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Familia y adolescencia: Cuando el primer pololo(a) toca la puerta

AMALIA TORRES. El Mercurio

Las visitas de la primera pareja del hijo(a) son complicadas para los padres. ¿Qué hacer cuando se encierran en el dormitorio? ¿Mejor exigirles que conversen en el living? Aquí algunas sugerencias para fijar límites.

Las visitas de la primera pareja del hijo(a) son complicadas   para los padres.

¿Qué hacer cuando se encierran en el dormitorio? ¿Mejor exigirles que conversen en el living? Aquí    algunas sugerencias para fijar límites.

 

Desconcierto al ver a su hija -una niña para los ojos paternos- llegar de la mano de un chico.

Incomodidad al exigirles que se queden en el living bajo su estricta vigilancia.

Rabia por no saber cómo enfrentar la situación y miedo por pensar que la van a perder.

Inseguridad al imaginarse qué haría la joven pareja si estuviera sola.

 

 

Ése es el cóctel de emociones que se tragan muchos padres al saber la noticia de que su hijo o hija adolescente tiene su primera relación amorosa.

 

 

"La aparición de un pololo va a significar cambios en la casa, pero la idea es que la familia sepa integrar a este nuevo personaje de la manera más normal posible", admite el sicólogo familiar del centro de salud Ser Joven, Fabio Sáenz.

 

 

Compartir en familia

 

 

"Si al hijo le ha costado crecer o a los papás dejarlo ser diferente, se producirá un choque cuando llegue la primera pareja", explica la sicóloga familiar Claudia Rojas.

Y añade: "El primer pololo es el broche de oro para ver si uno como padre deja que los hijos crezcan, que consoliden su identidad, que tengan sus propias creencias y sentimientos".

 

 

La primera relación de pareja debería ser un proceso en el que la familia vaya haciendo suyas nuevas reglas, que pueden partir siendo muy estrictas, pero que en la medida en que se vaya conociendo al nuevo integrante, y también con la experiencia de cómo actúa el propio hijo en una relación -ya no como amigo, ni estudiante, sino como pololo-, las reglas se deberían renegociar.

 

 

Para ello, nada mejor que compartir: "Si uno quiere saber con quién pololea, lo más adecuado es abrir las puertas y que el chiquillo sea integrado a ciertos rituales de la familia en el que participen los padres.

No basta con que estén bajo el mismo techo", recomienda María Isabel González, matrona y experta en sexualidad de Ser Joven.

 

 

Además, para sentirse tranquilos, es básico haber hablado con anterioridad con los hijos sobre sexualidad y la importancia de cuidarse.

Y si eso no se ha hecho, quizás la primera pareja podría ser el motivo perfecto para hacerlo.

 

 

"Otro problema para los papás es que las costumbres que se tenían en la época en que ellos pololeaban son consideradas experiencias casi jurásicas por los jóvenes de hoy", señala González.

 

 

A Carla Solís, mamá de cuatro adolescentes, ni siquiera se le ocurriría decirles a sus hijos que no estén en la casa con sus pololas cuando ella no está.

 

 

Trabaja todo el día y admite que no quiere que se lo pasen en la calle.

"Pero les pedí que traten que las pololas lleguen después de las seis.

Así me aseguro que no estén mucho solos. Yo nunca llego después de las siete".

 

 

Según la sicóloga Rojas, que todos transen un poco en los horarios es lo ideal.

 

 

En ese mismo plano, no recomienda que el nuevo integrante esté todo el día en la casa, porque le quita intimidad al núcleo familiar y al propio joven, para quien es esencial estar solo y con otros amigos.

Pero tampoco aconseja que sólo puedan visitarse los fines de semana.

"Si el hijo es responsable en sus estudios y no deja de compartir con la familia, no hay problema en que se vean también en la semana".

 

 

¿Y qué pasa con el dormitorio? Si antes su habitación estaba prohibida para los adolescentes y sus pololos, en la actualidad no se les puede negar que compartan en ese lugar de la casa.

 

 

Mal que mal, hoy las habitaciones son un centro de entretención donde se escucha música, está el computador y a veces el televisor.

Y que estén en ella no tiene por qué tener una connotación sexual.

 

 

Claro que los especialistas aclaran que es importante que los hijos se hayan ganado la confianza para estar en ese espacio de mayor intimidad.

 

 

Otro tema que complica a los padres son las puertas cerradas.

 

 

Frente a esto, la sicóloga Claudia Rojas reconoce que "en ciertos momentos es importante que estén solos.

Si a los papás les molesta que estén en la pieza, entonces que se aseguren de darles espacios de soledad, sin hermanos, sin nadie alrededor".

 

 

 Y aunque las reglas en el hogar dependerán finalmente de cada tipo de familia, el sicólogo Fabio Sáenz recalca: "Es bueno que los papás se cuestionen qué quieren lograr con la norma que están imponiendo.

Preguntarse a sí mismos si diciéndoles que no pueden estar en el dormitorio es para evitar el embarazo.

Y si es así, que tengan claro que de esta forma no evitarán las relaciones sexuales".

 

 

Los pololeos que vienen

 

 

Para muchos papás, la primera experiencia como suegros suele ser la más complicada, porque sienten que de ella dependerá cómo deberán hacerlo con sus otros hijos.

Pero en estos casos los sicólogos son claros en afirmar que como cada hijo es diferente, también serán distintas las reglas que deban poner en las relaciones de pareja.

 

 

Si un hijo es muy responsable, por ejemplo, habría que darle más libertades que a otro más alocado.

 

 

"Se me puso la carne de gallina cuando lo vi darse un beso por primera vez.

Fue fuerte, yo lo sentía como un niño", dice Patricia Vargas, madre de dos adolescentes.

 

 

"Detrás del miedo al pololeo está el temor a que los hijos crezcan, a que tengan una actividad sexual"