"Para el habitante de Nueva York, Paris o Londres, la muerte es palabra que jamás se pronuncia porque quema los labios.
El mexicano, en cambio, la frecuenta, la burla, la acaricia, duerme con ella, la festeja, es uno de sus juguetes favoritos y su amor más permanente.
Cierto, en su actitud hay quizá tanto miedo como en la de los otros; mas al menos no se esconde ni la esconde; la contempla cara a cara con paciencia, desdén o ironía".
Octavio Paz
Caminando por el mercado de dulces de la calle segunda, aprecio el arco iris de cocada, calabazas en tacha y limones rellenos, mientras considero comprarme un kilo de ciruelas.
Antes de empezar la entrevista veo a un par de norteamericanos, como de sesenta años, que miran los cráneos de dulce con asombro y comentan "que grotesco"; sonrío y comprendo que no comprendan.
El origen del ahora llamado día de