Alguien me regaló un libro sobre las fantasías sexuales de las mujeres.
No sé por qué se me perdió entre otros libros.
¿Una jugada del inconsciente?
Hace unos días lo encontré.
Me dieron ganas de conocer esas fantasías confesadas.
¿Serían verdaderas? Al parecer se analizaron, según la autora, dos cajas de supermercado llenas de respuestas.
Con horror descubrí que jamás había tenido una fantasía sexual.
¿Sería yo una mujer reprimida?
En la mañana vi a mi amiga Pitti.
"Oye Pitti -le dije-, ¿tienes fantasías sexuales?".
Me miró asustada y luego se rió: "Claro, todo el tiempo, pero nunca se las he contado a nadie".
"¿Ni a tu marido?"
"Nooo, creería que soy una vieja libidinosa y que voy por mal camino".
Traté de que Pitti me contará sus fantasías, pero sólo cuando le juré que le contaría las mías, se atrevió:
"Mira, lo que sueño despierta es tener una aventura con un desconocido alto y rubio que conozca en un viaje por avión y, al aterrizar, corramos al Hotel del Aeropuerto.
Apenas hablamos, porque él es inglés y no habla español, sólo nos comunicamos con el lenguaje de las caricias y la piel.
Yo sospecho todo el tiempo que es bisexual por lo elegante y perfumado, pero me da lo mismo (recordé que el marido de Pitti es gordo, bajito y siempre se le sale la camisa de los pantalones)".
La fantasía es corta, me dijo.
"Soy una aventurera de tiro corto y después que pasa de todo, nos despedimos con un gran abrazo y cada uno toma su avión.
¿Y tú?".
Le hice jurar que jamás se lo diría a nadie y sobre la marcha inventé una "papa": "Me gustaría tener amores con un muchacho de 18 años, todo inocencia y vigor, tirados en el campo, al aire libre, con la luna alumbrándonos".
Me miró horrorizada: "Oye, ésos son los peores amantes, son demasiado rápidos, no dominan ninguna técnica y hay que enseñarles todo.
Mejor cámbiate de fantasía".
Se paró y se fue muy derecha caminando por la vereda.
Juro que se sentía matando.
Me quedé sola con mi taza de café vacía; estaba confusa, llamé al mozo y pedí un pisco sour.
Se apareció en mi cabeza la imagen de Aragorn, del Señor de los Anillos.
¿Qué tal sería un encuentro del tercer tipo con él? Mientras caminaba a mi casa, iba recordando sus ojos y su hermoso perfil.
El ruido de las micros me incomodaba algo, pero no logró disminuir mi gran bienestar.
Con horror descubrí que jamás había tenido una fantasía sexual.