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Desde que el protagonismo de la mujer hizo su entrada en el escenario nacional clamando por reivindicaciones propias y desde que la reflexión sobre el lugar de lo femenino comenzó a ocupar un espacio académico, la pregunta por la identidad de la mujer chilena emergió como un enigma a resolver.
La respuesta sobre el "sí mismo femenino" y "nacional" pueden parecer sencillos si suscribimos ciertos supuestos teóricos formulados en Europa y Norteamérica.
Simone de Beauvoir planteó los cimientos de las ideas identidad: la mujer se construye desde lo masculino, transformándose en lo in prescindible frente a lo esencial, en lo Otro frente a lo Uno, y que, tal como lo expresa en El Segundo Sexo: "No se nace mujer, llega uno a serlo".
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La distancia de esta fractura, la escisión entre la mujer que escribe y la madre que sufre, entre quien sobrevive y la muerte de aquellos a quienes sobrevive, siempre vive en los pliegues de la memoria.
La conciencia de un inalterable destino común compromete un innegable ideal de vida humana.
La remembranza de persecuciones y al mismo tiempo la invocación de esperanzas enraízan la vida.
Sabemos que la fuerza del lenguaje converge como factor de unión en nuestro continente.
Sabemos que la palabra y la práctica religiosa desempeñaron un papel cardinal en nuestra identidad.
Crearon formas de vida y principios vitales en nuestra América.
A partir de fines del siglo XV, España y América estaban separados por el factor más vigoroso del momento, la religión.
A este factor se añade la lengua y otras tradiciones y hábitos culturales. Durante siglos las parroquias eran los únicos núcleos capaces de organizar la cotidianeidad.
El poder se ejercía en territorios evangelizables y explotables.
La Inquisición, durante la Conquista y Reconquista, representó el único paradigma capaz de mantener bajo dominio los nuevos Reinos y España.
Los seguidores de otras religiones, amenazaban perturbar la identidad cristiana.
Los seguidores de Mahoma, enemigo con el que no cabe la coexistencia; la identidad y la existencia propia dependen de la capacidad para eliminarlos.
El endemoniado del que había que purificar y exorcizar era el judío.
El dominio se ejercía en los territorios evangelizables y explotables como fuentes de riqueza.
Durante siglos las parroquias fueron los únicos ejes capaces de organizar la vida y sus circunstancias.
Durante la Reconquista se utilizó un plural, las Españas, para denotar de algún modo la identidad religiosa y cristiana.
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La dimensión religiosa afirma la esperanza de una salvación anhelada.
Representa una transformación completa que bendecirá a los fieles en tanto miembros del grupo.
Se trata de una salvación inminente que conduce a una espera tensa porque lo que llegará es el futuro definitivo.
En último término, la salvación es virtuosa ya que se percibe como una perfección tanto en el tiempo como en el espacio.
Autores, como Pedro Morandé y Octavio Paz, han postulado la existencia de una identidad cultural latinoamericana que nace desde la historia y que signa el devenir de nuestras sociedades.
La cultura de nuestro continente es precisada como mestiza, amparada en el encuentro entre indígenas y españoles.
(3) El diálogo entre las dos culturas interpretan la historia latinoamericana.
De allí que el sí mismo de América Latina se encuentre fuertemente marcado por la religiosidad, que originó una nueva cultura, una síntesis entre lo indio y lo europeo.
El proceso de mestizaje y el sincretismo religioso en América Latina, señala Sonia Montecino, habrían propiciado el surgimiento de un simbolismo centrado en la madre, cuya imagen dominante se encuentra en el modelo mariano.
Es la expresión ritual y social de la cultura mestiza a la que pertenecemos.
La mujer chilena se convierte en una alteridad subordinada dentro del sistema patriarcal dominante.
Es desde la fractura de donde resultan las definiciones de lo femenino.
Sin embargo, existe gran complejidad al enfrentar cualquiera indagación sobre la identidad femenina en nuestro país ya que forma parte de una identidad mayor, la latinoamericana.
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El tema de la mujer es relativamente emergente en nuestro país.
Distingue una situación de desgarro social.
Asimismo, proponer la superación de condiciones de desigualdad y privación diversas, expresa los intentos de grupos en crisis radicales.
Es acceder a un mundo a la medida de las esperanzas peculiaridad de los movimientos milenaristas.
Estos movimientos sociorreligiosos son considerados como esquemas totales de "re-nominación" de una colectividad para enfrentar a los traumáticos procesos de destrucción y reconstrucción de la realidad (Barabas 1986).
No podemos omitir la Shoah, que marca a la humanidad de manera indeleble.
Para algunos constituye un signo distintivo que suscita el horror de la mala conciencia o el terror de una profecía amenazante.
