La palabra acoso se ha puesto de moda últimamente para describir las exigencias sexuales que, en el seno de la empresa, suelen ejercer los superiores sobre sus subordinados.
Puede aplicarse a muchas situaciones de la vida corriente, entre ellas la que concierne a la persecución (real, no imaginaria) que todo tipo de ideologías, sectas, grupos, iglesias y creencias, ejercen sobre el conocimiento científico, especialmente sobre aquellas ciencias que se refieren al hombre y dentro de ellas las que conciernen a la psiquiatría, En un artículo periodística apareció hace tiempo, que en los Estados Unidos, el 55% de los pacientes consultaban al sacerdote de su iglesia, antes que al psiquiatra.
Una experiencia histórica casi contemporánea brinda un ejemplo de esta predominancia de la religión sobre la psiquiatría.
Está demostrado que padece esquizofrenia el 1% o de la población total de la humanidad.
Estas cifras son prácticamente uniformes en todos los países.
Pero en un censo en los Estados Unidos se evidenció que cierta secta religiosa muy cerrada, los hutteritas, carecían por completo de estos enfermos.
Pero sin embargo, cuando se afinaron los estudios, se comprobó que los enfermos sí existían, y cerca de la misma proporción que la universalmente comprobada, pero que se albergaban en los hogares, y sus problemas psíquicos recibían explicaciones religiosas.
No existe la menor duda que muchos anacoretas que poblaban los desiertos del valle del Nilo eran esquizofrénicos.
Nuestra población venezolana es el resultado de un mestizaje entre los indígenas, los blancos y los negros.
Cada uno de ellos aporta sus cultos, ritos y religiones.
Y entre estos tres orígenes culturales se configura un ambiente de creencias mágicas uno de cuyos primeros campos es la asistencia de la salud mental.
El pensamiento mágico vive en una competitividad permanente con el conocimiento académico.
Esta puja es larga, cara, y casi siempre vence, aunque sea provisoriamente, lo más barato, accesible, adaptado a los fundamentos culturales, que de manera aparente es rápidamente eficiente.
En los problemas de la salud, nuestra población exige resultados prácticos, que se sitúen armónicamente en el juego del pensamiento popular.
Frente a los lentos y laboriosos resultados que ofrece la ciencia, los pacientes tienden a buscar otros recursos.
Los cultos de origen negro e indígena predominan en el área marginal vnezolana, que constituye el 80 % de la población.
El término espiritual que las define es una palabra equívoca que tanto se puede utilizar para lo religioso monoteísta, para lo cultural subjetivo como para lo mágico animista.
Aún las monoteístas están influídas por manifestaciones mágicas.
Atrás han quedado en los cristianismos ya la austeridad de los templos, las lecturas de la Biblia, las prohibiciones de beber alcohol y las restricciones sexuales.
Muchas personas, la mayoría del sexo femenino, carentes de un soporte psicológico, buscan la cuota de poder contenida en la actividad proselitista.
Y así las mujeres desocupadas recorren incansablemente los apartamentos de los edificios, las casas y las calles de la ciudad buscando almas creyentes a los cuales ofrecer su mensaje.
Muchas sectas provenientes del protestantismo son sumamente activas.
Los Testigos de Jehová, con su permanente pleito con la medicina a causa de su prohibición de las transfusiones de sangre, son un ejemplo.
La dianética de Ron Hubbard comenzó por ser una escuela pseudo-psicológica, que se transformó en un culto de convivencia y luego, para ser exonerada de impuestos, se transformó en Iglesia, la Scientología.
Fué perseguido por la justicia de los Estados Unidos por evasión de impuestos.
Levantó su bandera de lucha contra uno de los inevitables excesos de la medicina, hoy ya bastante abandonada, la convulsoterapia.
Innumerables escuelas religiosas o seudo-religiosas utilizan un lenguaje más o menos nuevo de promesas de salvación espiritual, obteniendo un abundante flujo de dinero que los transforma en verdaderas empresas comerciales.
Ultimamente, se han visto en Caracas agradables japonesitas, pequeñas y dulces, pertenecientes a la secta del Reverendo surcoreano Moon, que se proclama sucesor de Cristo y que basa su doctrina en la defensa de la familia, aunque él mismo haya tenido varios procesamientos por evasión de impuestos en los Estados Unidos , acusación de lavado de cerebro y alimentar a sus feligreses con dietas bajas en proteínas para debilitar su voluntad, Las muertes en masa que han tenido lugar en el mundo, en la República corporativa de Guyana, regidas por el enfermo paranoico Reverendo Jones, las de Waco en los Estados Unidos, en Suiza a cargo de la comunidad del Sol y el último episodio del suicidio de 39 fanáticos en California que se suicidaron aspirando a montarse en un OVNI avanzan en todo nuestro planeta, el tercer mundo y hasta en el llamado civilizado.
