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Sobre psicoanálisis de familias y parejas
NOTA ACLARATORIA: el presente texto proviene de la reunión de dos ponencias presentadas hace poco en diversos lugares.
Dado que es un tema que no hemos discutido mucho en la S.P.S., me pareció que podría interesar el comienzo de un debate sobre el mismo.
Puede haber algunas redundancias entre ambos textos, y con algunas de las ideas expuestas en presentaciones anteriores, que espero no molesten la lectura
Iº.
MODELOS CONCEPTUALES EN PSICOANALISIS DE FAMILIA Y PAREJA.
1.
Considero al aparato psíquico conformado por siete instancias que incluyen todo el mundo que parece -pero no es- exterior al sujeto: el yo-sujeto psíquico, el ello, el super yo, el ideal, el semejante, la realidad externa material (incluyendo al cuerpo) y el tiempo-espacio. Llamo a esto un aparato extenso.
He presentado antes esta teoría, y no puedo explayarme ahora sobre ella, en el corto espacio de esta ponencia.
Solo diré que su entendimiento está en el hecho de que esas instancias no son sólo representacionales, sino que -particularmente el semejante, la realidad material y el tiempo espacio, que parecen exteriores al aparato intrapsíquico e individual de las primeras descripciones del psicoanálisis- son también instancias en tanto su existencia simultánea es imprescriptible para la constitución, sobrevida, manifestación y aún mera existencia del aparato.
2.Se trata de un aparato psíquico intersubjetivo, que requiere ser situado como concepto en su contexto histórico cultural: en el psicoanálisis argentino coexistieron desde siempre dos grandes concepciones -tal vez no explicitadas- sobre el aparato psíquico: una más intrapsiquica, que siguió los primeros desarrollos de Freud, y se acentuó con las teorías kleiniana y luego lacaniana; y otra más intersubjetiva, que comenzó con los últimos desarrollos freudianos, a partir de la "Psicología de las masas y analisis del yo", y es tambien más interdisciplinaria y multireferencial.
Esa tradición disciplinaria hace que, en nuestra formación, lo sepamos o no, estén presentes una u otra con mayor fuerza de determinación sobre nuestro pensamiento posterior.
3.
Quiero aclarar que la concepción extensa del aparato psíquico no es necesariamente el producto de un trabajo con grupos, parejas y familias, ni tampoco, a la inversa, una teorización a priori, ad hoc para darle base a ese trabajo.
Aunque, indudablemente, el trabajo clínico con conjuntos multipersonales perfecciona una tal teorización.
Es decir, por lo tanto, que cualquier analista de casos individuales que piense el aparato psíquico en su carácter intersubjetivo, podría llegar a similares concepciones y su clínica será muy diferente a la tradicional individual.
4.
Esta tesis sobre el psiquismo se basa en la existencia de la triangulación madre-padre-hijo, como "lugar" donde se constituye dicho psiquismo, incluyendo, en diversos modos, la trasmisión generacional de esa constitución.
A partir de allí, en la teorización sobre el psicoanálisis de parejas, he pensado en la existencia de una "falla o malentendido básico inicial", (siguiendo una nomenclatura de E.
Pichón Riviere) debido a las vicisitudes del ideal del yo, heredero del narcisismo primitivo.
Y en la teorización sobre el psicoanálisis de familias hemos pensado -conjuntamente con los Dres.
Augusto Picollo y Edmundo Zimmerman- en un "tramado inconciente relacional identificatorio" como expresión del inconciente y dando base a la manifestación de los "mitos familiares".
5.
La articulación de los aparatos mentales de las personas individuales (entendiendo por mental al sistema nervioso central y toda su reaccionalidad fisico-química, neuro química, enzimática y hormonal), se realiza por relaciones que se deben a circunstancias, biológicas e históricas al mismo tiempo.
Esas relaciones constituyen, precisamente, el psiquismo (entendiendo por tal al producto de esas relaciones intersubjetivas, que crean ideal).
Es decir que diferencio entre mente y psiquismo.
