En este trabajo se hace una revisión de las teorías de Melaine Kleine que explican la forma en que el recién nacido afronta la realidad externa y el papel de intermediación que juega la madre entre el niño y su realidad.
Se analiza, además, la manera en que el niño transita por etapas de su desarrollo emocional en donde posee una concepción fantástica de la realidad, con la cual inviste, a su vez, a la realidad externa y como es que hasta después de hacer este investimento es que él puede permitirse la percepción de esa realidad, pero con las distorsiones originadas por sus propias fantasías.
También se analiza en este trabajo, lo que sucede en las primeras etapas del desarrollo emocional del niño, cuando la intermediación de la madre no es buena, generándose, posiblemente, problemas serios de enfermedad mental, del tipo de la esquizofrenia.
Asimismo, se explica que el ser humano desde su nacimiento y posiblemente hasta su muerte, requiere de múltiples intermediaciones para comprenderse a sí mismo y al mundo que le rodea.
Se habla igualmente, de que el psicoanálisis ha permitido estudiar esa primera intermediación de la madre entre el niño y la realidad, pero que aún se desconocen las consecuencias individuales y sociales producidas por otras formas de intermediación, posteriores a esta primera, especialmente cuando las mismas no son o no fueron lo suficientemente buenas.
Para ejemplificar estas últimas formas de intermediación se analizan aquellas que se dieron durante la lucha zapatista en contra del sistema y del gobierno mexicano, haciendo especial énfasis en el uso inadecuado que de los medios masivos de difusión hicieron estos últimos para tergiversar la percepción que la sociedad podía tener de la realidad, convirtiéndose, de esta manera, en pésimos mediadores entre la sociedad y la realidad externa.
Los seres humanos no nacemos con la capacidad de percibir la realidad externa y lo poco que logramos percibir de ella, en los primeros días de la vida, no resulta ser nada agradable y sí muy amenazante.
Melanie Klein (5), por ejemplo, asegura que en esta etapa muy primaria del desarrollo, que denomina posición esquizoparanoide, la principal angustia del recién nacido es la angustia de muerte y que, para librarse de ella, tiene que recurrir a la escisión de su yo, permitiendo de esta manera que una parte de él sea la que se contacte con el mundo externo, mientras que la otra se mantiene, a través de la fantasía, unida a la seguridad de su condición intrauterina, no obstante que esta sea la condición que el nacimiento mismo le obligó a abandonar.
Tan amenazante le resulta al niño nacer y enfrentarse a la realidad externa, que resulta difícil concebir la posibilidad de que él solo pudiera afrontar esos acontecimientos.
La presencia y la ayuda de la madre le son fundamentales para lograr ese propósito.
Es la madre quien, con su capacidad de contención, diluye y yugula esas angustias de muerte y quien, además, termina mostrándole al hijo que el mundo que le rodea no es tan amenazante como él lo supone.
La madre, pues, desde esas etapas muy tempranas de la vida es quien se encarga de mediar entre la realidad externa y el incipiente yo del recién nacido.
Cuando la madre no es capaz de cumplir con esas funciones de contención de la angustia de muerte y de mediación entre la realidad externa y el niño recién nacido, decimos que estamos frente a una madre esquizofrenizante, pues de esta manera, ella dejaría de promover el desarrollo emocional del hijo, prolongando la condición de escindido en este último y, esa condición de escisión, acabaría siendo la base de un padecimiento esquizofrénico.
Y, esquizofrenia significa, entre otras cosas, la desconexión del individuo de la realidad externa.
Para el esquizofrénico, dice Klein (4), el mundo es un útero poblado de objetos peligrosos, y él vive aterrorizado dentro de ese mundo.
En otras palabras, el esquizofrénico nunca llega a conocer y a comprender la realidad externa y se queda con aquella visión distorsionada que de ella tuvo en esas primeras etapas del desarrollo, producto, en gran parte, de que nunca existió una buena intermediación materna que le permitiera modificar esa apreciación y después contactarse con la realidad.
