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Cuando el espejo se convierte en tu peor enemigo

NATACHA LLARENA

Una frase muy popular dice que la belleza está en el interior, pero esta premisa se enfrenta directamente al ritmo y modo de vida que llevamos en la actualidad.

Un día a día el culto al cuerpo está a la orden del día, presente de forma constante en forma de bombardeo mediático.

Otra frase muy popular es â??quien esté libre de pecado que tire la primera piedraâ?.

Y es verdad.

¿Quién alguna vez no se ha preocupado por su físico, por si sobran un par de kilos, si tenemos la nariz muy grande o las orejas de soplillo?

Hasta aquí, todo normal; todos en algún momento de la vida hemos sufrido el â??síndrome del patito feoâ?.

Pero el problema comienza cuando estas preocupaciones se convierten en el modus vivendi de una persona, en una obsesión que puede llegar a condicionar sus relaciones sociales llegando, incluso, a aislarse del mundo que le rodea.

Y ese problema se denomina dismorfofobia o Trastorno Dismórfico Corporal, que podría definirse como la fobia a una deformidad física, una â??preocupación por un defecto corporal imaginario o una distorsión exagerada de un defecto mínimo al que se le da demasiada importanciaâ?, explica Ramón Gracia, responsable de la Unidad de Psiquiatría del Hospital Universitario de Canarias (HUC).

Esta patología suele surgir en la adolescencia, entre los 15 y 20 años, justo cuando la persona está más preocupada por su cuerpo debido, en cierta medida, a los cambios que experimenta.



Esta circunstancia, unida a la preocupación social que existe por la búsqueda del canon de belleza ideal, hacen que los jóvenes a esta edad sean los más vulnerables a este tipo de enfermedades.

Sin embargo, esta no es una enfermedad catalogada como nueva.

Según Ramón Gracia, las primeras descripciones de este trastorno datan del siglo XVIII.

â??Es una enfermedad que lleva ya mucho tiempo, lo que pasa es que hasta hace pocos años se confundía con otro tipo de patologías como la hipocondría u otros trastornos depresivosâ?.

El porcentaje de personas que están afectadas por este tipo de patologías no es significativo.

Sólo un 2% de los españoles podrían padecerla, y Canarias se encuentra dentro de esos parámetros.



El problema radica en que la dismorfofobia es, desgraciadamente, una más de las enfermedades psíquicas relacionadas con la belleza o el cuerpo, como la anorexia, la bulimia o la vigorexia.

Son las mujeres las que son más proclives a sufrir este tipo de patología.

La explicación no es exacta ni científica, admite el doctor Gracia, pero â??probablemente se deba a que la mujer, históricamente se ha preocupado más por la bellezaâ?.

No obstante, el psiquiatra reconoce que â??las patologías van cambiando conforme cambia también la preocupación socialâ?.

Y es que cada vez son más los hombres que prestan especial atención a su aspecto físico.

â??Ahora hay pacientes anoréxicos masculinos cuando antes era muy difícil detectarlos, y probablemente con esta patología ocurra algo similarâ?.
Detección

La detección de esta enfermedad no es fácil, pero debe considerarse como tal desde el momento en que la preocupación por ese defecto mínimo o imaginario se convierte en una obsesión.

Esta obsesión llega a condicionar la vida del paciente hasta tal punto que, generalmente, sigue dos caminos: la cirugía plástica o el aislamiento.

En el primero de los casos, esta â??soluciónâ?, que se puede llegar a usar de forma compulsiva, â??no resuelve el problema sino que lo cronifica puesto que el defecto no existeâ?.

En estos casos, Ramón Gracia asegura que la inmensa mayoría de los cirujanos plásticos â??están lo suficientemente preparados para detectar que lo que pide el paciente no se corresponde con la realidad y los derivan al psiquiatraâ?.

En cuanto al aislamiento, el enfermo llega a experimentar temor a enfrentarse a la sociedad, â??a que la gente lo vea y se ría de esas supuestas deformidadesâ?, lo que le obliga a encerrarse en casa.

â??El paciente vive realmente como si ese defecto fuera real, por lo que no es consciente de que tiene un problemaâ?, asegura Gracia.

Ahí, como en otro tipo de enfermedades de similares características, es el entorno más próximo el que logra detectar este tipo de trastornos.

A partir de aquí, la solución sólo es una: el tratamiento médico.

Un tratamiento que, en la actualidad, se basa en la medicación de tipo antidepresivo y la psicoterapia.

Esta es la solución más útil para hacer frente a este problema, fundamentalmente debido a la falta de conciencia del paciente de que sufre este tipo de trastornos.

â??La verdad es que no se pueden dar consejos al pacienteâ?, manifiesta Gracia.

â??Lo realmente necesario es que lleve a cabo una psicoterapia reglada, porque ellos están tan convencidos de que tienen esos defectos que aconsejarles o argumentarles lo contrario no surte efectoâ?.

Los consejos, en este caso, caen en saco roto.

No obstante, matiza que â??lo único que se le puede decir es, por ejemplo, que no se pongan algún tipo de cremas que, primero, no les van a solucionar el problema ya que no existe, y que incluso les podría perjudicarâ?.



Indica, además, que â??es muy difícil que hasta que no se conciencien de la enfermedad respondan a cualquier tipo de argumentosâ?.

La sociedad actual nos â??imponeâ? unos cánones de belleza que, en muchos casos, estamos lejos de cumplir, pero es en la diversidad y diferencia donde se encuentra lo verdaderamente interesante del ser humano.

Una de las luchas más arduas y estimulantes que tenemos que afrontar es, precisamente, aceptar esas diferencias.

Pues ya lo dijo Campoamor: â??en este mundo traidor, nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira