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El porqué de la salud mental

Margarita Mendoza Burgos. La PrensaGráfica


Situaciones que nos preocupan, hechos que nos escandalizan, temores que nos invaden, actitudes ajenas que nos molestan.

La mayoría de las problemáticas sociales tiene una estrecha interrelación con nuestra salud mental, tanto aquellas problemáticas tangibles y evidentes, que vienen a ser como la parte visible del iceberg, como muchísimas otras ocultas e intangibles, pero que son, en realidad, las que provocan y sostienen a las primeras y que se constituyen en la parte sumergida del iceberg.


¿Por qué esa estrecha interrelación con nuestra salud mental? Simplemente, porque cada cosa que sucede o no sucede, no lo hace por sí sola, sino que hay una persona o un colectivo de personas que la provoca directa o indirectamente, o que no la evita directa o indirectamente; muchas veces ese colectivo de personas somos todos y cada uno de nosotros como sociedad, como cultura.

Hay una actitud o condición mental de alguien, o de muchos, o de todos; que hace que las cosas sean como son; y depende del estado de salud de esas mentes que las cosas sean de una manera o de otra.

Aunque actualmente el estigma empieza a superarse poco a poco.

Cuando regresé al país hace catorce años, después de haber estado en el exterior capacitándome en salud mental, encontré que no se hablaba de estos temas.

Los psicólogos, y más aún los psiquiatras, eran los "loqueros".

Hablar de salud mental equivalía a hablar del mundo de los locos, como entendiendo que locos eran los que estaban fuera de la realidad y eran ellos quienes necesitaban salud mental.

Se suponía que los demás, por estar "dentro de la realidad", tenían una salud mental perfecta, y, por tanto, no la necesitaban.

¡Qué forma de ver las cosas! ¿Acaso solo necesita aire aquel que no puede respirar; o alimento aquel que no tiene para comer? La salud mental es salud; y la salud, al igual que el alimento, el aire o el agua, se necesita siempre.


Y el problema no es solo tenerlo o no tenerlo, sino la calidad de lo que se tiene.

¿De qué sirve tener agua, aire o alimentos si están contaminados? La salud mental, aunque no se pierda, también se contamina y se deteriora si no se cuida.

Y cuando llega a perderse, no suele suceder solo porque "a saber qué pasó", sino que existe una explicación relacionada con ese deterioro.

¿Y qué es lo que contamina o deteriora nuestra salud mental? Múltiples factores, frecuentemente interrelacionados; fundamentalmente factores que tienen que ver con la dinámica familiar y con modelos educativos inadecuados, y factores que tienen que ver con la dinámica social, que también tiene componentes culturales y educativos.


De este modo, todo lo que sucede en el entorno familiar y social del individuo influye en su salud mental.

¿Y cuáles son las consecuencias de esa salud mental contaminada o deteriorada de la persona? Las consecuencias son siempre negativas, y se proyectan en diferentes planos: el personal, el familiar y el social.

En el personal, nos impide desarrollar a plenitud nuestras capacidades, nos distorsiona los valores, nos eclipsa la sensación de bienestar y de integración y armonía con el entorno y con nosotros mismos, y nos llega a provocar actitudes dañinas contra nuestra propia persona.

En los planos familiar y social, es causa de actitudes dañinas contra dichos entornos, que pueden provocar desde el entorpecimiento de su dinámica normal, desequilibrio, inestabilidad, hasta su destrucción.

La dinámica sociofamiliar anormal deteriora la salud mental, y la salud mental dañada deteriora la dinámica sociofamiliar.

La interrelación es tan estrecha que se constituye en un círculo vicioso al que no es fácil encontrar el punto de ruptura.

En la medida que analicemos esa relación entre la persona y su entorno, será más factible encontrar soluciones.