La percepción de la realidad externa, además, no se realiza solamente por lo que nuestros sentidos nos permiten hacer a ese respecto, sino que, aun antes de que éstos se desarrollen plenamente, el recién nacido ya tiene formada una idea fantástica de lo que es la realidad, idea que persiste y que después va modificándose gracias al desarrollo precisamente de esos sentidos y, de manera fundamental, a la intermediación que hace la madre para que el niño vaya cambiando esa percepción fantástica por otra más cercana a lo que denominamos: realidad real.
Este último concepto, el de realidad real, no es un pleonasmo innecesario, sino algo que intenta clarificar que la realidad existe tal cual e independientemente de lo que nosotros pensemos de ella, pero que esa realidad, no creemos que nadie sea capaz de así percibirla debido al investimento que todos hacemos sobre ella con nuestras propias proyecciones, que siempre, en mayor o menor grado, terminan deformándola.
El proceso de percepción de la realidad, por esta razón, resulta ser más complejo de lo que normalmente se piensa que es, pues al parecer, los seres humanos partimos de la base de primero investir a la realidad con nuestras proyecciones y hasta después aceptamos recibir la información que la realidad nos proporciona de sí misma.
Sin embargo, a este respecto, generalmente creemos lo contrario, pensamos que basta "abrir los ojos" o "aguzar los oídos" para que por ahí entre la realidad.
Pero, esta creencia no es sino uno más de nuestros tantos investimentos que nos impiden ver la realidad real.
El ser humano, desde el momento del nacimiento y, probablemente hasta la muerte, requiere que le ayuden a comprenderse tanto a sí mismo, como a comprender el mundo que le rodea.
La primera en hacerlo, como ya lo explicitamos, es la madre, pero después de ella lo hacen otras personas significativas en su vida, como lo son el padre, los hermanos y los otros seres que le acompañan en su desarrollo emocional.
Más tarde serán los maestros con sus enseñanzas y, en otras condiciones, intervendrán los profesionistas de la salud mental.
También participan, de manera muy importante, los conocimientos que se obtienen ya sea de la información contenida en libros, así como aquella que se divulga en los medios de comunicación, o bien la adquirida en el contacto cotidiano que se sostiene con la naturaleza, con sus fenómenos, sus enigmas y sus bellezas.
Podemos pues afirmar que la percepción de la realidad no es fácil ni en los inicios de la vida ni lo es tampoco en las etapas posteriores, ya que en estos procesos de percepción intervienen formas de mediación que se establecen entre la realidad externa y el individuo y, por ende, existe la posibilidad de que esa mediación no haya sido lo adecuada o lo suficientemente buena que debiera ser para lograr ese propósito.
En este trabajo pretendemos mostrar como se hacen manifiestas estas fallas de intermediación en acontecimientos sociopolíticos sucedidos en nuestro país, México, y el posible daño social que con ellas se efectuó a toda una sociedad necesitada de saber que acontecía en su entorno.
El primero de enero de 1994, en el sureste mexicano, en el Estado de Chiapas, tuvo lugar un levantamiento armado por un grupo rebelde que se autodenominó: Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).
Este grupo hizo coincidir su levantamiento con la fecha en que entraba en vigor el recién aprobado Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos de Norte América, Canadá y México.
La declaración de guerra fue hecha por los rebeldes al Ejército Mexicano y al Gobierno de la República por considerar que dicho tratado era la lápida con la que se sepultaban las esperanzas de los pueblos indígenas de esa región, pues ellos consideraban que resultarían no solamente innecesarios, sino hasta molestos para un sistema en el que no tendrían cabida.
Su levantamiento era pues, por lo menos, una forma de protestar contra su miseria y contra el morirse de hambre y de exclusión, como ellos suponían que terminaría sucediendo.
En este levantamiento armado, a todas luces se veía que las fuerzas con que contaban los rebeldes no se asemejaban ni con mucho a las del Ejército Mexicano, ni por el armamento que mostraban, ni por el número de combatientes, ni mucho menos por la extensión territorial que abarcaba el levantamiento.
Sin embargo, el despliegue militar que en los días y meses subsecuentes tuvo que hacer el Ejército Mexicano ?más de 30,000 soldados? hacía pensar que la importancia que se le otorgaba al citado levantamiento era mucho mayor a lo que el propio Gobierno aseguraba en sus declaraciones ante los medios masivos de comunicación.
