No está del todo claro si se puede o no hablar de patologías psiquiátricas emergentes en la infancia y la adolescencia, pero lo cierto es que este tipo de trastornos cada vez se diagnostican de forma más temprana.
Los más prevalentes son, sin lugar a dudas, los trastornos de ansiedad, la depresión y el TDAH (trastorno por déficit de atención e hiperactividad).
Mientras que la ansiedad es más propia de las edades tempranas (hasta los 8 ó 9 años) y se considera un cuadro más leve, y con buen pronóstico siempre que se diagnostique y se trate a tiempo, la depresión suele ser bastante más compleja de manejar.
"Se trata de una patología que padece hasta un 8 por ciento de los adolescentes y en torno a un 2,5 por ciento de los niños.
Además, es la primera causa de suicidio entre la población infantil", explica el doctor César Soutullo, director de la Unidad de Psiquiatría Infantil y del Adolescente de la Clínica Universitaria de la Universidad de Navarra, durante su intervención en el 55º Congreso Nacional de la Asociación Española de Pediatría, que está teniendo lugar estos días en Valencia.
Y es que, "el suicidio es la tercera causa de mortalidad en los niños a partir de los 10 años, después de los accidentes de tráfico y el cáncer", añade este experto.
De ahí que un diagnóstico certero y un tratamiento adecuado puedan evitar mucho sufrimiento de los pacientes y su entorno y, sobre todo, un importante número de fallecimientos.
En la mayoría de estos casos, el niño o adolescente lleva mucho tiempo "dando pistas y señales que los padres y, por supuesto, el pediatra deben saberlas detectar".
Desgraciadamente sabemos que, aunque se maneje de forma adecuada, entre un 15 y un 20 por ciento de los niños que padecen depresión pueden sufrir recaídas durante la edad adulta.
Componente hereditario
Las causas de los trastornos de ansiedad y depresivos en estas edades son muy diversas y, en la mayoría de los casos, se presentan de manera conjunta.
Aún así, en el caso de la depresión, existe un alto componente hereditario: "el 50 por ciento de la causa de la depresión es de origen genético", explica el doctor Soutullo.
Los niños cuyo padre o madre ha padecido depresión tienen un riesgo algo más elevado de sufrirla, y aún más, si la madre la ha padecido después del parto.
Además de este factor, existen numerosos componentes externos, la mayoría relacionados con el entorno familiar, que pueden dar lugar a un cuadro depresivo: la pérdida del padre o la madre, el que alguno de los progenitores tenga una enfermedad crónica o el padecer algún tipo de abusos u otros traumas.
Los trastornos de ansiedad tienen como principales causas, por una parte la vulnerabilidad individual del niño y por otra parte las experiencias traumáticas que vive, si bien la ansiedad es un fenómeno adaptativo normal en el ser humano.
Aunque en general son cuadros con buen pronóstico, "se estima que en torno a un tercio de los casos que aparecen en la infancia pueden cronificarse y permanecer en la edad adulta", apunta el doctor Javier San Sebastián, jefe de la Unidad de Psiquiatría Infanto-Juvenil del Hospital Universitario Ramón y Cajal, de Madrid.
La patología ansiosa se expresa de manera diferente conforme el niño se va haciendo mayor.
Según el doctor San Sebastián, "mientras que durante la infancia la ansiedad se manifiesta en forma de síntomas físicos y psicosomáticos, en el niño prepúber lo hace con síntomas comportamentales y en la adolescencia se expresa a través de síntomas psicológicos, como en el adulto".
Trastorno bipolar
Aunque no es una de las patologías psiquiátricas más frecuentes durante la infancia y/o adolescencia, el trastorno bipolar supone un grave problema tanto por sus consecuencias como por el hecho de que, en un alto porcentaje de casos, no está bien diagnosticado ni tratado.
"Se trata de un trastorno del humor en el que el paciente padece fluctuaciones que oscilan de momentos de depresión a otros de manía, en los que puede estar muy eufórico o, incluso, exageradamente irritable", explica el doctor Soutullo.
Debido a las fluctuaciones en el estado de ánimo que caracterizan a esta enfermedad, en muchos casos se asocia erróneamente a un cuadro depresivo y se trata como tal.
"Confundir un episodio depresivo del trastorno bipolar con una depresión hace que se pueda llegar a tratar como tal, produciéndose un empeoramiento significativo del estado del paciente", destaca el doctor Soutullo.
El trastorno bipolar debe tratarse con estabilizadores del humor que consiguen reducir la amplitud de sus fluctuaciones.
Diferencias entre sexos
Durante los primeros años de vida, excepto en el TDAH, no existe ninguna diferencia entre sexos en la prevalencia de estas enfermedades.
Sin embargo, en la adolescencia las cifras de la depresión aumentan más en el caso de las chicas.
"Así, la prevalencia de la depresión es más del doble en el sexo femenino", señala el doctor Soutullo.
Algo parecido ocurre en el caso de los trastornos de ansiedad.
Sólo en el caso del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad son los varones pequeños los más afectados.