Los conflictos psicológicos que enfrentan los niños en su crecimiento, tales como:
- superar las frustraciones narcisistas,
- los conflictos edípicos,
- las rivalidades fraternas,
- renunciar a las dependencias de la infancia,
- obtener un sentimiento de identidad y de autovaloración y
- un sentido de obligación moral,
para poder dominarlos, el niño necesita comprender lo que está ocurriendo en su yo consciente y enfrentarse con lo que sucede en su inconsciente.
Puede adquirir esta comprensión, y con ella la capacidad de luchar, ordenando de nuevo y fantaseando sobre los elementos significativos de la historia, en respuesta a las pulsiones inconscientes.
El niño adapta el contenido inconsciente a las fantasías conscientes, que le permiten tratar con este contenido.
La forma y la estructura de los cuentos de hadas sugieren al niño imágenes que le servirán para estructurar sus propios ensueños y canalizar mejor su vida.
La creencia común de los padres es que el niño debe ser apartado de lo que más le preocupa: sus ansiedades desconocidas y sin forma, y sus caóticas, airadas e incluso violentas fantasías.
Muchos padres están convencidos de que los niños deberían presenciar tan sólo la realidad consciente o las imágenes agradables que colman sus deseos, es decir, deberían conocer únicamente el lado bueno de las cosas.
Pero este mundo de una sola cara nutre a la mente de modo unilateral, pues la vida real no siempre es agradable.
Los padres quieren que los niños no sepan que el origen de que muchas cosas vayan mal en la vida se debe a nuestra propia naturaleza; es decir, a la tendencia de los hombres a actuar agresivamente, asocial e interesadamente, o incluso con ira o ansiedad.
Quieren que los niños crean que los hombres son buenos por naturaleza.
Pero, los niños saben que ellos no siempre son buenos y por esta razón el niño se ve a sí mismo como un monstruo.
El mensaje que los cuentos de hadas transmiten a los niños es: que la lucha contra las serias dificultades de la vida es inevitable, es parte intrínseca de la existencia humana; pero si uno no huye, sino que se enfrenta a las privaciones inesperadas y a menudo injustas, llega a dominar todos los obstáculos alzándose victorioso. Los cuentos de hadas enfrentan debidamente al niño con los conflictos humanos básicos.
Los cuentos de hadas suelen plantear un problema existencial.
El cuento de hada simplifica cualquier situación.
Los personajes están muy bien definidos y todas las figuras son típicas en vez de ser únicas.
En los cuentos de hadas el mal está omnipresente, al igual que la bondad.
El malo no carece de atractivos y ostenta temporalmente el poder.
Tanto en los cuentos de hadas como en la vida real, el castigo, o el temor al castigo, sólo evita el crimen de modo relativo.
La convicción de que el crimen no resuelve nada es una persuasión mucho más efectiva, y por eso, en los cuentos de hadas el malo siempre pierde.
El hecho de que al final venza la virtud no es lo que provoca la moralidad, sino que el héroe es mucho más atractivo para el niño, que se identifica con él en todas sus batallas.
El niño realiza tales identificaciones por sí solo, y las luchas internas y externas del héroe imprimen en él la huella de la moralidad.
Los personajes de los cuentos de hadas no son ambivalentes, no son buenos y malos al mismo tiempo, como somos todos en realidad.
La polarización domina la mente del niño y también está presente en los cuentos.
Una persona es buena o es mala, pero nunca ambas cosas a la vez.
Al presentar al niño caracteres totalmente opuestos, se le ayuda a comprender más fácilmente la diferencia entre ambos.
Las ambigüedades no deben plantearse hasta que no se haya establecido una personalidad relativamente firme sobre la base de identificaciones positivas.
En este momento el niño comprende que existen diferencias entre la gente y está obligado a elegir qué tipo de persona quiere ser.
Las elecciones de un niño se basan más en quién provoca sus simpatías o su antipatía que en lo que está bien o está mal.
El niño no se identifica con el héroe bueno por su bondad, sino porque la condición de héroe le atrae profunda y positivamente.