Esta diferencia, entre lo que hacía y lo que decía hacer el gobierno, fue sólo el inicio de una serie de contradicciones que se repitieron con las mismas características desde el inicio del conflicto hasta el momento actual.
El Movimiento Zapatista pues, por un lado, y el Ejército Mexicano y el Gobierno, por el otro, presentaba una visión totalmente diferente del conflicto.
Los medios de difusión, como lo reconocen actualmente, confiesan que en ese entonces no tenían la libertad de expresar lo que realmente acontecía en torno a este problema.
Salvo raras excepciones, la mayoría de estos medios, fueron una comparsa con el punto de vista gubernamental.
La información recibida por la sociedad carecía, por estas circunstancias, de una visión apegada a la realidad.
Después de más de siete años de conflicto, lo que se ha podido observar es que se está muy lejos de que este enfrentamiento pueda ser catalogado como una de las tantas guerras cruentas que han estremecido a este mundo, donde los saldos de muertos y de heridos terminan horrorizando a la humanidad.
Se trata más bien, dicen algunos, de una "guerra de papel".
Nuestro punto de vista nos lleva a pensar que esta última denominación también es poco afortunada y que, ha sido, la ausencia de información sobre el contenido ideológico del Movimiento Zapatista, lo que ha impedido que a este enfrentamiento se le vea como lo que en realidad es: una guerra de ideas o de posiciones, en donde los indígenas han luchado en contra de un sistema, un gobierno y unos medios de difusión, ligados todos ellos entre sí, por los intereses comunes de una clase en el poder, que está dispuesta a sostener por la fuerza, si es necesario, la posición ideológica que defienden y que denominan: globalización.
Del otro lado, los zapatistas, también parecen estar dispuestos a todo, y su posición es totalmente contraria, ideológicamente hablando, a la sustentada por el sistema gubernamental.
Ellos, los indígenas, pretenden además su inclusión en una nación que tradicionalmente los ha excluido, marginándolos y olvidándolos y, por lo tanto, negándoles los frutos de lo que comúnmente se acepta como progreso nacional.
Entre las tácticas de lucha sostenidas por el sistema y su gobierno ha sido importantísimo el uso de los medios masivos de comunicación, pues la guerra que ellos hubieran querido violenta, no lo fue por mucho tiempo.
Los indígenas, los desarrapados, decidieron sostener su lucha cambiando los enfrentamientos armados por enfrentamientos ideológicos y sus posturas han permitido exhibir la conducta deshonesta del contrincante.
Los medios de difusión, como normalmente acontece en una lucha de estas características, se volvieron piezas fundamentales para unos, pero no para otros.
El subcomandante Marcos, es el líder natural del Movimiento Zapatista, es un hombre que le gusta pensar y escribir, pero es, ante todo, un personaje que le gusta actuar congruentemente con lo que piensa y con lo que escribe.
Le agrada hablar con el hombre común y corriente, habla con el que es padre, con el que es hermano mayor, habla también con el hombre que trabaja y con el que camina desde las nubes, con el que tiene palabra, con el que va de uno a otro lado, con el que trabaja la palabra.
A Marcos además lo sabemos poeta; poeta, porque trabaja la palabra para decir lo que hay que decir sin usar muchas palabras, sólo las necesarias y, cuando se refiere al poder, él dice, que se debe de mandar obedeciendo.
A diferencia de lo que dice y hace el subcomandante Marcos, los medios de difusión, coludidos con el gobierno y con el sistema, frecuentemente hablan pero para excluir a la mayoría de los seres humanos comunes y corrientes, para ellos no contamos, somos únicamente receptores o sujetos de venta, ellos nos venden todo, hasta la forma de pensar y nos dan, a cambio de ello, el escándalo del político o el asesinato del criminal.
Sólo este tipo de noticias merece la sociedad, lo demás no existe, por eso el hombre común y corriente no cuenta, los otros no contamos, no existimos, somos sólo el rating esperado, deseado, somos los "sin rostro".
