Dejar de fumar o resistirse a un tentador dulce no implica sólo tener fuerza de voluntad.
En el último Congreso Internacional de Neuroendocrinología, realizado la semana pasada en Estados Unidos, se mostraron interesantes estudios que demuestran cómo ciertas hormonas se relacionan con estas conductas de falta de abstinencia.
Investigaciones preliminares habían establecido que era el cortisol la hormona responsable de dificultar el desafío de dejar de fumar.
Sin embargo, el laboratorio endocrino de la Universidad de Yale acaba de encontrar que no es mera culpa del cortisol, sino que de otra hormona del estrés llamada DHEA (dehidroepiandrosterona), cuya función es proteger al cerebro del efecto potencialmente deletéreo del cortisol.
Los expertos analizaron lo que pasaba en un grupo de fumadores que había recaído tras 8 días de abstinencia, observando -tras un estudio del plasma- que éstos eran más propensos a tener una mayor desproporción entre los niveles de DHEA y cortisol, a diferencia de las personas que fueron capaces de contenerse, quienes tenían estas hormonas en equilibrio.
De acuerdo con la doctora Ann Rasmusson, este hallazgo permite ser cada vez más precisos en las herramientas de diagnósticos con el propósito de determinar qué personas tendrían más problemas en sus tratamientos para dejar de fumar, así como para buscar nuevas y más eficaces intervenciones.
Con los dulces pasa algo similar.
Se ha demostrado que una deficiencia en los niveles de ocitocina -hormona que juega un rol en las respuestas físicas y emocionales, promoviendo entre otras cosas la conducta maternal o las interacciones positivas- sería un factor que contribuiría en la afición por los gustos dulces.
Sin embargo, no se le puede echar toda la culpa a las hormonas.
Un reciente estudio en la Universidad de Pittsburgh realizado con ratas, confirmó que la ocitocina sí tiene que ver con la obsesión por los alimentos dulces, pero no influiría en el deseo incontrolable por comer en general productos con altos contenidos de grasas.
Pero los estudios de tabaco no se limitan al diagnóstico.
El Servicio de Salud Pública de Estados Unidos advirtió ayer que los fumadores pasivos presentan hasta 30% más riesgo de enfermedades cardíacas y cáncer de pulmón.
Los aparatos modernos de ventilación no evitan del todo el peligro, por eso el único modo de protección es prohibir fumar en espacios interiores.
Adicción por tabaco y dulces tiene una base hormonal
El Mercurio