Prefiero la hipótesis de una relación mediada por circunstancias biológicas (pulsionales) e históricas, a la de un vínculo creado por una atadura fija.
Estos términos podrían usarse convencionalmente como sinónimos.
Pero creo que esa sería una solución retórica.
Así como tienen etimologías y sentidos -tanto semánticos como referenciales- diferentes, (y posiblemente debido a eso), llevan a teorizaciones diferentes.
Por lo tanto distingo también entre relaciones intersubjetivas, relación de objeto y vínculos.
6.
Tanto el concepto de malentendido básico inicial, como el de tramado inconciente relacional e identificatorio han sido expuestos antes de ahora.
También la utilización en este campo del concepto de mito.
De manera que me limitaré acá a una muy sintética articulación de ellos.
El mito (universal, familiar, y hasta personal) está en la cultura, y -en tal sentido- parece preceder al sujeto.
Pero alguna vez fue trauma primero, verdad material, y luego, por los procesos inconcientes (represión, desplazamiento, condensación, etc.) y por procesos narrativos (similares) fue historia repetida, verdad histórica, mito.
Así como hay trauma real en la constitución individual (desborde del mundo, incapacidad del yo de contenerlo, así como también de la instancia parental), así hay también trauma real -tragedia- en la constitución familiar, muchas veces de generaciones anteriores, que está presente en, o tapado por, el mito.
La trama inconciente relacional identificatoria -concepto que privilegia las funciones y dinamismos del grupo familiar, y que se puede modelizar como algo similar al trabajo de los pensamientos del sueño- da base a la expresión de esos mitos.
Por lo tanto el mito pasa a conjugarse con los ideales, familiares e individuales, concientes e inconcientes, a predominio erótico o tanático.
La pareja se constituye alrededor de un malentendido o falla básica inicial, consistente en que cada miembro de la misma deposita un ideal del yo que le es propio, en el otro miembro de la pareja.
De modo que el mito viene incorporado al malentendido de la pareja en la medida que éste contiene el ideal.
Si ahora describiera este ciclo, pero partiendo de la pareja, se podrían describir algunas vicisitudes de los mitos en su traslado generacional.
Por ejemplo: es diferente si cada miembro de la pareja lleva a la misma un ideal individual (del que se configura para renunciar al narcisismo edipico y poder salir de la endogamia, aunque tenga trazas de ese narcisismo), o si es un ideal grupal de la familia de origen - ya afecte a uno o a los dos miembros de la pareja, aunque no sea lo mismo, clínicamente, para la posible resolución del malentendido, esta contingencia-.
Es decir que en este último caso el ideal individual que va a la elección de pareja es, en realidad familiar, impuesto, no como condición para salir del Edipo, sino para NO salir de él.
En el primer caso, puede decirse que el mito familiar de origen de cada miembro de la pareja ha sido cuestionado, aún, a veces, desde la propia instancia parental identificante constituyente.
E incluso hasta sorteado (es lo que iban a lograr pero no logran Romeo y Julieta), por lo tanto hay una situación potencial de mayor salud.
En el segundo caso, se perpetúa sin cuestionamiento el mito familiar, que generalmente produce más patología en la nueva familia.
Pero esa mayor patología puede ser de dos calidades: o porque trae crisis por enfrentamiento de los mitos de origen, o "normalidad" si hay acuerdo o isomorfismo de los mitos, pero con empobrecimiento por falta de variación.
Una especie de endogamia, de "hemofilia" psíquica, por ejemplo las familias "reales" que acuerdan -políticamente- no cuestionar su mito.
Esta circularidad del mito entre la cultura y el individuo plantea el problema de la relación entre una verdad material traumática, y su transformación en mito que la oculta, pero que para mostrarla requiere interpretación.
Franz Kafka lo dice así en su breve texto sobre Prometeo: "La leyenda {mito} quiere explicar lo inexplicable.
Como nacida de una verdad, tiene que volver a lo inexplicable"
7.
Estos desarrollos me hacen pensar que existen varios lugares o localidades psíquicas -también se denominan espacios-.
