Es curioso observar en nuestra sociedad la cantidad de productos que se generan como "bienes de equipo", cómo marcas industriales que cotizan en bolsa y patentes propias o de franquicia que se venden y se compran a unos niveles relativos que parecen absolutos...
y, que todo eso tiene una repercusión de cierta relevancia en el mundo económico y social.
¡Muchas veces, sin entender realmente qué alcance tiene todo esto en la calidad de vida del ciudadano sencillo como usted y como yo! Pero lo que sí parece cierto, que si todo esto no se mueve, no "circula" en mercados y valores internacionales, la economía comunitaria, nacional e internacional "desmerece" y todos somos un poco más pobres o más ricos dependiendo en qué grupo social se circunscriba uno o le asignen en función de no sé qué parámetros.
¡Lo cierto y verdad que uno vive igual, sigue teniendo el mismo sueldo, la contribución, los hijos, las matrículas, los colegios y los mismos profesores buenos y menos buenos! Es como si la sociedad tuviera dos engranajes: uno para los economistas y gentes que usan una macro o microeconomía -no sé cómo se dice-; y otro totalmente "fuera de lugar", desincronizado de la gran máquina socio-económica, porque no producimos, no somos personas agresivas -económicamente hablando-, y no invertimos en nada, somos seres pasivos que lo más que hacemos es consumir lo básico e ir al mercado todos los días y jugar a la lotería de las ofertas de los grandes espacios comerciales, para ahorrarnos algo y sentirnos bien porque nos administramos mejor (?).
En este segundo engranaje social entran nuestros enfermos mentales crónicos.
Ellos no saben de macroeconomías, sólo saben que gracias a su familia, al esfuerzo continuo, a desvelos inusitados, a disgustos incesantes, a incomprensiones de todo tipo, y a costa -la inmensa mayoría de las veces- de la salud de la propia familia, salen adelante unos, mueren otros, intentan rehabilitarse, pululan de aquí para allá, buscando una solución "casi de limosna" a la misma sociedad a la que pertenecen y en la que no producen, y a la que realmente me parece que no se vinculan.
¡Son sujetos que no cotizan en bolsa, que molestan y son conciencias abiertas que nos gritan y nos dicen descaradamente qué hacemos y dónde vamos con tantos "bienes de equipo y de consumo"!
LA sociedad no invierte en personas ni en instituciones directamente.
La sociedad no es tan solidaria como puede parecer.
Los bienes de equipo son sólo para los del primer engranaje socio-económico, ¡no hay para nadie más! Los enfermos mentales crónicos no tienen necesidades, ya tienen a sus familias, nos molestan, nos invaden en las calles y en los centros de ocio, son improductivos.
¡Nadie invierte en personas, no dan garantías en bolsa! La sociedad, todos, damos la espalda a estos individuos, que siendo enfermos crónicos, desinstitucionalizados desde 1986 por la reforma psiquiátrica, tienen una insuficiente dotación de presupuestos para crear una red de recursos comunitarios (pisos, talleres protegidos, centros de rehabilitación psicosocial, residencias asistidas, ocio controlado, parejas afectivas, controles periódicos, calidad...) ¡Hemos dado algunos pasos, no los suficientes! ¡No queremos ni deseamos su ingreso de nuevo en recintos amurallados! Pero la tarea fundamental recae, hoy día, en las familias -tengan o no recursos-.
No solamente recursos económicos, que puede ser lo más fácil, no; recursos psicológico-sociales para no caer en un estrés interno que produzca graves heridas en el matrimonio, con los otros hijos, con otros familiares, con aquellos que se decían amigos nuestros.
Para cuando no sabemos qué hacer cuando viene la crisis psicótica, para cuando nos sentimos solos e incomprendidos o cuando necesitamos un apoyo.
En definitiva, para que no sea una carga física, económica y emocional y llegar "a perder" la propia identidad como familia, como persona y como parte "integrante" de la sociedad que nos abandona.
No deja de ser paradójico que incluso la propia sociedad, además de no invertir en estos grupos sociales humanos, por propio egoísmo, por solidaridad hacia ellos, sabiendo que estando mejor estos enfermos estamos todos mucho mejor, los rechace y culpe a las familias o las haga causantes de la enfermedad mental de sus hijos.
Las familias no son culpables de nada, sí se sienten culpables hagan lo que hagan -que hacen todo lo que saben y más y todo lo que pueden y más de lo que pueden-.
Es la sociedad y nuestros gobiernos que no acabamos de invertir en la mejor de las "bolsas", en el mejor de los valores: la salud mental de todos y sobre todo de estos enfermos crónicos, que están ahí, que todos los días se despiertan y tienen a sus gentes (padres, profesionales, educadores...) gracias a los cuales son un poco más felices.
Pero hemos de avanzar más deprisa y con más dinero invertido en centros de rehabilitación con una conciencia más solidaria.
Si cada empresa financiara un tanto por ciento en centros psicoeducacionales de rehabilitación, y su financiación se viera premiada por la Administración en alguna medida, todos nos sentiríamos un poco más solidarios y tranquilos con nosotros mismos, sabiendo que hacemos algo por los demás, por quienes tenemos cerca y los conocemos.
TENEMOS que irnos concienciando que cada vez que una empresa, una industria, una patente, "una bolsa", un grupo social, produce beneficios -y los produce de verdad y en cuantía-, tiene una responsabilidad adquirida con los más débiles, por el mero hecho de su propia capacidad para producir riqueza, y esa riqueza es "más riqueza" desde que es compartida y solidaria con el bien más común y preciado de la sociedad en la que participa y vive: los débiles, los enfermos crónicos, nuestra gente, aquella que más nos necesita.
¡No es caridad, no es limosna, es un nuevo concepto social de justicia: solidaridad.
Invirtiendo en ella se enriquece uno mismo y la misma sociedad que la ejecuta! Éste es uno de los valores en alza, aunque no cotice en bolsa.