Diversos estudios sostienen la posible asociación comórbida entre los trastornos de conducta alimentaria (TCA) y el consumo de drogas.
Dichos trabajos han llamado la atención acerca de la similitud de determinados aspectos clínicos, cognitivos y conductuales que son comunes a los TCA y a la dependencia de sustancias.
De igual modo se ha señalado la existencia de circunstancias parecidas en la evolución de ambos síndromes.
Una investigación realizada en el Centro de Salud de Ermitagaña (Pamplona) del Servicio Navarro de Salud, entre octubre de 2000 y diciembre de 2002, ha analizado la demanda asistencial de los TCA y su relación temporal con el consumo de drogas.
Se trata de la tesis doctoral de la psicóloga clínica Margarita Aguinaga Aguinaga, dirigida por el psiquiatra José Ramón Varo Prieto.
La muestra clínica estuvo compuesta por 90 mujeres que eran atendidas en el Centro de Salud Mental de Ermitagaña.
Según explica Margarita Aguinaga, "la recogida de información se efectuó mediante un protocolo que incluía variables diferentes y desde una perspectiva biopsicosocial de los trastornos alimentarios".
Según los datos recogidos en esta investigación, un 46,7 por ciento de las pacientes atendidas fue diagnosticada de anorexia nerviosa; un 43,3 por ciento, de bulimia nerviosa, y un 10 por ciento de otros trastornos alimentarios.
Por su parte, un 41,1 por ciento padecía síndrome completo y el 58,9 por ciento, síndrome parcial.
A los 18, como media
La edad media del comienzo de los TCA se sitúa alrededor de los 18-20 años.
"Se estima una media de dos años de evolución de la enfermedad, desde su comienzo hasta el momento en el que acuden a consulta", ha comentado la autora.
Con respecto a la relación entre la presencia de estos síndromes y el consumo de sustancias, mientras un 11,1 por ciento de las pacientes presentaba únicamente TCA, un 53,3 por ciento fumaba tabaco diariamente.
"Además, un 78,9 por ciento bebía alcohol en proporciones distintas, al menos los fines de semana, mientras que en algún momento de su vida había consumido cannabis un 40 por ciento de las jóvenes; cocaína un 23,3 por ciento; speed-anfetaminas un 15,6 por ciento; y éxtasis un 14,4 por ciento", ha explicado Margarita Aguinaga.
El consumo de alcohol, tabaco y cannabis es precursor de los TCA, a excepción de las pacientes con anorexia nerviosa, entre las que la experiencia con el hachís es posterior al trastorno de la conducta alimentaria.
Este estudio ha encontrado algunas peculiaridades entre las pacientes con anorexia y bulimia nerviosas.
"La prevalencia del consumo de sustancias tanto legales como ilegales era mayor entre las pacientes con anorexia atípica y con bulimia que en el resto de la muestra clínica.
En general el grupo de las bulímicas alcanza prevalencias más altas que el resto".
En las pacientes de TCA y consumidoras de sustancias, los síndromes parciales vienen precedidos del consumo de drogas, mientras que los síndromes completos se presentan con anterioridad al consumo de estupefacientes.
Por otro lado, la presencia simultánea de TCA y consumo de sustancias fue superior entre las pacientes que presentaron factores sociofamiliares desfavorables y/o factores estresantes.
Detección precoz
Otra de las conclusiones del trabajo destaca que la prevalencia de síntomas físicos se hizo más presente en las diagnosticadas de patología dual.
"Éstas alcanzaron puntuaciones medias más altas en los cuestionarios elaborados para el diagnóstico de las alteraciones psicopatológicas y la evaluación de los trastornos de la conducta alimentaria", ha señalado Margarita Aguinaga.
La asociación encontrada entre los TCA y el consumo de sustancias supone un interés epidemiológico y clínico.
Ambos fenómenos tienen un comienzo precoz y el curso de su evolución es prolongado.
"Un problema añadido es la escasa conciencia que tienen las jóvenes acerca de los riesgos que representan para la salud los desórdenes alimenticios y el consumo de drogas.
Como consecuencia se produce una subdetección de casos, la motivación hacia el tratamiento es baja y el porcentaje de abandono suele ser alto".
Por tanto, es necesario mejorar los métodos de detección precoz de estos trastornos y la aplicación de modelos clínicos que favorezcan su curso y evolución, según ha concluido esta investigación navarra