Para el niño la pregunta no es â??¿quiero ser bueno?â?, sino â??¿a quién quiero parecerme?â?. Decide esto al proyectarse a sí mismo en uno de los protagonistas.
Si este personaje fantástico resulta ser una persona muy buena, entonces el niño decide que también quiere ser bueno.
Los cuentos como â??El gato con botasâ? tienen otro objetivo distinto, forman el carácter, no al provocar una elección entre el bien y el mal, sino al estimular en el niño la confianza de que incluso el más humilde puede triunfar en la vida.
Porque, ¿de qué sirve elegir ser una buena persona si uno se siente tan insignificante que teme no poder llegar nunca a nada? En estos cuentos la moralidad no es ninguna solución, sino más bien la seguridad de que uno es capaz de salir adelante.
Los profundos conflictos internos que se originan en nuestros impulsos primarios y violentas emociones están ausentes en gran parte de la literatura infantil moderna; y de este modo no se ayuda al niño a que pueda vencerlos.
El pequeño está sujeto a sentimientos desesperados de soledad y aislamiento, y experimenta una angustia mortal.
Generalmente, es incapaz de expresar en palabras esos sentimientos, y sólo puede sugerirlos indirectamente: miedo a la oscuridad, a algún animal, angustia respecto a su propio cuerpo.
Los cuentos de hadas se toman muy en serio estos problemas y angustias existenciales y hacen énfasis en ellas directamente: la necesidad de ser amado y el temor a que se crea que uno es despreciable; el amor a la vida y el miedo a la muerte. Dichas historias ofrecen soluciones que están al alcance del nivel de comprensión del niño. Por ejemplo, los cuentos de hadas plantean el dilema del deseo de vivir eternamente concluyendo, â??Y vivieron felices para siempreâ?, pero esto no engaña al niño haciéndole creer que es posible vivir eternamente.
Lo que indica que lo único que puede ayudarnos a obtener un estímulo a partir de los estrechos límites de nuestra existencia en este mundo es la formación de un vínculo realmente satisfactorio con otra persona.
Estos relatos muestran que cuando uno ha logrado esto, ha alcanzado ya el fundamento de la seguridad emocional de la existencia y permanencia de la relación adecuada para el hombre; y sólo así puede disiparse el miedo a la muerte.
Si uno ha encontrado el verdadero amor adulto, no tiene necesidad de buscar la vida eterna.
Ejemplo de esto en otro final: â??Y vivieron, durante largo tiempo, felices y contentosâ?.
Muchas personas ven en este tipo de desenlaces, un final feliz pero irreal, que desfigura el importante mensaje que el relato intenta transmitir al niño.
Estas historias le aseguran que, formando una verdadera relación interpersonal, uno puede escapar a la angustia de separación que le persigue continuamente.
Si intentamos escapar a la angustia de separación y de muerte, agarrándonos desesperadamente a nuestros padres, sólo conseguiremos ser arrancados cruelmente, como â??Hansel y Gretelâ?.
Este tipo de cuentos está orientado de cara al futuro y ayuda al niño, de un modo que pueda comprender, a renunciar a sus deseos infantiles de dependencia y a alcanzar una existencia independiente más satisfactoria.
Hoy en día los niños no crecen ya dentro de los límites de seguridad que ofrece una extensa familia o una comunidad integrada.
Por ello es importante, proporcionar al niño actual imágenes de héroes que deben surgir al mundo real por sí mismos y que encuentren en el mundo un lugar seguro, siguiendo su camino con confianza interior.
El héroe de los cuentos avanza solo durante algún tiempo, del mismo modo que el niño de hoy en día, que se siente aislado.
El destino de estos héroes convence al niño de que, como ellos, puede encontrarse perdido y abandonado en el mundo, andando a tientas en medio de la oscuridad, pero, como ellos, su vida irá siendo guiada paso a paso y recibirá ayuda en el momento oportuno.
Actualmente, el niño necesita la seguridad que le ofrece la imagen del hombre solitario que es capaz de obtener relaciones satisfactorias y llenas de sentido con el mundo que le rodea