de sicología de la Universidad del Desarrollo, hizo un seguimiento de esos mismos alumnos durante la aplicación de un programa preventivo y el resultado fue una disminución cercana al 50% de la cantidad de niños que eran percibidos como agresivos o violentos.
"Los números reflejan que la violencia se puede prevenir, pero también que el nivel de ésta es bastante alto, según lo perciben los mismos profesores", dice la psiquiatra Flora de la Barra, una de las autoras del estudio.
Detectar a tiempo
Y la realidad así lo demuestra.
De hecho, hace poco más de una semana un adolescente murió en Illapel en manos de un compañero de curso en un ajuste de cuentas por un altercado que habían tenido en la sala de clases.
La lista suma y sigue.
"El problema es que la violencia no empieza en la adolescencia, ni tampoco en la edad escolar, sino que es algo que se ve desde los primeros meses o años de vida", explica la psiquiatra.
De ahí la importancia de que tanto padres como profesores actúen a tiempo para prevenir, ya que, según el sicólogo infantil Felipe Lecannelier, las personalidades violentas no sólo se acentúan con la edad, sino que se hacen más difíciles de tratar.
A juicio de Lecannelier, lo primero que hay que saber es que violencia no es lo mismo que agresividad.
"Todos somos agresivos por naturaleza cuando nos sentimos amenazados o frustrados.
Violencia, en cambio, es actuar queriendo producir daño y sin que haya algún estímulo externo que lo provoque.
Es el típico niño que saludas y te contesta con un manotazo".
Si bien el nivel de agresividad tiene un componente genético, el ambiente también influye, y es por eso que se deben tomar medidas apenas se detectan rasgos de agresividad.
Esto se puede ver, según los expertos, desde los primeros años de vida, y especialmente cuando el niño asiste al jardín.
"Si le pega a los compañeros todos los días, entonces es un niño violento".
Lecannelier hace hincapié en esto porque, en su opinión, muchos padres se niegan a aceptar que sus hijos tengan problemas.
"Generalmente llegan derivados por la parvularia", agrega.
A partir de ahí, lo más importante es que los papás consulten, "porque hay que enseñarle al niño a autocontrolarse y a los padres a manejar esos ataques".
Y, aunque suene repetido, no reaccionar frente a él con más violencia: "Hay que contener al niño, enseñarle a autocontrolarse, aunque sea abrazándolo fuerte".
Agrega que llamarles la atención en forma extremadamente severa o dura no hará más que producir más rabia en el niño. "Uno no sólo puede, sino que debe retarlos.
Pero hay que tener criterio y eliminar los gritos descontrolados y todas aquellas cosas que los puedan asustar".
Otra arma eficaz para aplacar las iras de los violentos es la empatía.
"Si el niño te pega, hay que decirle que eso te dolió; incluso puedes poner cara de dolor.
La idea es que entienda que sus acciones tienen consecuencias sobre los demás", explica.
Eso sí, nada ha demostrado ser más eficaz que la prevención. Según Flora de la Barra, esto se puede hacer observando cómo se desenvuelve el bebé desde el principio.
"Los que son más llorones o irritables ya están dando luces de tener un temperamento más agresivo y, por ende, con más posibilidades de volverse violentos".
En esos casos, lo mejor es evitar exponerlos a estímulos demasiado fuertes.
"Por ejemplo, no poner la televisión o la radio con mucho volumen, no gritar ni hablar muy golpeado.
En general, cuidar que el ambiente sea lo más tranquilo posible", aclara.
Según Lecannelier, en estos casos es más necesario que rutinas y horarios se cumplan rigurosamente.
"Como son niños más sensibles, necesitan ese orden para sentirse calmados y seguros", agrega.
En general, los especialistas recalcan la importancia del apego como uno de los factores que pueden determinar si será violento o no.
"Las mamás ansiosas, que sobrerreaccionan ante todo, que se angustian y las que no atienden las necesidades emocionales del niño por desorganización o por depresión, también pueden predisponerlo a conductas violentas".
Programa pacificador
Actualmente existen varias iniciativas para prevenir la agresividad en escolares.
Una de ellas es el "Juego del buen comportamiento", el cual comienza en primero básico y se evalúa hasta sexto.
"Se divide al curso en grupos heterogéneos y se les dan reglas claras y básicas de buena conducta.
Si alguien del grupo falla, se le hace una cruz, y al final el grupo que tiene menos cruces recibe un premio", explica la sicóloga y una de las impulsoras de la idea, Verónica Pérez.
Este proyecto se aplica desde el año 2000, y, según cuenta, ya ha mostrado buenos resultados.
TESTIGOS
UN 28% de los alumnos de 7ª a 4ª medio afirma presenciar hechos de violencia al menos una vez por semana, según un estudio realizado en 2004 por la UNICEF.