Entre nosotros, como aportes locales, se encuentran los cultos al Negro Primero, María Lionza, y cierta manera de venerar al Siervo de Dios José Gregorio Hernandez, y aún al Libertador Simón Bolívar.
La santería se desarrolla día a día.
Los programas de TV hacen su agosto con escenas de deguello de animales filmadas en el monte Sorte, en el Estdo Yaracuy.
El argumento habitual de "sanación" que corre por las calles de nuestras ciudades es la descripción de un famoso brujo que vive en una zona relativamente alejada, al cual concurren a consultar pacientes deshauciados por los médicos que hacen largas filas, montados en automóviles de lujo, entre los cuales se afirma que hay gente muy rica, ministros y hasta médicos.
No «cobran nada» o «solamente lo que se les quiera dar» A otros grupos pertenecen el método del Control Mental Silva, creado por un antiguo electricista que toma sus analogías del lenguaje de la electroencefalografía.
Todas estas fuerzas realizan un proselitismo activo, vigoroso, insistente, ofreciendo a los solicitantes, frustrados y débiles de espíritu, un grupo de pertenencia, ayudas materiales, fraternidad y afecto .
La medicina también se ve invadida por ideologías que utilizan su lenguaje.
Así proliferan distintas clases de parapsicología, y de psicologías transpersonales, junto con las escuelas astrológicas.
Muchas escuelas provenientes de culturas orientales logran sus cuotas de acólitos.
La acupuntura china, que parece ser eficiente en el tratamiento del dolor no ha mostrado claramente utilidad en otros campos.
En los Estados Unidos se ha instalado una nueva creencia denominada la Nueva Era, al parecer basada en el budismo.
Existen en todos los países leyes contra el intrusismo o ejercicio ilegal de la medicina, pero no se ha visto su aplicación.
De la misma manera en el mundo civilizado existen legislaciones completas contra la «malpractice» que han llegado a constituir una industria para ciertos abogados.
En Venezuela no conocemos leyes en ese sentido.
La ley de protección al enfermo mental espera todavía su sanción legislativa.
Nuestro sistema jurídico no brinda los necesarios aportes para la salud y la protección de la medicina y sus enfermos.
El efecto placebo o sugestivo se aplica a todos los recursos que utiliza el ser humano para recuperar su salud.
Un médico psiquiatra decía casi en broma que el medicamento más eficiente para calmar los nervios de los pacientes en un establecimiento de hospitalización eran 20 gotas de agua en un vaso de agua.
Esos son los enemigos con que se encuentra el médico en su lenta, trabajosa y a veces poco exitosa lucha contra la enfermedad mental.
Muchos de sus fracasos no dependen de su falta de recursos científicos, ni de su impericia profesional, sino de la desconfianza de sus pacientes, que tienden a buscar siempre el camino más corto, más barato y más adecuado a su discurso cultural.
La asistencia médica, cuando sus pacientes se le confían, se encuentra realmente acosada por toda clase de creencias que no deberían tener cabida en el mundo contemporáneo.
Y posiblemente sea la psiquiatría, entre todas las demás especialidades de la medicina, la más perseguida por la competitividad sectaria y mágica.
No hay en sus enfermos nada físico que comprobar; ni llagas, ni fracturas, fiebre o adelgazamiento.
Son fácilmente interpretables a través del pensamiento mágico las ideas incoherentes de los esquizofrénicos, las tristezas inconsolables de los melancólicos y los delirios persecutorios de los parafrénicos.
El médico vive en lucha constante contra el pensamiento primitivo.
Si es el primero en ser consultado, es a veces abandonado por el enfermo.
Si llega a él el paciente después de un largo recorrido por todos los magos, curiosos o sabios de las zonas marginales y la periferia de la ciudad, se encuentra tan deteriorado que el único recurso restante es la hospitalización en un establecimiento psiquiatrico, su deambular tolerado por las calles del pueblo, o su residencia permanente en la folklórica «casita del loco».
El médico sabe que si su paciente ha dejado de venir es porque ha solido caer en manos de practicantes de ensalmos y brujerías.
No se enfrenta activamente a la situación porque sabe que tendría que luchar contra toda una cultura.
Conoce las leyes contra el ejercicio ilegal de la medicina, pero no se arriesgará a solicitar su aplicación.
No recordamos en toda la historia de nuestro país un solo caso de persecución legal contra el intrusismo en la medicina.
De esta manera nuestra asistencia médica desciende desde la cultura médica científica de la civilización a la cultura de la selva o a la llamada medicina transpersonal.
Junto a todas las escuelas y sectas ya citadas, aparecen continuamente otras nuevas.