Un lugar psíquico no es un lugar donde el psiquismo está, sino uno donde el psiquismo es.
El aparato psíquico extenso se expresa, y por lo tanto es, en tantos espacios como los que, conjunta y simultáneamente, él determina y lo determinan.
Estos espacios son varios y diferentes, desde su interior más intransferible, unido a su base biológica, hasta su ser cultural.
Estas ideas van unidas a la concepción de que el psiquismo no queda determinado de manera indefectible en nuestra infancia, sino que -aunque ese sea un anclaje importantísimo- el psiquismo puede admitir una constitución permanente en cada situación y relación en la que está.
Y por lo tanto se puede pensar en un psiquismo en institución permanente en cada espacio en el que es.
Hay, en primer Iugar un ESPACIO MENTAL.
Este espacio esta ocupado por lo biológico del sujeto.
Esto lo distingue claramente de lo que ?en la tradición psicoanalítica- llamamos psíquico, que connota y denota aquellos aspectos de la constitución del sujeto humano que dependen de sus relaciones objetales.
Esta distinción ya la señalé mas arriba.
Por lo tanto un segundo lugar es el ESPACIO INTRAPSIQUICO, que es el espacio subjetivo por excelencia.
Es el espacio que describió Freud, particularmente en la primera teoría del aparato psíquico, y su carácter esta determinado por la existencia del inconciente, y por las diferencias de percepción conciente que ésta provoca, además de la incognocibilidad inmanente de los objetos.
Un tercer ESPACIO es INTERSUBJETIVO.
Este espacio es el de la articulación de las subjetividades de dos o más (pero pocas) personas.
(Pocas, pues si consideramos a muchas ya estamos en el espacio social.) Es un espacio muy difícil de definir porque aquí ya es extremadamente complejo apreciar las influencias que llevan a su génesis y a su mantenimiento desde dos polos: uno, partiendo de lo (aparentemente) simple a lo complejo, de lo individual a lo general, del individuo al grupo, que va llevando a la constitución de subjetividades colectivas.
Y otro polo que haría partir la descripción desde totalidades ya dadas, que influirian en las subjetividades de los sujetos individuales.
El primer enfoque es más "genético" y/o "evolutivo", pero en el sentido elemental que estas palabras tienen en el diccionario.
Es decir el de una secuencia de pasos en que se describe un fenómeno por razones de (un tipo de) necesidad expositiva.
El otro enfoque se conoce como "estructural", pero, de nuevo, en el sentido estricto de la palabra y sin la connotación de movimiento filosófico o epistemológico.
Parece sensato pensar que cualquier descripción de la intersubjetividad tendrá que considerar siempre este doble circuito que, desde la constitución individual (ya es impropio llamarla así, por lo que se verá) en el seno de la díada o la tríada parental, avanza hacia las formaciones sociales y culturales, pero que también desde ellas informa y conforma la subjetividad de la instancia parental, estructurando al infante.
Por eso hay también en cada uno de nosotros una subjetividad de lo intersubjetivo ?de la noción de intersubjetividad-, asi como hay también en cada uno, una intersubjetividad incorporada de la noción de subjetividad.
Pero de hecho se observa que las descripciones que usan sólo uno de esos caminos, considerando al otro secundario o inexistente, desembocan o deslizan, necesariamente, en énfasis que ya ideologizan la cuestión, al punto de llegar al sentido de lo evolutivo o de lo estructural, pero ahora en el sentido en el cual esos términos adquieren carácter de ismo o movimiento filosófico.
En cuarto lugar mencionaré el ESPACIO DEL TRAMADO INCONCIENTE RELACIONAL e IDENTIFICATORIO.
Es el espacio intersubjetivo desplegado y operante en la familia.
El centro de este espacio esta ocupado por el Complejo de Edipo, que organiza la "falla o malentendido básico inicial" de la pareja humana, el "tramado inconciente relacional identificatorio" de la familia y los "mitos" que estas formaciones contienen, actuando como un magma o como puentes "invisibles" que combinan los espacios anteriores con los siguientes.
