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Expertos describen las razones por las cuales los ninos dicen mentiras

A. Worthington. La Tercera. Chile

El manejo que se hace de las primeras mentiras es muy importante, porque marca la pauta para el futuro.

Si es algo que proviene de su fantasía, como hablar con amigos imaginarios, no hay problema.

Pero si esconde algo incorrecto, es en este momento que hay que cuestionarse "si lo está haciendo por miedo o se da cuenta que con esto puede lograr cosas", explica la sicóloga María Teresa Ramírez.

A la vez, esta es la oportunidad para que se dé cuenta de que no es necesario mentir, ya que las cosas se solucionan dialogando.


Los padres deben ser quienes den el ejemplo de la honradez, añade la sicóloga, quien aconseja que "más que decirle "no se miente porque es malo", se transmita al niño la importancia de la honestidad como valor".


En el caso de los adolescentes ocultar cosas a sus padres puede manifestar rebeldía, especialmente si sienten vulnerada su privacidad.

Pero si las mentiras son reiteradas se debe prestar atención para detectar si está ocultado alguna conducta de riesgo.



Marcos tiene cinco años y una creatividad que en ocasiones desespera a su padre.

"Siempre me decía que Juan José, un compañero de curso -con el que además viaja en el mismo bus escolar- lo invitaba a su casa.

Yo le decía que la mamá de Juan José tenía que llamarme y convidarlo.

Hace unos días, pasaba la hora y no llegaba del colegio, hasta que me llama la abuela de su amigo y me dice que Marcos estaba en su casa.

Habían engañado a la profesora y a la tía del bus para que lo dejara bajarse allá", relata, riéndose del ingenio del niño, pero a la vez preocupado por su conducta, pues no es la primera vez que manipula información.


Mentir u ocultar algo muchas veces puede alarmar o indignar a más de un padre, pero se trata de una conducta común en los niños y que -a diferencia de un adulto o un joven- no involucra un conflicto moral o un acto del que tengan conciencia que no es correcto.

Para los pequeños, no decir la verdad es más bien una manera que aprenden para obtener algún beneficio o evitar un castigo, pero hay que prestar atención cuando esta actitud se vuelve reiterativa.


De la fantasía a la manipulación


Las mentiras comienzan alrededor de cuatro años, "cuando se dan cuenta que la otra persona no es parte de su realidad.

Toman conciencia de que pueden inventar cosas y que ese mundo que ellos crean no existe más allá de su cabeza y nadie tiene acceso a él", explica María Teresa Ramírez, sicóloga del Programa Valores (proyecto para enseñar valores en los colegios del Fondeff-UC).

Esto se inicia como una forma de explorar y expresar sus fantasías.

Cuando ya están en edad escolar se van dando cuenta de lo que pueden lograr.


Las causas para no decir la verdad pueden ser varias.

Según el siquiatra infantil Hernán Montenegro y docente de la Universidad de Santiago, entre las más comunes están el temor a un castigo (por notas, por transgredir una norma de la casa) y el tratar de mejorar su imagen o estatus frente a un grupo de pares.

Por ejemplo, Macarena (6), hace un tiempo le contó a sus amigas del colegio que había ido a Disney en las vacaciones.

"Me enteré porque una mamá me preguntó cómo nos había ido en Disney y yo no sabía de qué me hablaba.

Nunca hemos ido", cuenta Claudia, su mamá.

En casos como éste, es posible que se trate de una fantasía, pero si reiteradamente cuenta este tipo de historias, podría ser que el menor se sienta humillado, poco valorado o menospreciado por sus pares.


Hay veces en que el temor lleva a los niños a omitir cierta información.

Al respecto, la sicóloga Nicolle Alamo, del Programa Valores, explica que esto tiene que ver con la jerarquía valórica en la familia.

"Por ejemplo, en una familia muy materialista, si el niño rompe algo le va a dar mucho susto y va a mentir.

Si se saca una mala nota y eso no es tan importante para ellos, no tendrá problemas en decirle a los papás que se sacó un tres.

Es decir, depende de qué es lo que el niño ha aprendido que es importante en la familia".


Análisis personal


Las especialistas del Programa Valores coinciden en que antes de culpar al menor o sancionarlo por faltar a la verdad, los papás deben pensar qué está ocurriendo que hace que el infante se vea obligado a mentir.

Por ejemplo, preguntarse si acaso se está siendo demasiado estricto, "¿por qué quiere obtener ganancias?, ¿qué me está escondiendo?, ¿qué ha aprendido de mí como modelo?", acota Bernardita Pizarro, sicóloga del proyecto.

Cuando la mentira es crónica los padres deben reflexionar qué actitud tomar para que no lo siga haciendo (ver recuadro).