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Jugar con el agua es más peligroso que con la comida

ARACELY R. R./BADAJOZ. Hoy Digital

No en todos los casos, pero si que se puede observar una coincidencia en la obsesión por mantenerse delgados.

En algunos casos, los potomaníacos, además de dejar de comer, beben mucha agua, de manera que sacian su apetito y su ansiedad, persiguiendo los mismos fines.

Mientras más adelgazan, más beben y entran en un círculo vicioso que se enmarcaría dentro de lo que se llama "Adición a la repetición".

Además, también tienen en común que beber satisface la oralidad de las personas, y eso siempre tranquiliza.


ENTREVISTA AJOSÉ RAMÓN GUTIÉRREZ JEFE DE PSIQUIATRÍA INFANTIL DEL INFANTA CRISTINA



-¿Qué gravedad entraña para usted esta conducta?

-"Jugar" con el agua es aún más peligroso que con la comida.

Igual que no se puede jugar con el aire, el agua es un elemento que no permite un comportamiento inadecuado durante demasiado tiempo, porque las consecuencias pueden ser muy serias para cualquier organismo.

Así podemos aguantar un tiempo sin comer, pero poco sin beber porque nos deshidrataríamos.

-¿La potomanía se da en perfiles de personalidad muy determinados?

-Depende mucho de las causas que lleven a la la persona a esta adicción.

En caso de obedecer a causas estéticas, estaríamos hablando de gente con una autoestima no demasiado buena.

Así, muchos de los casos se localizan en adolescentes inmaduras que, a parte de que el agua les viene bien para adelgazar, porque les quita el hambre, necesitan estar "enganchadas" a algo para sentirse importantes.

La potomanía, salvo que sea neurológica, forma parte de conflictos o problemas psicológicos.

Podríamos decir que en un 10% de los casos, afecta a personas con un trastorno claro, un 40 o 50% de los casos, corresponde a gente con inestabilidad transitoria y en el resto de los casos, nos puede afectar a todos.

-¿Por qué cree que últimamente se ha convertido en un fenómeno social?

-Pues un poco debido a los medios de comunicación.

La publicidad y la sociedad de la imagen, en la que el culto al cuerpo se ha convertido en un referente obligado, también contribuye a presionar a estas personas, sobre todo a los más jóvenes, susceptibles de caer en este tipo de conductas porque su personalidad no está del todo formada.