Es el ámbito también de la "novela familiar del neurótico", concepto freudiano que tiene una doble vertiente, pues si bien ?hacia una de ellas- refleja una vicisitud del complejo de Edipo en la pubertad, creándose en cada sujeto el mito de unos progenitores reales depreciados que ocuparían el lugar de otros progenitores imaginarios encumbrados (que según el mito serían los verdaderos), hacia la otra vertiente ?que es el grado en que un elemento de realidad podría avalar este mito-, pues efectivamente existen familias y grupos sociales poderosos y otros menesterosos, que coagulan en las formaciones sociales de "ricos" y "pobres"
Un quinto lugar es el ESPACIO MÍTICO. El mito configura un espacio que abarca desde lo más intrapsíquico del sujeto (en cuanto a como le es incorporado en su constitución subjetiva) hasta lo más cultural (en cuanto a que tiene una existencia ?independiente? del sujeto individual).
Como se sabe, la palabra mito disfruta de dos acepciones completamente contrapuestas: es al mismo tiempo verdadero, es decir, contiene una historia verdadera, y falso, es decir, no tiene necesariamente que haber ocurrido.
En otras palabras: contiene realidad material e histórica al mismo tiempo.
El sexto espacio es SOCIAL.
Abarca el conjunto de las relaciones intersubjetivas.
Sin embargo, aunque se hable de él como un todo, ya esa enunciación es completamente imaginaria.
Por lo menos tres grandes grupos de parámetros hacen que el espacio psíquico social se fragmente dando lugar a "mundos" tan diferentes entre si, que solo una apelación al comun denominador de "humanos" les conferiría una ilusoria unidad.
El discurso unificador (aún usando estas palabras sin ningún sentido valorativo) puede ser encarnado por distintos tipos de líderes, o por estructuras sociales que, como la educación, le dan continuidad mayor, o por ciertos íconos.
Los tres ejes que fragmentan el espacio psíquico social, al mismo tiempo que lo constituyen en su naturaleza "actual", en el sentido de las series complementarias o de neurosis actual, son:
1.
El tipo de organización social: aquí entran conceptos tales como monarquía, dictadura o república.
2.
La clase social, que se define por las posesiones culturales y materiales que detenta cada grupo (alta, media o baja, pera simplificar la descripción).
Por supuesto, tratándose de elementos tan concretos e imprescindibles, su tenencia o ausencia condiciona espacios psíquicos muy diferentes.
3.
El núcleo de pertenencia ideológico en orden a las masas artificiales o espontáneas, a las que podría agregarse las nociones de masas semi-artificiales y semi-espontáneas, vinculadas especialmente a las ideas religiosas o de "partido" político.
Por lo tanto, el conjunto de este espacio contiene lo ideológico, como coagulación de lo subjetivo del espacio intrapsíquico, a la vez que ?circularmente- lo ideológico social pasa directamente al sujeto individual, ya sea al espacio intrapsíquico por transmisión o al intersubjetivo por vía del ideal.
Un séptimo espacio es el ESPACIO INTEROBJETIVO.
Éste es un espacio potencial que corresponde a un estado superior del psiquismo, dado que implica un descentramiento del espacio intrapsíquico y del espacio intersubjetivo en sus caracteres alienantes, que deben ser reemplazados ?en parte o por momentos, al menos- sin descartar los caracteres constituyentes que esos espacios también tienen.
Es por lo tanto un espacio psíquico que diferencia y autonomiza al yo-sujeto psíquico de los estados propios más habituales de los espacios 1 a 6, (anteriores) y posibilita el armado de los espacios 8 y 9, (siguientes).
El octavo espacio que señalaré es un ESPACIO TRANSGENERACIONAL.
Cada generación (o cada tanto, o cada grupo de generaciones, según las condiciones de los tres ejes del espacio social) cambia la pauta cultural y produce un cambio en el espacio social, que se revierte sobre el espacio intrapsíquico y el intersubjetivo, reversión mediada de diversas maneras: a veces por obra de la propia fuerza de este espacio, a veces por cambios que van afectando los modos de armado de las unidades intersubjetivas más pequeñas: el malentendido de la pareja, o el T.I.R.I., o los mitos dominantes.
