El hecho de no sentirse querido o ignorado por parte de la madre triplica el riesgo de un trastorno de la conducta alimentaria, según la investigación realizada por médicos de
Su director, Luis Beato, confirma que este sentimiento, totalmente subjetivo, es un factor predictor para padecer un trastorno de conducta alimentaria (TCA) en niñas y niños adolescentes, tal y como se ha podido comprobar en los más de mil jóvenes de 13 años seleccionados para realizar el estudio.
"Nosotros les preguntamos cuestiones como si se sentían muy controladas en casa, si habían sufrido violencia o maltrato físico, o si pensaban que no eran importantes para la madre.
Ante esta cuestión, nos sorprendimos de que las chicas que señalaban que a menudo se sentían así, tenían tres veces más riesgo de padecer un TCA".
La postura del padre y de la madre tienen valoraciones distintas: "Nuestro trabajo demuestra que lo más importante es sentir indiferencia por parte de la madre".
Otras causas, como la disfunción familiar, no mostraban capacidad predictiva.
El rechazo a la propia imagen corporal sigue siendo otro de los factores de riesgo más importante para desarrollar un TCA.
Percepción subjetiva
Beato insiste en que es una percepción subjetiva de la niña, por lo que no significa que la madre trate realmente con indiferencia a la hija, "aunque este dato se desconoce porque no hemos entrevistado a las familias, no las hemos evaluado; posiblemente son normales.
La percepción depende de variables psicológicas, no tiene por qué ser un problema de la relación de la madre con la hija.
Hay niñas que son especialmente sensibles, vulnerables, que presentan más dificultades al relacionarse con sus progenitores.
Es un problema de manera de ser, psicológico, genético, biológico..." La investigación pretende identificar claramente los factores que pueden favorecer o evitar la aparición de un trastorno de conducta alimenticia.
Este problema es la tercera patología crónica más frecuente en la adolescencia después de la obesidad y el asma.
Sus afectados presentan mal pronóstico y, una vez iniciado el cuadro, tienen una morbilidad elevada, por lo que sería de especial interés sanitario la puesta en marcha de campañas preventivas.
En opinión de Beato, no se pueden dar unas indicaciones preventivas a los médicos de atención primaria, aunque son los que primero valoran la probabilidad de que una adolescente presente este tipo de patología: "Se lucha con algo que es muy subjetivo, no es un hecho concreto, por lo que no se pueden recomendar pautas preventivas.
Quizá se pueda actuar mejorando la percepción sobre la hija para que se sienta más querida".