De ahí que, si fuéramos congruentes con ese sitio que los medios nos han asignado en la vida, debiéramos también encapucharnos, para reasegurarlos, como lo hace el subcomandante Marcos, de nuestra no presencia, de nuestra inexistencia.
Y, puede que ni así lográramos mucho, porque, para estos ciegos que manejan los medios de difusión, si algún día nos encapucháramos todos los mexicanos, es muy posible que ni así fuéramos noticia y, probablemente, ellos seguirían hablando de robos y asaltos y, mostrándonos entrevistas, como aquellas en las que aparece López Obrador hablando mal de Fox para, después, escuchar lo que éste último le contesta.
Por supuesto, que esta no es para nada la realidad real sino es tan sólo una "realidad inventada" por quienes la manipulan a su antojo, por quienes quisieran que su realidad fuera nuestra realidad.
Estos "informadores" son, pues, una especie de niños omnipotentes con juguetes poderosos, jugando con la realidad de los demás, con nuestra realidad.
El subcomandante Marcos es, por ésta y por otras razones, el líder de los desaparecidos, de los inexistentes, no porque él quiera serlo, sino porque los desaparecidos y los inexistentes queremos un líder.
Por ejemplo, la concentración multitudinaria que esperaba la llegada de Marcos y de la comandancia zapatista en la ciudad de México, el 11 de marzo del 2001, no existió para los monopolios televisivos del país.
Así de simple, no existió.
La realidad se esfumó, se fue y los cientos de miles de hombres y mujeres que acudieron a recibir a los rebeldes se volvieron nada, desaparecieron.
Ellos jugaron otra vez a que no existíamos, en tanto nosotros, luchábamos por existir y buscamos desesperados un líder que contradijera a estos falsificadores de la realidad.
Fue, tal vez, por esta razón que el subcomandante Marcos (6), con la palabra se abrió camino para llegar al otro, a los otros: "Hermano y hermana indígena y no indígena, un espejo somos, aquí estamos para vernos y mostrarnos, para que tú nos mires, para que tú te mires, para que el otro se mire en la mirada de nosotros.
Aquí estamos y un espejo somos.
No la realidad, sino apenas su reflejo.
No la luz, sino apenas un destello.
No el camino, sino apenas unos pasos.
No la guía, sino apenas uno de tantos rumbos que al mañana conducen."
Miguel Escobar (1), estudioso del Movimiento Zapatista, dice al respecto:
La clase en el poder quiere mirar la marcha de la palabra desde la ecuación de la era visual: Lo visible = Lo real = Lo verdadero, por lo tanto es necesario destruir la conexión entre la marcha y la realidad, entre la masa y el líder, o sea, entre el sub Marcos y la sociedad civil, entre él y la comandancia zapatista, entre ésta y los pueblos indígenas.
Por ello, existe una estrategia política para el manejo de la imagen inventada, aunada a la guerra real de "baja intensidad" que se desarrolla en contra de las comunidades zapatistas, cuyo objetivo es romper los consensos que, con su lucha, los zapatistas han ido construyendo con los desarrapados y las desarrapadas del mundo.
De esta forma se busca reducir la realidad a ciertas "informaciones", a spots, a la pantalla chica, reduciendo la realidad real y presentándola con otro rostro, diferente a los rostros de quienes se atrevieron a pronunciar su palabra para decir su verdad y hacer evidente la corrupción del poder, su conducta esquizofrénica, su despotismo, su política racista de exclusión que busca la eliminación del hermano, del otro, del diferente.
No podemos ignorar que los medios de comunicación, a la vez que han facilitado el conocimiento de la realidad externa, dándonos más y mejor información sobre ella, también han acabado complicando la comprensión de esa realidad, principalmente porque el medio de difusión tiene la posibilidad de dejar de ser medio y transformarse en un tergiversador de la realidad.
El individuo ante esta condición ha tenido que aprender a defenderse de este tipo de agresión, tratando de discriminar lo que puede ser verdad y lo que puede ser mentira, pero ya sin tener nunca más la certeza de poder lograr plenamente ese propósito.
Los medios de comunicación saben del poder que adquieren con el manejo de la información y con la posibilidad de transmitirla a miles, o a veces a millones de personas.