En el noveno espacio, el CULTURAL el psiquismo es mediante: a) la acumulación de creaciones utilizadas luego por los individuos en una forma tal que puede tener cierto o mucho grado de libertad con respecto a los condicionantes ideológicos del espacio social e intersubjetivo; y b) por albergar (de algún modo, aunque muchas veces penoso) a los sujetos que crean cosas que cambian el mundo de la existencia, y que al hacerlo han superado el miedo a la pérdida del espacio social o la intersubetividad compartida, que brinda "protección" del peligroso estado de independencia y autonomía.
IIº.
SEXUALIDAD, INEQUIDAD, SALUD MENTAL.
PR0BLEMAS FAMILIARES CONTEMPORANEOS
Los problemas de la familia contemporánea aparecen en los periódicos.
De ese modo estamos, como se dice, informados.
Y podemos tener material de conversación.
Pero ¿de que familia estamos hablando? Fuera del ámbito de las familias de las clases medias y altas de la civilización urbana, donde, de cualquier manera, la pérdida de la estabilidad familiar es creciente por obra de la violencia, la oferta de drogas, la amenaza de desocupación laboral, la inequidad en materia de salud y educación, la "cultura" mafiosa que antepone su ley particular a la ley general, etc., lo que se llama "la familia" es algo bien distinto en medio de éxodos y migraciones, guerras, pobreza y enfermedad, sobrepoblación, racismo y sexismo, xenofobia y luchas entre estados nacionales, religiones y etnias, y un largo etcétera.
Juntas o separadamente, todas estas penurias se observan en gran parte de Africa, inmensas zonas de Asia, pueblos enteros periféricos de Europa, grandes cinturones marginales de América Latina y zonas que rodean las grandes ciudades de América del Norte y Europa.
Siendo la familia, en general, nuestro lugar de origen físico y psíquico, es también el primer nucleamiento donde podría obtenerse cobijo frente a situaciones dramáticas como las descriptas, y aún las más corrientes vicisitudes cotidianas.
Pero son precisamente esas situaciones las que han llevado o llevan a la desaparición de las familias.
Ya podemos entonces tener una idea de los efectos devastadores en la salud mental de las personas cuando se suman las tribulaciones individuales y las debacles sociales, y la falta de un marco de protección y alivio en donde ampararse.
Los diversos profesionales de la salud mental no podemos hacer nada o casi nada contra todo eso, salvo atender a las situaciones particulares que se nos presentan, y eso con dificultades, y sólo en equipo.
Pero aun si nos circunscribimos a la familia remanente de esa dispersión, la familia relativamente organizada de esa civilización urbana (ya que no cultura, pues la cultura tiende a construir grandes unidades), ¿con que nos encontramos?
1.
SEXUALIDAD...
(y familia)
La transmisión hereditaria de la salud o de la enfermedad mental figura en los comienzos mismos de los trabajos de Sigmund Freud.
Explícitamente, en su articulo de 1908 sobre la moral sexual "cultural" (así, entre comillas, pues cita a Von Ehrenfels) y la nerviosidad (neurosis) moderna.
El contexto es muy significativo, para quien quiera y pueda verlo: la Viena de la obsesividad y la anorexia de la familia imperial, el racismo, la burguesía y la histeria.
No paradójicamente, en el mismo año, nos enseña otra vicisitud familiar cultural del desarrollo humano: la novela familiar que en la pubertad nos desgarra entre los deseos y las lealtades a unos orígenes (reales o imaginarios) poderosos o humildes.
En el ensayo en que nos habla de una doble moral, nos instruye sobre las causas por las que se trasmiten, en el complejo triángulo de la constitución humana (madre-padre-hijo), las formas y los modos en los que podemos quedar marcados para la salud o la enfermedad, de acuerdo a la fuerza o la debilidad de nuestra constitución psicosexual.
