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¿SABE USTED CÓMO CONTAR UN CUENTO DE HADAS?

Para psikis.cl de Ps. Cecilia Taborga

EL NIÑO TIENE NECESIDAD DE MAGIA                                                      


 


¿SABE USTED CÓMO CONTAR UN CUENTO DE HADAS?



 


Tanto los mitos como los cuentos de hadas responden a las eternas preguntas: ¿Cómo es el mundo en realidad? ¿Cómo tengo que vivir mi vida en él? ¿Cómo puedo ser realmente yo?


Las respuestas que dan los mitos son concretas, mientras que las de los cuentos de hadas son meras indicaciones; sus mensajes pueden contener soluciones, pero éstas nunca son explícitas.

Los cuentos dejan que el niño imagine cómo puede aplicar a sí mismo lo que la historia le revela sobre la vida y la naturaleza humana.


El cuento avanza de manera similar a cómo el niño ve y experimenta el mundo; por este motivo que el cuento de hadas resulta tan convincente para él.

El cuento lo conforta mucho más que los esfuerzos por consolarlo basados en razonamientos y opiniones adultos.

El pequeño confía en lo que la historia le cuenta, porque el mundo que ésta le presenta coincide con el suyo.


Sea cual sea nuestra edad, sólo serán convincentes para nosotros aquellas historias que estén de acuerdo con los principios subyacentes a los procesos de nuestro pensamiento.


El niño supone que sus relaciones con el mundo inanimado son exactamente iguales que las que tiene con el mundo animado de las personas: acaricia el objeto de su agrado tal como lo haría con su madre; golpea la puerta que se ha cerrado violentamente ante él.

El niño acaricia este objeto porque está convencido de que a esta cosa tan bonita le gusta, como a él, ser mimada; y, por otra parte, castiga a la puerta porque cree que ésta le ha golpeado con mala intención.


Tal como afirma Piaget, el pensamiento del niño sigue siendo animista hasta la pubertad.

Los padres y los profesores le afirman que las cosas no pueden sentir ni actuar; y por más que intenta convencerse de ello para complacer a los adultos, o para no hacer el ridículo, en el fondo el niño está seguro de la validez de sus propias ideas.

Al estar sujeto a las enseñanzas racionales de los otros, el pequeño oculta su "verdadero conocimiento" en el fondo de su alma, permaneciendo fuera del alcance de la racionalidad.

Sin embargo, puede ser formado e informado por lo que relatan los cuentos de hadas.


Para un niño de ocho años, siguiendo a Piaget, el sol está vivo puesto que da luz y lo hace porque quiere.

Para la mente animista del niño, una piedra está viva porque puede moverse, como ocurre cuando baja rodando por una colina.

Incluso un niño de doce años y medio está convencido de que un riachuelo está vivo y tiene voluntad, porque sus aguas fluyen constantemente.

El sol, la piedra y el agua, para el niño, están poblados de seres parecidos a las personas y sienten y actúan como éstas.


Para el niño no hay ninguna división clara que separe los objetos de las cosas vivas; y cualquier cosa que tenga vida la tiene igual que nosotros.

El niño está centrado en sí mismo y espera que los animales le hablen de las cosas que son realmente importantes para él, como sucede en los cuentos de hadas y como él mismo hace con los animales de verdad o de juguete.

Cree sinceramente que los animales entienden y sienten junto a él, aunque no lo demuestren abiertamente.


Siguiendo este razonamiento, es lógico que los objetos empiecen a hablar, a dar consejos y a acompañar al héroe en sus andanzas.

Desde el momento en que todas las cosas están habitadas por seres similares a todos los demás (sobre todo al del niño, que ha proyectado su propio espíritu a todas ellas), es posible que los hombres puedan convertirse en animales y viceversa, como en "La bella y la bestia" o "El rey rana".


Cuando los niños buscan soluciones a las preguntas fundamentales, "¿Quién soy yo?" ¿Cómo debo tratar los problemas de la vida? ¿En qué debo convertirme?", lo hacen a partir de su pensamiento animista.

Al ignorar en qué consiste su existencia, la primera cuestión que surge es "¿quién soy?".

Comienza a plantearse el problema de su identidad.


 


Desde el punto de vista adulto, las respuestas que ofrecen los cuentos de hadas están más cerca de lo fantástico que de lo real.

Estas soluciones son tan incorrectas para muchos adultos ?ajenos al modo en que el niño experimenta el mundo- que se niegan a revelar a sus hijos esa "falsa" información.

Las explicaciones realistas son incomprensibles para los niños, ya que éstos carecen del pensamiento abstracto necesario para captar su sentido.

Los adultos están convencidos de que, al dar respuestas científicamente correctas, clarifican las cosas para el niño.

Sin embargo, ocurre todo lo contrario: explicaciones semejantes confunden al pequeño, le hacen sentirse abrumado e intelectualmente derrotado.

Un niño sólo puede obtener seguridad si tiene la convicción de que comprende ahora lo que antes le contrariaba; pero nunca a partir de hechos que le supongan nuevas incertidumbres.

Aunque acepte este tipo de respuestas, el niño llega incluso a dudar de que haya planteado la pregunta correcta.

Si la respuesta carece de sentido para él, es que debe aplicarse a algún problema desconocido, pero no al que el niño había hecho referencia.


Sólo resultan convincentes los razonamientos que son inteligibles en términos del conocimiento y preocupaciones emocionales del niño.


 


Los padres desestiman los descubrimientos científicos acerca de cómo funciona la mente del niño.

Las investigaciones sobre los procesos mentales de Piaget, demuestran que el niño no es capaz de comprender los dos conceptos abstractos de permanencia de cantidad, y de reversibilidad; por ejemplo, no pueden entender que la misma cantidad de agua en un recipiente estrecho permanezca a un nivel superior que si la colocamos en otro más ancho, donde el nivel será inferior; así como  tampoco ven que la resta es el proceso inverso a la suma.

Hasta que no llegue a comprender estos procesos abstractos, el niño podrá experimentar el mundo sólo de un modo subjetivo.


Tanto más segura se sienta una persona en el mundo, tanto menos necesitará apoyarse en proyecciones "infantiles" y más podrá buscar explicaciones racionales.

Un niño, mientras no esté seguro de si su entorno humano lo protegerá, necesita creer que existen fuerzas superiores que velan por él, y que el mundo y su propio lugar en él son de vital importancia.


 


Si un adulto va a contar un cuento es preferible que lo relate en vez de leerlo.

El lector debe vincularse emocionalmente, tanto con la historia como con el niño, sintonizando empáticamente con lo que la historia puede significar para el pequeño.


Nunca se debe "explicar" al niño los significados de los cuentos.

Los cuentos de hadas describen los estados internos de la mente mediante imágenes y acciones.


Fracasamos con el niño si, al contar la historia, la angustia de la rivalidad fraterna no se refleja en nosotros, así como tampoco la sensación desesperada de rechazo que el niño experimenta cuando se da cuenta de que no se le valora lo suficiente; su complejo de inferioridad cuando su cuerpo le falla; su sensación de impotencia cuando él o los demás esperan realizar tareas que parecen imposibles; su angustia ante los aspectos "irracionales" del sexo; y la manera en que todo ello y mucho  más puede superarse.

Ni siquiera le proporcionamos la convicción de que después de todos sus esfuerzos le espera un maravilloso futuro, y hemos de tener en cuenta que sólo esta sensación puede darle la fuerza necesaria para desarrollarse sin problemas, con seguridad, confianza en sí mismo y autorrespeto.