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La manifestación de los celos

Diario de Cadiz

sexología                                                


Tenía catorce años y ella trece ...

ya han pasado cuarenta.

Era mi amor platónico.

La timidez personal y la educación de la época me impedían decirle lo que sentía por ella.

La pandilla, las miradas, las cartitas en el Instituto (los niños iban por la mañana y las niñas por la tarde) las dejábamos escondidas en los pupitres.

Ella sabía que me gustaba y yo sabía que le gustaba...

pero nada más.

Fue un año lleno de ilusiones adolescentes (de las de entonces).

Por las tardes ella iba a una academia en la calle Isabel la Católica y yo, la espiaba por la ventana...

solo por verla a través de la reja y del cristal empañado.

Le contaba a mi buen amigo mis sueños y desvelos por aquel amor y un día, terrible día, los vi cogidos de la mano.

Me dio un vuelco el corazón y me sentí traicionado por "mi amigo".

Mi padre nunca supo porqué me dieron aquel año cinco "cates"...

siempre sacaba los cursos completos.

Los celos me comían y solo pensaba en vengarme de aquel que creía mi amigo.

Los celos, que son los sentimientos que acompañan al temor de perder a la persona amada, en beneficio de un rival real o imaginario, me torturaron durante mucho tiempo.

La psicología y la psiquiatría se han ocupado de la naturaleza de este sentimiento que frecuentemente llega a tener un carácter patológico de consecuencias insospechadas y en ocasiones trágicas.


Los celos se manifiestan en muchas situaciones, desde la más tierna infancia que tenemos celo de nuestro propio hermano que acaba de nacer y que podemos incluso hacerle daño, hasta los celos profesionales, pasando por los afectivos en todas sus facetas hasta la senectud.


En nuestro espacio, los celos sexuales van a consistir en retener, exclusivamente para nosotros, las prestaciones sexuales (afectivas o genitales) de una determinada persona (en algunos casos más de una al mismo tiempo) en base al sentido de la propiedad que tenemos los humanos sobre las personas que queremos.

Los celos constituyen el estado del que teme perder un bien que es suyo, o que considera como suyo de derecho.

No deben confundirse con la envidia.

Se está "celoso" del bien propio, y "envidioso" del bien ajeno.


Los celos pues, indican un instinto de propiedad, de posesión del compañero sexual.

El instinto de la propiedad es uno de los más universales y nace con nosotros: no le quites el pipo al niño, llorará reclamándolo porque "es suyo".

Los celos, análogamente, se relacionan más con el instinto de propiedad que con el instinto sexual.

Hay "celos amorosos sin amor" cuando el orgullo o el honor son quienes los determinan.


Hay celosos que toleran una "perdida momentánea" de su propiedad como ocurre durante un baile o un viaje.

Son conscientes de que su pareja entra en contacto con otras personas, pero no pierden la guardia.

Hay personas que consideran los celos como un sentimiento normal, o deseable.

Las personas que "no tienen celos" son vistas con suspicacia, incluso por sus propias parejas.

La "falta de celos" se considera como un defecto mas que como un acto de autocontrol.

Los celos, en personas normales, responden a una idea errónea que debe ser modificada.

La persona celosa cree tener "derechos" sobre la persona amada.

Los "contratos" matrimoniales, o sucedáneos, que incluyen promesas de fidelidad y de exclusividad, no conceden derechos en sentido estricto.

Constituyen una obligación moral pero difícilmente una obligación jurídica (en la cuestión amorosa)
Los varones, como todo animal macho, suelen apetecer aparearse con el mayor número posible de hembras.

Las hembras, en cambio, suelen explorar en busca de un buen macho, si es posible, el mejor.

Así pues, cuando el macho encuentra a cualquier hembra, o la hembra halla un macho mejor, el conflicto está servido.

Si la parte contraria cree haberse visto vulnerada en su exclusividad, buscará rápidamente mostrar su desagrado, cuando no su furia y su ira.


Una encuesta sobre comportamiento sexual realizada en el año 2000 reveló que uno de cada cuatro hombres encuestados -casados o conviviendo con una pareja estable- declaraba haber tenido más de una pareja sexual en los últimos cinco años mientras que el 6,7% de las mujeres señaló haber tenido otras parejas sexuales en ese mismo período.

En esta proporción deberían estar justificados los celos.


Cuando se produce la ruptura, los celos se hacen patológicos, paranoides, y es entonces cuando se produce una gran parte de las agresiones sexuales que a veces acaban en tragedia.

Siempre me preocupó que cuando jurídicamente se trata una separación, el legislador se preocupa que los niños habidos en el matrimonio sean explorados y tratados por psicólogos de referencia, pero en ningún caso se investigan las consecuencias derivadas de los celos paranoides que acompañan la ruptura de sus padres.

Una orden de alejamiento, no servirá para nada, sino para empeorar las cosas.


Debemos tenerlo en cuenta: No le echemos la culpa al otro cuando tengamos celos; son por lo que podría suceder y no por lo que está ocurriendo; si no confiamos, hablemos; no imaginemos situaciones que nos provoquen celos, son falsas y si le acusamos, nos haremos daño...

Un pensador francés, La Rochefoucauld, decía que "sólo se dominan las pasiones que no se tienen", por eso es tan difícil tratar los celos...

las pasiones no se pueden dominar.