La cultura dice que, cuando algo duele, hay que tratar de olvidarlo.
Pero la información científica indica lo contrario: hay que recordar para entender y dar un sentido a las vivencias".
El neuropsiquiatra infantil Jorge Barudy explica por qué es necesario volver sobre algo que no es fácil digerir: 189 menores de 14 años fueron torturados y tomados prisioneros junto a sus padres entre 1973 y 1990, según ha consignado el Informe Valech.
Una realidad que no fue visible hasta que salió ese informe en 2004.
Desde entonces, decenas de estas personas empezaron a reunirse desde distintos puntos del país.
Formaron una agrupación que ha reunido cerca de trescientos testimonios y que por primera vez tendrá un encuentro a nivel nacional con fines terapéuticos.
Con el apoyo de Unicef, la reunión será este fin de semana en el Centro Canelo de Nos y contempla "Talleres de memoria", apoyados por especialistas en salud mental.
Para ello ha venido el neuropsiquiatra chileno radicado en Europa, Jorge Barudy, especialista en maltrato y abuso infantil, quien explica la importancia de traer a la memoria hechos dolorosos para poder procesarlos.
Memoria insconsciente
Muchas de estas personas eran tan pequeñas cuando fueron detenidas junto a sus padres que no recuerdan en forma consciente lo que ocurrió.
"Tenía una amiga que no podía escuchar la canción del "Negro José" sin salir arrancando.
Y no sabía por qué.
Después supo que, a los dos años de edad, estuvo seis meses en Villa Grimaldi y que esa canción, con la letra ánimo, negro José", se cantaba cuando llevaban a alguien a la sala de tortura", cuenta Ana Cortez, coordinadora de la agrupación.
Ella tenía 5 años cuando una señora que no era su mamá la fue a sacar del colegio.
La llevó a su casa donde estuvo una semana encerrada junto a su mamá y a su hermano de dos años, siendo apremiados por agentes de la CNI.
Después de eso, cuenta Ana, se aisló por tres años.
Su papá -un obrero militante del MIR- fue tomado prisionero y liberado seis años después, cuando fueron enviados al exilio.
En Bruselas recuperaron la vida familiar, y regresaron al país en 1991.
Hoy Ana es antropóloga social y trabaja con niños inmigrantes.
"No te imaginas cómo he llorado mi historia para poder contarla como la cuento hoy.
He hecho un proceso de toda una vida para enfrentarla, pero no todos han podido", agrega.
Cuando Ana fue ante la Comisión Valech a dar su testimonio, un funcionario la detuvo en la puerta.
"Yo fui secuestrada a los 5 años", le dijo.
Y él le contestó: "¿Pero de qué te acuerdas?".
Muchas personas creen que un mal recuerdo, al no ser consciente, es inofensivo.
Jorge Barudy explica que no es así: "Hoy se sabe que hay una parte del cerebro, el sistema límbico, que almacena las percepciones emocionales.
Cuando un niño es muy pequeño y no tiene la posibilidad de poner los recuerdos en la zona de la corteza cerebral, los almacena en el sistema límbico.
Y eso crea la memoria emocional".
Cuando alguna experiencia, como el maltrato, ha sido traumática en la infancia, se crea un especie de absceso que difunde dolor, ansiedad, angustia, dice Barudy.
"El niño o la niña no saben por qué tienen dificultades para controlar determinadas emociones, por qué determinadas visiones los descompensan, por qué les cuesta trabajar en la escuela.
Viven con un temor permanente".
Jaime Fuentes tenía 13 años cuando el 12 de octubre de 1973 fueron a allanar su casa.
"A mí y a mis tres hermanos nos sacaron fuera y nos pegaron toda la noche", cuenta.
Los hicieron correr en simulacros de fusilamiento y vieron morir a un vecino de 20 años.
"En ese momento no tuve la sensación de muerte.
Después sí.
Hoy me siento un sobreviviente".
Después de eso, cuenta, repitió de curso dos veces y no siguió estudiando.
Siente que su vida fue marcada por esa noche.
Jorge Barudy es optimista en relación a las posibilidades de reconstrucción interna de quienes han sufrido traumas en la infancia.
El proceso de sanación pasa por recordar lo vivido y, en este caso, también porque la sociedad reconozca que esto ocurrió, explica.
"La persona debe re-significar lo vivido: poder decir "no es que yo sea un enfermo mental", sino que lo que me pasa es coherente con lo que viví.
Y puedo trabajar para superarlo".
Parte del proceso de reparación de estas víctimas tiene que ver con el reconocimiento social de los hechos.
La memoria puede ayudar a curar traumas
Carmen Rodríguez F. El Mercurio