Inicio

Terminologia agresiva en lenguaje de jóvenes chilenos

La Tercera. Ch

Los Motores de la lenguas


Creativos, contestatarios e irreverentes son los jóvenes en su uso de la lengua española, según describe la profesora Marcela Cabrera.

Esto hace que se genere una particular dinámica al momento de adoptar o crear nuevas palabras, las que, según el escritor Juan Antonio Massone, suelen ser "expresiones que son necesarias e ingeniosas".

Abelardo San Martín, lingüista de la U. de Chile, destaca que "en las clases altas los jóvenes rescatan palabras de clases más bajas, como los términos bacán y mina, y destaca que en general los jóvenes son un motor de cambio lingüístico muy fuerte e importante, lo que es valioso".


En este sentido, el consenso es a no limitar la creatividad, aun cuando ciertas palabras sólo tengan una trascendencia muy limitada en el tiempo.

"Es destacable la creatividad, la espontaneidad y la viveza de las expresiones creadas por los jóvenes, además del carácter ágil del cambio y la capacidad de adaptar palabras a un nuevo uso", concluye Leopoldo Sáez, director de Bachillerato de la Usach.



"Si un profesor me cae bien, entonces es paleta, la cagó el viejo buena onda.

Si te puso una mala nota, puta el viejo maricón".

Con esta frase uno de los jóvenes de tercero y cuarto medio entrevistados por la profesora de la Facultad de Letras de la Universidad Católica, Marcela Cabrera, explicó la diferencia entre un profesor que le simpatiza y otro que no.


Su estudio plantea que la riqueza y variedad del lenguaje que emplean los jóvenes es mayor cuando se trata de denigrar a alguien, lo que hace que en la jerga juvenil abunden términos que suenan mal, son vulgares o peyorativos.

Por ejemplo, para descalificar a una persona existen innumerables adjetivos, mientras que para destacar sus características positivas los términos son bastante limitados.


A esto se suma la dificultad de los jóvenes para diferenciar las situaciones en que se debiera hablar formal o informalmente, por ejemplo, tutean a los profesores o introducen garabatos y palabras coloquiales en sus disertaciones escolares.


Romper esquemas


Según los expertos, esto se explica porque existe una necesidad de los jóvenes de ir contra el sistema, lo que Cabrera define como "violentar" el lenguaje para hacerlo más propio y divertido.

La palabra pelúo, aplicado a todo lo complicado, y la expresión puta la güeá fácil, para referirse a algo sencillo, son algunas de estas creaciones.

Y aunque muchos términos son de naturaleza efímera, ciertos vocablos y recursos lingüísticos sobreviven.

Según el decano de la Facultad de Letras de la Universidad Católica, José Luis Samaniego, "los medios de comunicación, como la televisión, consagran esto y pasa a ser algo masivo, se extiende a lo largo de todo el país y las personas de otras edades comienzan a usarlo".


En opinión del lingüista y director del Bachillerato en Ciencias y Humanidad de la Usach, Leopoldo Sáez, "el lenguaje de los jóvenes es contestatario.

Ellos marcan diferencias con ciertos términos agresivos.

Con el uso, estas palabras pierden su connotación original y deben reemplazarse para lograr nuevamente el efecto".

Así, si antes al compañero que dedicaba mucho tiempo a estudiar se le decía mateo, ahora sencillamente se le tilda de agüeonao.


Para otros, esta tónica tiene un efecto preocupante: "Todo se va asimilando a una especie de mundo excrementicio, no sólo lo genitalizado, que viene de la sexualidad y siempre ha existido, sino de un mundo rebajado.

Hay una estimación cada vez menor del otro y de sí mismo.

Por eso se produce el feísmo, porque se pierden las nociones de lo mejor", enfatiza el escritor y miembro de la Academia Chilena de la Lengua, Juan Antonio Massone.

El experto pone como ejemplo el paso de los adjetivos estupendo, fantástico o espectacular a juveniles la raja o la zorra, lo que, a su juicio, marca un empobrecimiento del lenguaje.


La importancia del contexto


En su estudio Cabrera destaca que los jóvenes tienen conciencia de que su habla es descuidada, pero que aún así no consiguen salir del coloquialismo en instancias que requieren un registro formal, como una disertación o una prueba escrita.

"Es tanto lo que se ocupa el garabato, que en realidad ya no se siente una necesidad de hablar distinto delante de personas como el profesor", dice.

"Si un compañero le dice a otro "hueón, baja las patas de la mesa", para ellos no es algo ofensivo".


Pero tampoco se trata de erradicar los términos juveniles.

Los expertos coinciden en que el tema pasa por enseñar a los jóvenes que existen diversos tipos de habla para cada situación.

Abelardo San Martín, profesor de Lingüística Hispánica de la U. de Chile, dice que la solución es "enseñar el valor de la norma culta ampliando el vocabulario de los jóvenes.

El lenguaje tiene que ver con una situación de uso concreta: si se van a expresar en términos cultos, que lo hagan con quien corresponde, como en su trabajo académico, pero que también utilicen palabras coloquiales en otras situaciones.

Es utópico, por ejemplo, pensar en que no se usen los garabatos".