Algunas de ellas derivan de los monoteísmos, otros no.
Citemos algunas:
La cristaloterapia
Los carismáticos
El grupo Espírita Cima
La homeopatía
La iridología
La Metafísica de Conny Mendez
La escuela Universal de Raymond de la Ferriëre.
Las sectas satánicas
Toda clase de brujos y brujas, hechiceros, shamanes y sanadores
La ciencia cristianade Mary Baker Hedí
Las Flores de Bach
Los medicamentos «naturales» o las "plantas superiores"
Los gurús importados de la India u otros países lejanos.
La Terapia reflexológica.
La imposición de manos
La astrología
Las regresiones a vidas pasadas
Cada autor que tiene éxito con una técnica, escribe un libro, en el estilo de la terapia de auto-ayuda dominante en Norteamerica, presentando multitud de casos y unos pocos principios, lógicos o mágicos, frecuentemente actualizaciones de creencias antiguas.
Cuando el número de acólitos es suficiente, y se ha reunido el dinero necesario, se crea una estructura transnacional, con una jerarquía y una organización empresarial que cosecha dinero.
Todos estos grupos, escuelas, sectas o religiones tienden a solucionar las diversas necesidades del ser humano, y entre ellas, una de las de primera categoría es precisamente la del problema de las enfermedades, sobre todo las incurables.
Todas ellas, sin excepción, atienden esquizofrénicos.
El pensamiento científico, o lógico o simplemente sensato, suele clasificarlas a todas ellas en tres grupos.
1.
La más respetuosa, aunque quizá ingenua, es concederles el título de hipótesis no demostradas.
2.
Cuando se atreve a ser más categórico y defensivo, ese pensamiento científico las llama supercherías y brujerías.
3.
Finalmente en el peor de los casos las identifica como instituciones delictivas, fuentes de poder, y de dinero, que en los países desarrollados han sido perseguidas por la justicia, como las ya citadas Scientología y la Secta del Reverendo Moon.
Los monoteísmos, generalmente respetados y sacralizados, no dejan de tener derivados que pueden entrar en estas categorías.
Una de las más respetadas entre nosotros, la Iglesia Católica, no deja de albergar en su seno sacerdotes que practican exorcismos.
Todos estos grupos se alimentan de diversos recursos.
1.
De aquellos casos que se curan solos.
2.
Del efecto placebo
3.
De estructuras de poder que manejan la sumisión de la gente.
4.
De un inteligente sistema publicitario, aplicado a las clases menos cultas, gocen o no de instrucción.
5.
Y son específicos de aquellos que se enferman por auto-sugestión.
Los mismos recursos mentales originan y curan las enfermedades.
La fe que cura, que es la misma que enferma.
No queremos dejar de señalar la estigmatización cultural de que padece de que padece la psiquiatría.
Se va con toda naturalidad a consultar al médico.
Pero cuando se entra al consultorio psiquiátrico se hace con todas las precauciones con que una pareja entra a un hotel de citas.
Demasiadas personas a la cuales se le spropone una consulta responden fieramente: "Yo no estoy loco para ir al psiquiatra." Las enfermedades psiquiátricas están sometidas a la triste fama, desde la antigüedad, de ser el resultado de un castigo de los dioses.
A la epilepsia se la llamó el "mal sagrado".
Las afecciones que trata la especialidad siempre pueden ser consecuencia de alguna forma de pecado.
Todo lo cual rige hasta hoy.
Y en cuanto a la verdad, la científica, la posibilidad de curación que existe en todas las nuevas doctrinas que hemos citado más arriba, con nuestro pensamiento profesional, siempre aceptaremos que son posibles, pero en actitud de investigación.
Cuando se cumplan todos los requisitos que exige la ciencia, que son largos y costosos, se podrá autorizar su aplicación al paciente humano, cumpliendo con el antiguo dicho latino, base de la medicina "Primum non nocere".
Lo primero es no hacer daño.
Es inududable que los médicos pueden cometer errores, por mala formación, impericia, o malpractice.
No por el hecho de ser médicos graduados y especializados, se está libre de fracasar en la práctica.
Han existido y existen aún hoy psiquiatras, cómplices de la justicia ideologizada en los países totalitarios.
En la USSR seguramente fueron cómplices de los abusos comunistas frente a los disidentes, a los cuales encarcelaban en los establecimientos psiquiátricos.
Pero sin duda se puede asegurar que, con todas las precauciones señaladas, la psiquiatría es una rama de la ciencia médica que combinada con la filosofía, la religiosidad laica, y todas las demás disciplinas humanísticas, contribuye a la vida, la salud y la felicidad, y sobre todo al conocimiento de la suprema de sus dimensiones, la psiquis, de la humanidad entera.