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La mala noche de los que caminan dormidos

AMALIA TORRES. El Mercurio

"El sonambulismo no es banal, porque la capacidad de la persona para restablecerse cuando despierta está afectada.

No dormir es un potente generador de estrés", explica Peirano.


 






Presentar algún cuadro de sonambulismo es normal, pero cuando se vuelve frecuente hay que poner atención.


 


La primera vez que Silvana Jiménez (15) se despertó calzando sus zapatos de colegio y con el uniforme puesto sobre el pijama, no entendió qué había ocurrido.

Una broma, pensó.


 


Pero cuando su mamá le preguntó qué hacía las últimas noches sentada en el living a las tres de la mañana vestida para ir a clases, ya no le pareció tan divertido.

O su mamá lo había soñado o ella estaba haciendo cosas de las que después no se acordaba.


 


Según un estudio de la Universidad de Chile, el 15% de los niños ha tenido algún episodio de sonambulismo, pero no todos repiten el cuadro.


 


La edad más frecuente es desde los 7 a los 13 años, pero también hay adultos.


 


"Estos trastornos obedecen a despertares incompletos.

La voluntad de la persona no está participando, el cerebro no interactúa con el medio ambiente externo de manera voluntaria.

Son comportamientos con una base automática", explica el neurofisiólogo y jefe del Laboratorio del Sueño del Inta, Patricio Peirano.


 


Los desencadenantes


 


Si bien los médicos no conocen la causa de este trastorno, se sabe que si algún familiar cercano fue sonámbulo, hay 10 veces más posibilidades de serlo.

Para Silvana lo hereditario fue clave: su papá también caminaba dormido cuando pequeño.


 


Además hay otros factores: "El alcohol, algunos cambios hormonales -como la menarquia o el embarazo-, medicamentos antialérgicos o hipnóticos, y privarse del sueño, pueden ser gatillantes", admite la neuróloga Mónica González.


 


"También suele haber un conflicto afectivo que no ha quedado bien resuelto.

Hay algo que subyace y que genera inquietud, angustia o ansiedad", añade el doctor Peirano.

Por eso no es raro que para la mudanza de casa, la entrada al colegio, o cuando hay un cambio en la estructura familiar, se presente esta patología.


 


Quizás fue el cambio de ambiente lo que influyó en Pilar (54), sonámbula desde que tiene uso de razón; pero sea cual fuere la explicación, la vergüenza no se la quita nadie.


 


"Estaba en Buenos Aires disfrutando de mi segunda luna de miel y una noche me desperté en el pasillo del hotel llamando al ascensor.

¡Lo peor es que mi camisa de dormir era lo más sexy que hay, entonces me moría si alguien me encontraba!".


 


Esa vez el incidente no pasó a mayores, pero en otras andanzas nocturnas Pilar ha terminado no sólo lejos de su cama, sino que también herida.

"Tengo como una foto mental de la casa; si todo está en su lugar no me pasa nada.

Pero una vez la perra estaba en el pasillo y como no la tenía presupuestada me caí y me rompí un dedo.

Sólo ahí desperté".


 


Marcial (36) coincide con ella.

"Lo divertido es que uno no se pega con los muebles sino con las tonteras que normalmente no están ahí", comenta.


 


Como es muy ordenado y vive solo, rara vez se ha hecho daño, pero sí se ha despertado navegando en internet.

Cuando pequeño desperataba en la cocina mientras abría el refrigerador .


 


No es extraño que los niños sonámbulos vuelvan a tener estos comportamientos de adultos.

Pero sí hay que poner especial atención cuando la persona no había presentado este trastorno y lo desarrolla en la adultez.


 


"En esos casos uno tiende a buscar una patología siquiátrica", dice la neuróloga.

"Otro factor que debe descartarse cuando no hay una historia familiar de sonambulismo es la epilepsia del lóbulo frontal, que actúa durante el sueño, y cuando la persona la padece puede hacer algunas actividades inconscientes".


 


Acondicionar la casa


 


Y aunque no haya ninguno de estos problemas, el sonámbulo puede causar trastornos familiares.

"Los papás se preocupan de que el hijo salga a la calle o que atraviese una ventana", dice el neurólogo infantil Tomás Mesa.


 


Por ejemplo, el sonambulismo de Silvana era tan frecuente -nunca menos de tres veces por semana- que andaba cansada y con dolores de cabeza durante todo el día.


 


Por eso sus padres decidieron buscar una solución.

Lo primero fue seguir los consejos de amigos: pusieron un recipiente con agua a los pies de su cama para que al pisarlo volviera a acostarse.

Pero la pequeña lograba esquivar el obstáculo y llegar al primer piso con los pies secos.


 


"Eso sólo sirve para que el despertar sea más brusco.

Y si lo despiertas, no es que le vaya a dar un ataque al corazón ni que se vaya a morir, como dice alguna gente, sólo que la persona va a estar confusa y quizás se ponga un poco agresiva", reconoce la doctora Mónica González.


 


"Lo importante es que de la manera más tranquila, la persona pueda ser llevada a su cama y se vuelva a dormir", recomienda Patricio Peirano.


 


Cuando el cuadro es poco frecuente, el tratamiento puede limitarse a acondicionar el hogar para que el sonámbulo no sufra accidentes.


 


Pero cuando se vuelve reiterado y causa conflictos en la vida del paciente o de su entorno, los médicos pueden recomendar benzodiazepina o algún tipo de antidepresivo y un examen de polisomnografía para ver cómo afecta este trastorno en el descanso de la persona.


 


Así lo hizo la familia Jiménez: después de seguir sin resultado los secretos caseros, recurrieron a un especialista.

Gracias a ello, Silvana pudo recuperar por fin su ansiado sueño.


 


Sueño sexual


 


El caso de una paciente conmocionó a la Asociación del Sueño Australiana.

Durante episodios de sonambulismo, la mujer salía de su casa y tenía relaciones con extraños.

Según su médico, el doctor Peter Buchanan, ella estaba completamente inconsciente de su doble vida hasta que su pareja la siguió de noche y la encontró con otro hombre.

El síndrome ya tiene nombre y se llama "Sexo dormido".


 


"Se puede concebir que la persona sonámbula asuma ciertas conductas automáticas", afirma el especialista chileno Patricio Peirano, aunque a él nunca le ha llegado un paciente con estas características.


 


La doctora Mónica González va más allá: "Uno tendería a buscar un factor siquiátrico, como trastornos de personalidad o cuadros disociativos para explicar este caso".