Esto les otorga alcances inimaginables que, por supuesto, no tiene un ser humano común y corriente.
Estos medios además, pocas veces se conforman con ese poder y también transgreden su misión para volverse adoctrinadores ideológicos y apoyadores de regímenes y sistemas corruptos, de los que después ellos mismos resultan beneficiados.
Cuando los medios de comunicación, el gobernante o el poderoso promueven la tergiversación de la realidad, no hacen sino transformarse en pésimos mediadores entre el hombre y su realidad.
El psicoanálisis (2) (3) (4), además de sus aplicaciones clínicas tradicionales, tiene otras que le han permitido hacer contribuciones importantes a la cultura en general y a diferentes disciplinas científicas, en lo particular.
La comprensión de algunos fenómenos sociopolíticos, como lo es el de la actual lucha Zapatista en contra de un gobierno excluyente de los indígenas, resulta ser parte de su interés, simplemente porque sus instrumentos de investigación le permiten profundizar en los contenidos conductuales de esas dos partes de la sociedad mexicana.
La investigación psicoanalítica (5) nos dice: el individuo, desde los inicios de su vida, requiere de la intermediación de la madre para superar etapas de su desarrollo emocional que le van permitiendo un mejor y mayor contacto con la realidad externa que le rodea.
Esta experiencia de intermediación parece ser fundamental y acaba dejándole al ser humano una huella imperecedera de ese proceso, la cual, además, termina de alguna manera sirviéndole de base para nuevas intermediaciones en etapas subsecuentes a la de su propio desarrollo emocional.
Cuando se carece de una buena intermediación materna y el niño no logra un adecuado contacto con la realidad externa, sabemos que se originan más adelante enfermedades mentales severas, pero aún desconocemos con precisión cuáles pudieran ser los daños que se originan en los seres humanos si además no se tiene una buena intermediación en esas etapas posteriores a las de esta relación materna.
¿Qué daños se originan, por ejemplo, cuando somos víctimas del doble mensaje de un gobernante, o bien, qué perjuicios hay cuando los medios masivos de comunicación falsean la realidad y nos dicen que está sucediendo tal o cual cosa y acontece exactamente lo contrario? ¿Qué sucede si estos males persisten a corto, mediano o largo plazo? ¿El engaño y la manipulación social resultan inofensivos para la sociedad? ¿Existen las psicopatologías sociales? ¿Estas psicopatologías sociales, más que manifestarse individualmente, lo hacen de forma colectiva? ¿Habrá alguna forma de que la sociedad se defienda de estas agresiones relacionadas con el daño a la percepción de la realidad, o bien, somos inmunes ante ellas?
En este sentido, podemos plantear algunas hipótesis.
Una de estas sería que la sociedad, ante la amenaza de degradarse, dañarse o desintegrarse severamente, genera por sí misma mecanismos para defenderse de la conducta agresiva y destructiva de algunos de los grupos que la integran.
La sociedad actúa como un ser vivo, el cual, por esa sola condición, es susceptible de ser dañado, pero también, por esa misma razón tiene la posibilidad de defenderse de ese daño.
Un ejemplo de ello fue lo acontecido el 2 de julio del 2000 en las elecciones presidenciales en México, en donde la sociedad intervino, en forma inesperada, para obtener un triunfo electoral que se antojaba difícil o hasta imposible.
Lo hizo generando la participación de cerca de 39 millones de votantes.
El partido en el poder esperaba las elecciones con 13.5 millones de votos duros.
No era lógica su derrota, pues cuando mucho se esperaban 28 millones de votantes, y ellos tenían casi la mitad.
El resto tendría que dividirse entre los otros dos partidos, PAN y PRD, y ninguno de los dos alcanzaría la cifra que sí obtendría el PRI.
Vicente Fox, desesperado, buscaba la alianza con el PRD.
La alianza nunca se dio, pero la sociedad misma se encargó de darle el triunfo con una votación que casi doblaba a la obtenida en la última elección presidencial.
En este caso, fue la propia sociedad la que se defendió, quitándose una dictadura de más de 70 años de vida y regalándose, de esa manera, su entrada a la democracia.
