Escolares consumen fármacos sin receta
CRISTIÁN M. GONZÁLEZ S. El Mercurio
Según la última encuesta del Conace, los jóvenes toman estimulantes y tranquilizantes sin prescripción médica, con el riesgo de efectos secundarios y adicción.
<p style="text-align: justify;"><img alt="" src="https://www.psikis.cl/archivos/tn_psicofarm.jpg" style="height:171px; width:186px" /><span style="font-size:22px"><strong><span style="font-size:48px">U</span></strong>na de las vías más comunes por las cuales los escolares obtienen tranquilizantes o estimulantes es sacándolos desde el velador de los padres o, incluso, que éstos se los faciliten.</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="font-size:22px">Según la última encuesta del Conace, los jóvenes toman estimulantes y tranquilizantes sin prescripción médica, con el riesgo de efectos secundarios y adicción.</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="font-size:22px">El último Estudio Nacional de Drogas en Población Escolar, dado a conocer por Conace la semana pasada, trajo dos noticias, una buena y una mala.<br />
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La primera es la leve disminución en el consumo entre los alumnos de 8° básico y cuarto medio, especialmente de la marihuana.<br />
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Sin embargo, el lado negativo lo aportan el aumento en el consumo de cocaína y el preocupante uso de fármacos sin receta médica, como tranquilizantes y estimulantes.</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="font-size:22px">Según el estudio -realizado en noviembre en 58.489 alumnos, de 12 a 18 años, de 86 comunas del país-, el consumo de tranquilizantes (cuya prevalencia alcanza 3,9%) es sólo superado por la marihuana (12%), mientras que los estimulantes sintéticos presentan consumos similares a la pasta base (2,3%).</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="font-size:22px">Una realidad que a juicio de los especialistas es motivo de preocupación no sólo por los riesgos asociados a un consumo indebido, sino porque la situación es reflejo de que los adolescentes están pidiendo ayuda.</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="font-size:22px">"Si están consumiendo tranquilizantes hay que preguntarse por qué.<br />
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Esto es un fuerte indicador de que su salud mental no está bien", dice el siquiatra Mariano Montenegro, jefe del Programa de Tratamiento, Rehabilitación y Salud del Conace.</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="font-size:22px"><strong>En casa</strong></span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="font-size:22px">Nada extraño si se considera que, según cifras del Ministerio de Salud, cuatro de cada diez chilenos mayores de 15 años han padecido alguna vez en su vida algún trastorno siquiátrico.</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="font-size:22px">Lo anterior da luces acerca de las razones que, en parte, explican el consumo de tranquilizantes entre los adolescentes y cómo los consiguen.</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="font-size:22px">Estos fármacos, en especial los ansiolíticos (como diazepam y alprazolam, los más consumidos por escolares según la encuesta), ayudan a disminuir la ansiedad, a combatir el insomnio y relajarse.</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="font-size:22px">"Como muchos adolescentes tienen actividades estimulantes durante el día, un alto número de ellos los usa para lograr dormir por las noches", opina el doctor Mario Seguel, de la Sociedad de Psiquiatría Biológica.</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="font-size:22px">Por su parte, los estimulantes (anfetaminas y metanfetaminas) pueden usarse para contrarrestar el efecto de los ansiolíticos.</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="font-size:22px">"Hay jóvenes que los toman para aumentar la energía y estar más activos", agrega el siquiatra, con el fin de rendir mejor académicamente o, por el contrario, mezclados con alcohol para durar más en los carretes nocturnos.También se les atribuye un efecto anorexígeno (para controlar el apetito excesivo), sobre todo entre las mujeres, y para disminuir el cansancio.<br />
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"Por diversas razones -presiones académicas, múltiples actividades en el colegio y fuera de él-, los adolescentes están durmiendo poco; las horas de sueño no son restauradas y caen en el uso de estimulantes", aclara Seguel.</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="font-size:22px">Pese a que no fue un aspecto consultado en la encuesta del Conace, el doctor Montenegro plantea tres hipótesis sobre cómo los escolares consiguen estas drogas: a través de la compra sin receta médica -algo difícil, considerando que tranquilizantes y estimulantes requieren dereceta retenida y receta cheque, respectivamente- o a través del comercio ilícito.</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="font-size:22px">No obstante, "lo más probable es que se obtenga en la casa; que otro miembro de la familia, a quien se lo prescribieron, le convide, o que saque sin su consentimiento", dice el especialista.</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="font-size:22px">Los chilenos tienen una gran debilidad por la automedicación, así que no sería raro que un familiar, con la mejor voluntad del mundo, le dé una pastilla a un adolescente angustiado ante una prueba o que está cansado luego de trasnochar estudiando, por citar ejemplos.</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="font-size:22px">El problema es que si bien estos fármacos tienen un efecto casiinstantáneo, suele ser transitorio.<br />
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Entonces, a medida que se abusa de ellos en el tiempo se va perdiendo tolerancia y son cada vez menos efectivos, lo que lleva a aumentar la dosis y, con ello, los efectos secundarios (ver infografía) y una potencial adicción.</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="font-size:22px"><strong>Síntomas de privación</strong></span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="font-size:22px">En el caso de los tranquilizantes, "como tienen un efecto sedante, interfieren con procesos cognitivos, como la concentración y la memoria.<br />
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El adolescente está más tranquilo, pero con somnolencia o menor atención en clases", dice Seguel.<br />
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Además, como se trata de aliviar síntomas (angustia, cansancio, insomnio), en algunos casos se puede estar pasando por alto un problema de fondo, como una depresión.</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="font-size:22px">Para peor, "después de un tiempo de uso -incluso a las tres o cuatro semanas- se produce un acostumbramiento, no sólo en términos de tolerancia, sino también en que cuando se interrumpe su consumo aparecen síntomas de privación".</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="font-size:22px">Este aspecto es el más riesgoso, a juicio del doctor Mariano Montenegro.<br />
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En rigor, cuando son prescritos por un médico (lo que ocurre en el 10% de los adolescentes), con dosis y períodos controlados, son muy útiles y el potencial adictivo es mínimo.</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="font-size:22px">De hecho, en el caso de las anfetaminas y metanfetaminas, su única indicación de uso es para el tratamiento del déficit atencional con hiperkinesia, precisa Montenegro.<br />
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"Un niño o un adolescente tratado con este medicamento tiene menor probabilidad de ser un adicto en el futuro que aquel que no recibe tratamiento".</span></p>
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