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Expectativas Con Una Presidenta

Verónica López Porré, psicóloga

La guagua llora..., espera algo..., pero no tiene los conceptos para saber o identificar qué es lo que le sucede y qué es lo que necesita para revertir la situación en la que se encuentra.

Entonces sigue llorando...


 


No existe siquiera el concepto de que mi madre llegará luego a calmarme o no, no existe el tiempo, sólo llora...sólo demanda.


 


Más tarde de acuerdo a las experiencias previas, se espera todo de una madre, pero no se ha pedido específicamente nada, o, se ha pedido todo.

La expectativa de una madre nutricia puede ser cambiada por la constatación de una madre frustradora.


 


El peligro es que las expectativas fantaseadas sobrepasen a la expectativas reales.

Es decir que nos nublemos con la fantasía de victoria porque una mujer llegó al poder.

El día del triunfo de Bachelet se escucharon múltiples entrevistas en que las mujeres aducían que ahora van a cambiar "las cosas", que se espera un estilo de conducción distinto, de que son nuevos tiempos, en que es un momentos histórico.

En los hombres se escuchaban bromas de que ahora van a ser "los mandados", de que ella  representa un cambio cultural, etc.

La prensa a dedicado múltiples palabras por la presidenta.


 


Frente a un hecho siempre se van a esperar que se cumplan las expectativas, o que estas se frustren.  Lo que no hay que confundir son las expectativas con la realidad,  creyendo efectivamente que lo que yo fantaseo va a cambiar.


 


Por ejemplo no va a haber igualdad de género, porque existan igual número de ministras que de ministros.

Que se "decrete" esta igualdad no significa que la mujer no será discriminada en relación a las tareas socialmente asignadas, o que un marido machista va a dejar de serlo. 


 


Lo que sin duda es un cambio es la percepción de una mujer al mando de una nación, como modelo para las niñas y adolescentes sin duda será relevante.  Pero estos son cambios a largo plazo, y no se sabe específicamente en qué se traducirán.


 


En psicología sabemos que los cambios personales y sociales están influidos por las expectativas.

Los cambios implican una evaluación que puede ser positiva o negativa, en general dependiendo de las necesidades inmediatas y / o concretas de cada uno.


 


Ejemplos hay muchos: los últimos años se han hecho muchos esfuerzos por cambiar el sistema de salud pública, sin embargo persiste la percepción de que no se ha hecho nada.

O pasa a nivel escolar donde frecuentemente padres y alumnos sienten que las cosas no cambian.

O, frente a la imposición de cambios radicales como por ejemplo la evaluación docente ser encuentran muchas resistencias.


 


A nivel familiar si los padres que siempre han sido relajados en los límites para con sus hijos, y desde que uno repite el año escolar existen reglas muy distintas, las resistencia  familiar va a ser grande.


 


A nivel de la psicoterapia cuando el paciente comienza cambios muy radicales, en general encuentra resistencias de parte de su pareja y su entorno más cercano.


 


Qué cambios queremos, y a cuales estamos dispuestos, son preguntas específicas que maduramente creo que nos deberíamos hacer.  La definición y la operacionalización de qué es lo que quiero en general es un ejercicio reflexivo muy difícil.


 


En general, nos quedamos como la descripción de la guagua que enunciaba al comienzo del artículo: necesitando todo, esperando todo, y no pudiendo identificar específicamente qué es lo que espero, con qué me sentiría frustrado, qué haría que yo evalúe que este será un buen o un mal gobierno.


 


Querer un país mejor, más justo, con mayor igualdad, no son expectativas claras.

La operacionalización es en qué quiero más justicia, en qué quiero que se traduzca la igualdad de género, en que quiero o creo que se debe traducir la disminución de  la pobreza.


 


Tendemos a comportarnos frente a la autoridad como unos niños demandantes que queremos todo, y que cuando nos presentan algo nos sentimos agradados o frustrados.

La adultez madura implica necesariamente la evaluación  y diferenciación entre los posible (lo real) y lo fantaseado (los deseos).