Sin embargo, así como existen ejemplos en donde la respuesta social triunfa sobre daños ancestrales que la propia sociedad viene sufriendo por grupos de poder que la mantuvieron sojuzgada, creemos que existen otros, en donde esto no es así.
Observemos lo siguiente: en México los medios masivos de difusión, principalmente los televisivos, los tienen prácticamente controlados dos empresas que se disputan el mercado de la publicidad comercial y se pelean entre ellas por obtener la mejor tajada posible del mismo.
Pero, cuando estas empresas por alguna razón ven amenazada su posición ideológica o sus intereses económicos, automáticamente se unen entre sí, tal y como lo hicieron, por ejemplo, cuando se celebró la Marcha Zapatista, en su recorrido por una buena parte del país y en su consecuente llegada a la ciudad de México en donde, estos medios, consiguieron con su presencia o su ausencia, hacer un daño social importante, ya sea distorsionando la información de lo que acontecía en el citado recorrido de la marcha, o bien, dejando de informar sobre la llegada de los insurgentes a la ciudad de México.
Estas empresas, manipularon, de esta manera, la información a su antojo y así lo hacen con otros acontecimientos, al magnificarlos, reducirlos o incluso al desaparecerlos, según sea su conveniencia.
En muchas ocasiones, la sociedad poco o nada puede hacer al respecto, pues la libertad que ellos tienen para hacer o dejar de hacer es absoluta, amparándose en una libertad de prensa que por supuesto nada tiene que ver con la desinformación, el engaño y la manipulación que estos medios realizan en perjuicio de la sociedad.
El Movimiento Zapatista en su lucha cotidiana nos ha permitido observar hasta que grado los medios de difusión pueden distorsionar la realidad, manipulando la información.
Son dos las principales formas que éstos utilizan para tergiversar la realidad: una de ellas es negando la existencia de algo que existe, quitándole partes a la realidad y proporcionando con ello una especie de alucinación negativa (dejar de ver lo que existe) o bien, agregando partes a la realidad, generando con esto algo parecido a lo que sería una alucinación común y corriente (ver lo que no existe).
La observancia de la realidad y el contacto que los individuos necesitamos tener con ella, por supuesto, que es lo que menos les importa, como tampoco les importa la confusión mental que socialmente se origine por la desinformación, la tergiversación de la realidad y, menos aún, la inhabilitación social que por este motivo se produzca al impedirle a la sociedad opinar, decidir y participar en la solución de los problemas de su comunidad.
La radio y los medios impresos no siguen una conducta diferente, salvo honrosas excepciones, no hacen sino englobarse a un poderoso sistema de difusión capaz de moldear la opinión pública a su antojo.
El que la opinión pública que ellos moldean, corresponda o no a la realidad, es algo que tampoco les importa.
El EZLN, al inicio de su marcha, manifestó también su propósito de asistir al Congreso de la Unión para defender los derechos indígenas estipulados en la ley indígena de la Cocopa.
Sin mediar una razón valedera para ello se les dijo que no se les permitiría asistir al recinto legislativo, cuando sus integrantes sesionaran en pleno, sino que sólo se les recibiría en alguno de los salones destinados a las comisiones relacionadas con los asuntos indígenas.
Era evidente el propósito de los legisladores de minusvalizar la importancia del movimiento zapatista y la del conflicto existente entre éste y el gobierno.
Los medios de difusión, además, se agregaron con ese mismo fin acusando a Marcos de prepotente y soberbio por pretender utilizar la alta tribuna nacional, a la que, según ellos, él no tenía el derecho de asistir.
Él, Marcos, respondió diciendo que el EZLN se retiraría de la Ciudad de México al día siguiente, que no se iban molestos, pero que se iban entendiendo que ni el gobierno ni los legisladores querían dialogar con ellos y que posteriormente buscarían una mejor ocasión para hacerlo, cuando las condiciones fueran más propicias.
El gobierno y los legisladores tuvieron que hacer un gran esfuerzo para impedir que los rebeldes se fueran sin el arreglo esperado y terminaron cediéndoles la tribuna y Marcos contestó: creemos que las puertas del diálogo se empiezan a abrir.