Hoy el terrorismo, la mentira y la corrupción de autoridades y poderes que gobiernan, evocan el temor de la desintegración sociocultural.
La ansiedad escatológica y el pavor religioso adquieren un relieve particular.
Inflamables por diferentes catástrofes que hoy sacuden nuestra época: Sida, Gripe Aviar, hambruna, enfermedades, cambios climáticos, terremotos........
(Cohn)
Sonia Montecino propone un posible punto de partida, como un conjunto de supuestos que aporten a la cuestión de la identidad específica de la mujer en nuestro territorio.
Su finalidad es idear una trama provisoria de los fragmentos simbólicos del ser-mujer chilena.
Afirma que es la figura sincrética de la Virgen María, fusionada con divinidades femeninas vernáculas, es el símbolo que eclipsó ?y eclipsa? al del Dios-Padre.
La Virgen de Guadalupe en México, la de Copacabana y del Socavón en Perú y Bolivia, la Tirana y la del Carmen en Chile, entre otras, enarbolan lo femenino en el panteón mestizo latinoamericano.
Señala que no fue difícil el encuentro de la mirada nativa y la europea en un símbolo universal: la madre tierra como eje de todo lo creado.
También la conquista condenó al mestizo a la soledad, encontrando éste en la imagen de la Madre-Diosa cobijo y fortaleza para enfrentar su existencia. Para Octavio Paz la "...Virgen fue y es algo más, y de ahí que haya sobrevivido al proyecto histórico de los criollos.
La Virgen es el punto de unión de criollos, indios y mestizos y ha sido la respuesta a la triple orfandad: la de los indios porque Guadalupe/Tonantzin es la transfiguración de sus antiguas divinidades femeninas; la de los criollos porque la aparición de la Virgen convirtió a Nueva España en una madre más real que la de España; la de los mestizos porque la Virgen fue y es la reconciliación con su origen y el fin de su ilegitimidad".
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El cimiento del mestizo latinoamericano fue una "célula madre", con un padre ausente y muchas veces desconocido.
Pedro Morandé concluye que "María se vincula al origen de la humanidad, al origen del pueblo.
Más concretamente, en el caso que analizamos, ella es la madre de los chilenos, es origen del sentido de la nacionalidad.
En otras palabras, si ser chileno tiene algún sentido de identidad especial, esto es obra según la conciencia popular, de la Virgen".
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Para el argumento teológico nociones como "reino" y "patria" adquieren hoy un realce particular.
De igual forma, el poder del médico, ha sido equiparado con la autoridad de un obispo y de un juez.
El emblema religioso y étnico, es el origen de la identidad desde los albores de la humanidad.
Análogamente, la identidad subsiste como la principal y a veces única fuente de significado en un periodo histórico descrito por una amplia desestructuración de organizaciones, deslegitimación de instituciones, ausencia de movimientos sociales y expresiones culturales.
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En un mundo de cambios incontrolados y confusos, la gente tiende a reagruparse en torno a identidades primarias: religiosa, étnica, territorial, nacional.
En estos tiempos enmarañados, el fundamentalismo religioso _cristiano, islámico, judío, hindú, budista....
_ es quizá la fuerza más desarrollada de movilización colectiva. En un mundo de flujos globales de riqueza, de imágenes y poder, la búsqueda de la identidad, colectiva o individual, atribuida o construida, se convierte en la fuente fundamental de coherencia social.
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Michelle Bachelet, madre de tres hijos, separada fue detenida y torturada, vivió el exilio en Austria y Alemania.
Se presentó ante sus electores como dueña de casa, asegurando así que "porque yo soy mujer, soy madre y soy médico sé que un país mejor lo construimos con convicción, pero también con independencia.
Y yo las tengo".
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Un sondeo realizado por la BBC en las calles de Santiago entre sus partidarios demostró que consideran a Bachelet "consecuente con lo que dice" y que creen que será "capaz de gobernar para toda la gente, no para un solo sector".
La irrupción de Michelle Bachelet en este escenario cambió la fisonomía del país en todos sus ámbitos, ya sea para sus adherentes o adversarios.
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1-Sonia Montecino símbolo mariano y constitución de la identidad femenina en Chile Conciencia en la Religiosidad Popular",
2- Millán Urdiales El Catoblepas ? número 46 ? diciembre 2005
3-Entrevista de Rosario Mena a Sonia Montecino Arquetipos chilenos de femineidad
4-Sonia Montecino op.cit
5-Millán Urdiales op.cit
6-Sonia Montecino op.cit
7- Manuel Castells La era de la información La red y el yo
8 -Manuel Castells op.cit
9- https://news.bbc.co.uk/hi/spanish/latin_america/newsid_4523000/4523336.stm