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Qué esconde la mente de un asesino por amor

PAMELA ELGUEDA. El Mercurio

Cerca de las ocho y media de la noche, Consuelo sintió el timbre de su casa.

Por el citófono apareció la voz de quien hasta hace un mes había sido su pololo y también su acechador.

Desde el término de la relación la había llamado por teléfono varias veces al día y en la madrugada.


 


Ese día, sin embargo, prometió paz y sólo llevarse los Cds que le pertenecían.

Ella lo dejó entrar e iniciaron una conversación tranquila que cambió abruptamente cuando le confirmó que estaba sola en la casa.

Comenzó a gritar y a insultarme porque yo tenía un nuevo pololo.

Le pedí que se calmara y partí a mi pieza a buscar el teléfono; me siguió, me tiró a la cama, me agarró el cuello y me apretó con fuerza, cuenta Consuelo (como prefirió llamarse).


 


Con una certera patada, logró zafarse.

Tomó el teléfono y corrió al baño donde se encerró para llamar a Carabineros.

Los gritos de él y los golpes en la puerta siguieron un rato más, hasta que derivaron en llanto.

Entre sollozos me pedía perdón y que por favor saliera, que no volvería a pasar.

Salí y tomó las llaves de mi auto para que lo fuera a dejar.

Como me negué, me agarró del pelo y me obligó a subirme al auto.


 


Con el pelo de ella amarrado en su mano, él manejó hasta su casa, donde Consuelo logró correr y pedir ayuda.

Mientras pololeamos nunca manifestó estos celos enfermizos.

Surgieron cuando terminamos y se acentuaron cuando supo que yo estaba saliendo con otra persona.

Consuelo tuvo suerte.


 


Sicopatías ocultas


 


Los celos patológicos, es decir, aquellos que se transforman en una enfermedad son un componente usual de los crímenes pasionales.

Los mismos que suelen salir en una nota breve de la sección policial como aquellos que causan más conmoción y atrapan titulares en los diarios.


 


Es el caso de Quilpué, donde un carabinero disparó y mató a su esposa y a su suegra durante la misa.

Ellos se habían separado hacía 10 meses y ella ya tenía una nueva relación amorosa, lo que hizo aflorar los celos del uniformado.


 


A juicio de la socióloga y criminóloga Doris Cooper, en ese caso podría estar presente una sicopatología que salió a la luz gatillada por la crisis afectiva que él estaba viviendo y también por la presión, porque además de su labor policial estudiaba para sacar un título profesional y realizaba los trámites legales para anular su matrimonio.


 


Hay crisis personales, vinculadas a problemas sociales como la cesantía - por ejemplo- , que pueden gatillar la expresión de una sicopatía o una sicosis que la persona lleva como carga genética y que permaneció oculta porque no había vivido una gran crisis hasta ese momento.


 


Pero ¿qué efecto causan en las personas los celos patológicos como para que puedan llegar a matar por esta causa?


 


El siquiatra y perito Carlos Tellez explica que los celos patológicos van de la mano con las ideas delirantes, es decir, juicios alejados de la razón y que no son posibles de cambiar a través de argumentos, por más lógicos y racionales que éstos sean.


 


Hay diversas enfermedades que pueden hacer un cuadro delirante.

La más clásica, dice el especialista, es el trastorno delirante celopático, cuya característica principal es que las personas hacen girar su vida en torno al engaño y los celos.

Son personas que interpretan los mensajes que reciben de otros y del ambiente como pruebas evidentes del engaño.


 


Así, por ejemplo, ven al lado del teléfono anotado un número y suponen de inmediato que es del amante.

O si la mujer se pone una falda roja, dan por hecho que es para encontrarse con el otro.

En definitiva todo, tenga o no que ver con una relación afectiva, es interpretado como una certeza del engaño.


 


Gatillantes de violencia


 


La violencia aparece cuando el celópata, al sentirse engañado, entra en un estado de rabia y frustración que muchas veces se transforman en gatillantes de un exabrupto de violencia.

Una reacción que, para él, está justificada en el daño que el supuesto engaño le está causando.


 


El doctor Tellez cita estadísticas que dan una dimensión del tema: se estima que del 2% al 4% de quienes tienen trastornos delirantes sicopáticos terminan cometiendo un crimen.

Una investigación clásica agrega que en el 7% de los casos matan a su rival, mientras en el 92% la víctima es la persona que aman.


 


Otro dato interesante, dice el doctor Tellez, es que al estudiar a grupos de personas que sufren celopatías se ha comprobado que más de la mitad ha agredido físicamente a sus parejas.


 


Cuando hay un cuadro sicótico, los siquiatras deben recurrir a medicamentos para tratar este problema y también negociar con el paciente y su familia para que acepten seguir y completar el tratamiento.

En otros casos, la sicoterapia de pareja ayuda a dar con la clave.


 


Dominio en Valdivia


 


Dominación.

Ésta podría ser la palabra clave en el crimen de Cynthia Cortés, la joven estudiante de Arquitectura de la Universidad Austral.

Luis Núñez, compañero de la universitaria, confesó el martes a la policía ser el autor del crimen, pese a que el miércoles se desdijo de esta declaración.

Según lo que ha trascendido, Núñez habría golpeado a Cynthia después de que ella se negara a tener relaciones con él.


 


Para la socióloga y criminóloga Doris Cooper, en una primera aproximación al caso se puede decir que en este hecho, Núñez intentó dominar la situación y forzar a la joven.

Pero como ella se negó y resistió, él decidió hacer valer su poder y ocupó su fuerza física para conseguir su propósito.


 


En ese tipo de situaciones suelen aflorar rasgos sicopáticos que permanecían ocultos hasta entonces y cuya revelación es facilitada por el consumo de alcohol o drogas.


 


Pasión femenina mortal


 


Pese a que la mayor parte de los crímenes pasionales son cometidos por hombres, algunos de los más recordados en la historia policial chilena han sido protagonizados por mujeres.


 


A comienzos de los 20", los santiaguinos se impactaron con el hallazgo de una pierna masculina entre las rejas distribuidoras del caudal del Mapocho, llamadas Cajitas de Agua.


 


El resto del cuerpo fue recuperado luego de la confesión de su mujer, Rosa Faúndez, quien lo mató porque él la engañaba.


 


El hotel Crillón fue un escenario trágico.

En 1941, la escritora María Luisa Bombal le disparó tres balas a Eulogio Sánchez, porque él se había casado con otra.

No logró matarlo.


 


Catorce años más tarde, a la escritora Carolina Geel le bastó sólo un disparo más que a Bombal para acabar con la vida de su amante, Roberto Pumarino