Asistieron al Congreso de la Unión los comandantes zapatistas, pero no el Subcomandante Marcos, dejando con ello en claro que su intención no era utilizar esa alta tribuna con fines personales y protagónicos, sino que la verdadera intención era que se escucharan las demandas de la comandancia zapatista para propiciar la aprobación de la citada ley indígena.
La comandancia logró explicar al pueblo de México la razón de ser y los propósitos de su lucha.
La población quedó complacida con esa información, el diálogo se inició entre las partes y ese capítulo, por lo menos, tuvo un final feliz.
Cuando se inició la Marcha Zapatista, sus integrantes dijeron que eran tres las condiciones para sentarse a dialogar con el gobierno.
Esas condiciones, por cierto, nunca fueron actitudes caprichosas de los rebeldes, como se les quiso hacer aparecer en los medios de difusión, sino la única forma que tenían para comprobar cuáles eran las verdaderas intenciones del gobierno y saber si éste quería en realidad negociar o no con ellos.
Por esta razón es que le exigían y le exigen al gobierno primero cumplir con lo ya pactado en los acuerdos de San Andrés, como primera condición y, de esta manera, lograr que los mismos tengan una utilidad y no sean letra muerta en cuanto a su cumplimiento.
La vigencia de los acuerdos, permitiría a su vez, contener la represión ejercida sobre las comunidades indígenas desplazadas, copadas y con el riesgo de que otros de sus integrantes fueran encarcelados.
El gobierno, por su parte, trataba de convencer a la sociedad, a través de los medios de difusión, de que él ya había cumplido con sus compromisos, colocando al EZLN en la disyuntiva de aceptar esa mentira o de pasar por intransigente.
La respuesta de Marcos fue la de soportar la presión hasta que apareciera la verdad, la realidad real, o sea, aquella realidad que mostraba que el gobierno no había cumplido con todas las condiciones exigidas sino que lo único que había hecho era cumplir, muy parcialmente, con una de ellas.
Al término de su estancia en la Ciudad de México, el movimiento zapatista logró que el gobierno aceptara que el único camino para lograr la paz era dar cumplimiento a las condiciones exigidas si se quería dialogar con ellos.
Meses después, el gobierno envió al Congreso de la Unión la iniciativa de ley indígena, la cual fue aprobada, pero ignorando los puntos esenciales de la Ley Cocopa y los verdaderos intereses de los que habían luchado por esa ley.
La capacidad de liderazgo del Subcomandante Marcos parece pues sustentarse, fundamentalmente, en la habilidad que tiene para enfrentar los violentos ataques que sus adversarios lanzan tratando de tergiversar la realidad de los objetivos de la lucha zapatista, o bien, los de su conducta como persona o los de su proceder político.
Todos sus atacantes han querido decirle a este respecto que el rojo es azul y, él impasiblemente, una y otra vez, ha respondido que el rojo es rojo.
Lo anterior no es fácil de hacer, pues frecuentemente cuando alguien es atacado en su aparato de pensar, intentándole destruir el principio de realidad, el agredido no tiene de donde asirse y, al verse así atacado, por lo general, reacciona de manera violenta e impulsiva.
Esta reacción se explica y se justifica, porque no es más que la clara manifestación de rechazo al "cuerpo extraño" que se intenta introducir por la fuerza, con fines eminentemente destructivos, en un esquema de pensamiento que funciona de manera totalmente diferente al del agresor.
Sin embargo, en el caso del líder que nos ocupa, este forzamiento para hacerle aceptar una "realidad irreal" o una "realidad inventada" no parecería despertar en él esta violencia sino más bien una especie de comprensión de su parte, muy amplia, sobre lo que está aconteciendo.
Por ejemplo, si el gobierno le dice que quiere dialogar y en realidad hace todo lo contrario para evitar el diálogo, él, en lugar de violentarse contra ese proceder, simplemente lo comprende y acepta el hecho real de que en verdad éste no quiere hacerlo y omite o le quita el significado relevante a la contradicción, o a la mentira, pero además, él continúa mostrando su disponibilidad genuina, de quien si quiere hacerlo y, espera pacientemente, a que el otro, decida cambiar de actitud.
