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Nutrición emocional

Ana Nardelli. Exelsior.Mx

A todos nos ha tocado echarnos el típico té de tila que nos ofrece la abuela para calmar el nervio, migajón para pasarnos un susto.

Pero seguro que a ninguno nos han dado jamón serrano para la concentración al estudiar, o salmón para quitarnos la angustia.

Porque una cosa es la salud del cuerpo y otra la estabilidad de la mente.Por lo menos eso se ha creído en la sociedad.

Sin embargo, ahora hay una ola de estudiosos que afirman que la nutrición tiende un puente entre el cuerpo y el alma; que las emociones están estrechamente ligados a los alimentos que ingerimos y los hábitos que nos hacemos.


Así lo aseguran los expertos del Instituto de Tecnología de Massachusetts, Judith y Richard Wurtman.


En el libro que publicaron, Managing your Mind and Mood through Food, los Wurtman dicen que se puede manipular el estado de ánimo y la agudeza mental con el tipo de alimento que se come y según el momento en que se ingiere.

Esta hipótesis tiene su lado lógico si tomamos en cuenta que el cerebro, a pesar de representar sólo el 3% del peso corporal, consume el 25% de la energía que sacamos de los alimentos.


En su interior se metabolizan los nutrientes que se encargan de todas las funciones de la mente, en donde se incluyen los sentimientos y las emociones.


O sea que, finalmente, en el cerebro se manejan todos los nutrientes que hacen que funcionen, paralelamente, el organismo en su parte biológica y emocional.

La misma proteína que permite que las neuronas se comuniquen entre sí produce, por ejemplo, buena circulación al hacer ejercicio y serenidad al momento de elegir estrategia en un partido de ajedrez.


El National Geographic Channel publicó recientemente un estudio en donde se analiza cómo ingerir determinados grupos de alimentos antes de una actividad específica puede optimizar los resultados al momento de realizarla.

El estudio se hizo comparando a dos sujetos que comían platillos diferentes y después realizaban una misma dinámica o actividad.

Aparentemente, pudieron comprobar la hipótesis de los Wurtman.

Sin embargo, la nutrición, la psiquiatría y el psicoanálisis, como disciplinas separadas, no terminan de aceptar esta teoría.


Al respecto, Julieta Ponce, nutrióloga del Centro de Orientación Alimentaria, opina que, si bien hay relación entre determinados estados de ánimo y alimentos estimulantes del sistema nervioso, no se puede cambiar el carácter de una persona con sólo comer.


En lo que todos concuerdan es que una alimentación desequilibrada puede producir carencias específicas de nutrientes que se traducen en sensaciones anímicas contraproducentes y, a la larga, incluso en trastornos mentales.



Sabor tridimensional


En alguna sección de la lengua, conectada con el cerebro, está el umami o sabor tridimensional.

La doctora Julieta Ponce describe esto como el resultado de la conjunción de los alimentos con el entorno.


Por otro lado, está un ambiente placentero, cómodo, iluminación adecuada y compañía grata.


Estos dos factores se juntan en la lengua y producen una sensación de bienestar que va más allá del sabor plano de la comida.


Todos lo hemos sentido en algún momento, y es justamente eso lo que te hace querer regresar a cierto restaurante para disfrutar de un buen platillo.



Para ponerse loco


Según un estudio de la doctora Bonnie Kaplan, publicado en el 2004 por el Departamento de Pediatría de la Universidad de Calgary (Canadá), los alimentos están estrechamente ligados con la salud mental.


Su alegato se basa en datos concretos, en los que se compara cómo el contenido nutricional de los alimentos ha disminuido al tiempo que los trastornos mentales han ido al alza.


Afirma que la proporción de individuos con enfermedades mentales pasó a nivel mundial de 1.8 entre mil (a principios del siglo pasado) a 15 entre mil para finales.


Kaplan liga estos factores con el hecho de que un poco más de un tercio de la población sin recursos, tiene trastornos siquiátricos, igual que la población de reos.


Lo que necesitas


-Pan para la felicidad.

Los carbohidratos aumentan el contenido de serotonina (neurotransmisor) del cerebro, lo mismo que hacen los antidepresivos, por lo que causan sensación de placer, pero también letargo.


-Azúcar para estar sereno.

La glucosa, como única molécula que funciona de gasolina al cerebro, es primordial para el equilibrio metabólico.

Si llega a faltar, aunque sea unas horas, se produce nerviosismo, irritabilidad y cansancio crónico.

Se obtiene principalmente de carbohidratos complejos y de alimentos con azúcar natural (frutas o miel).


-Huevos para reír.

La serotonina o triptófano (neurotransmisor) está tan estrechamente vinculada con el estado de ánimo, el sueño y el afecto que se le conoce como "hormona del humor".

La encuentras en huevos y lácteos principalmente, pero también en carnes, pescados, soya y frutos secos.


-"B" de buena vida.

Las vitaminas del grupo B son las que más influyen en el buen funcionamiento del cerebro y el sistema nervioso (principal regulador de las emociones).

La B1 ayuda a la concentración y mejora la memoria.

Se encuentra en el germen de trigo, frutas (piña principalmente) y avena.

La B6 evita la irritabilidad y el nerviosismo.

El pescado azul, los quesos curados y la levadura de cerveza son sus principales contenedores.

La B12 ayuda al control de emociones y la puedes encontrar en alimentos de origen animal.


-Hombres de Hierro.

Las neuronas necesitan buena cantidad de hierro para funcionar bien, y su escaces produce cansancio y bajo rendimiento intelectual.

Por eso, es necesario consumir alimentos ricos en este mineral (hígado, vísceras) o combinar alimentos de baja concentración de hierro con vitamina C, para aumentar la absorción.


-Montaña rusa emocional.

Como es bien sabido, hay sustancias estimulantes del sistema nervioso (taurina, cafeína, nicotina y teobromina) pero que no aportan nutrientes.

Siendo así, su efecto es momentáneo y, a la larga, traen desgaste nervioso y poca adaptación al estrés.


-Proteínas para la inteligencia.

Las carnes y pescados, altos en proteínas, contienen tirosina, misma que aumenta sustancias químicas que contribuyen al alerta cerebral.