Esta postura, es la que sustenta y le da fuerza al liderazgo de este rebelde zapatista.
Para muchos, esta postura del subcomandante Marcos no tendría ningún sentido, si se toman en cuenta las características de atemporalidad que la misma conlleva.
La mayoría de los políticos o luchadores sociales se rigen con parámetros diferentes, en los cuales el tiempo cuenta y cuenta mucho.
Quien asume un liderazgo generalmente lo hace para alcanzar una posición de poder, la que, por supuesto, se hace manifiesta en el tiempo.
Hace algunos años, un partido político nacional se ufanaba de llevar cuarenta años luchando por el poder, hasta que el 2 de julio del 2000 logró por fin alcanzarlo.
Todos los partidos políticos tienen ese mismo propósito: la adquisición del poder, en un tiempo determinado, pues de lo contrario, su razón de ser y el interés de quienes los constituyen dejarían de existir y los partidos desaparecerían al carecer de estos logros.
Lo anterior, nos lleva a aceptar que existen pues diferencias en estas dos formas de liderazgo que se han expuesto en los párrafos anteriores y que, en la primera, en donde se ubicaría al subcomandante Marcos, no pareciera existir ese aliciente inmediato y hasta necesario que proporcionaría la adquisición del poder.
A este personaje se le han escuchado frases como las siguientes: "Para todos todo.
Para nosotros nada".
Lo cual nos conduciría a confirmar o su falta de interés por el poder o que la comprensión que tiene del poder es por lo menos diferente a la habitual y a la común y corriente que todos tenemos.
De igual manera, se le ha oído decir que: "Hay que mandar, obedeciendo".
La frase anterior, nos haría también vislumbrar, que no nos equivocamos al hablar de que en el subcomandante Marcos existe una concepción diferente de lo que es el poder.
Para este líder, como para la gente que él representa, el mandatario sería sólo aquel que tiene la obligación de cumplir con lo que la sociedad le manda.
En el ámbito social, por cierto usamos con frecuencia la frase: Éste me hace los mandados, cuando queremos dirigirnos a alguien despectivamente, o a quien sentimos inferior a nuestra persona.
Por eso afirmamos que son concepciones diferentes del poder.
En los antiguos regímenes presidencialistas, por ejemplo, no imaginaríamos ni por equivocación, a uno de esos señores presidentes de la República haciéndonos los mandados.
En ocasiones, ellos se decían así mismos, en sus floridos discursos: siervos de la nación, pero en realidad era tal el poder que acumulaban en su persona que los verdaderos siervos éramos los gobernados y no ellos.
Actualmente, ya no existe esa acumulación de poder en un solo presidente, pero su lugar, lo ocupa ahora, una distribución confusa de ese mismo poder, entre los tres poderes de la Unión, agregándose a ello, la búsqueda que por su parte hacen los medios de difusión, que persiguen apresurados también su participación en esa arrebatinga del poder.
El pueblo, por supuesto, es el menos beneficiado de estos actos confusos y además voraces, permaneciendo imposibilitado para hacer algo por sí mismo, pues no tiene como hacerlo, en tanto que la clase política busca su acomodo, queriendo llegar hasta donde se lo permitan.
El resultado es una lucha sin cuartel de todos contra todos, en donde habrá que esperar a que esto tenga su fin, cuando aparezca alguien con sensatez y capacidad de liderazgo, para poner orden en este desorden o cuando algún acontecimiento externo, lo suficientemente importante, los acabe ordenando.
Este no parece ser el poder que quiere o que busca el subcomandante Marcos.
De ese poder es del que también nos sentimos excluidos la mayoría de los mexicanos, al no recibir beneficio alguno de estas actuaciones políticas que oscilan entre la tragicomedia y la comicidad, ofreciéndonos el más pobre de los espectáculos: la corrupción y la mentira, que no hacen sino encubrir algo todavía más grave: la psicopatía y la irrealidad.
Recibido 4 de junio de 2001, revisión recibida 5 de agosto; aceptado para su publicación 7 de septiembre de 2001.
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