¿Que nos dice Freud al respecto en uno de sus núcleos? Se los recuerdo, en mi lectura: que el modo en el cual se desarrollará la sexualidad en el matrimonio, donde figuran unas premisas de debilidad afectiva por represión, especialmente sobre la mujer, y la posibilidad de uso de una doble imagen escindida de la mujer por parte del hombre (igualmente debilitante de la afectividad en él), llevará a un tratamiento del hijo como pertenencia o propiedad de la madre quien, en ese contexto, producirá -mediante "poderosas impresiones"-sobreestimulación sexual traumática con prematurez afectiva, seguida de su consiguiente y neuróticamente obligada represión.
Todo lo cual conseguirá replicar las condiciones de origen y asegurará su posible repetición.
Por lo tanto, en definitiva, quedará así marcada nuestra fuerza o debilidad afectiva para realizar nuestros deseos, concientes e inconcientes, que implican siempre a los otros de un modo inextrincablemente intersubjetivo.
Como, por otra parte, la noción de pertenencia o ajenidad del otro están comprometidas en el escenario constitutivo que describí, es decir, la noción de la diferencia entre el yo y la realidad externa, también quedarán establecidos los modos como las fuerzas afectivas pueden accionar, ya sea con la participación y la consideración del otro, o mediante la dominación del otro.
No creo que, hablando en general, estas condiciones hayan cambiado demasiado: las figuras de lo que ya desde hace décadas y de distintas maneras según los esquemas de referencia (por ej.
deseo de la madre-metáfora paterna), venimos denominando la madre "sobreprotectora", en su doble vertiente de fusión y/o apego y, en otro plano, desconsideración del hijo, y el padre "ausente", en su doble carácter real e imaginario, son casi unas categorías que trascienden en mucho las variables conductuales individuales, y requieren de mucho trabajo psíquico para ser superadas por la mujer y el hombre concretos de cualquier cultura.
Requieren fuerza afectiva para doblegar condiciones traumáticas de origen y dar ocasión así para el aprovechamiento del posible azar y variabilidad de la vida para abrir nuevos caminos.
Por lo tanto estoy diciendo que no veo que la sexualidad contemporánea ni los problemas contemporáneos de familia difieran en su esencia de sus arquetipos más antiguos.
La posible excepción la veo, con muy modesto alcance, en los cambios que muy laboriosamente nuestra comprensión puede producir.
Tal vez entre las transformaciones que son producto de la conjunción entre nuevas realidades sociales y nuevas aceptaciones psíquicas de esas realidades, figure la constitución de nuevas familias, producto de la unión de parejas o familias separadas, que muchas veces, a pesar de su complejidad, o quizá por el atravesamiento de crisis y ruptura de mitos, tienen éxito en restañar traumas originarios excesivos o pérdidas producidas.
Ya están entre nosotros las nuevas formaciones familiares provenientes de uniones homosexuales, que nos enseñaran cosas.
Lo mismo puede decirse de redes sociales mayores -la mayoría de las veces obligadas por la inequidad social- que cumplen funciones familiares.
No puede negarse la contribución del psicoanálisis a esas nuevas permeabilizaciones psíquicas y sociales a un tiempo.
Pero todas estas nuevas presentaciones sociales deben encarar los mismos temas derivados de la constitución psíquica, la instauración de las diferencias estructurantes del sujeto y las situaciones, míticas y reales de la inequidad social entre débiles y poderosos.
Es decir que los problemas contemporáneos también son tributarios, en no escasa medida, de nuestra concepción sobre la vieja relación entre naturaleza y cultura.
Está claro que en esta materia, a Freud no lo guiaba el estrecho concepto genético que suele campear ahora en algunas concepciones neurocientíficas (un interiorismo biologista que ignora la realidad exterior) ni un ingenuo concepto cognitivista (que considera a los seres vivos como sistemas de procesamiento de información, sin tomar en cuenta ninguna otra motivación en su accionar).
Freud participaba del correcto criterio evolucionista de que todo rasgo genotípico (genes) no puede hacerse evidente si no es a través de su expresión fenotípica (ambiente).
Digo lo que esto significa en el caso de nuestra disciplina: significa que ninguna determinación o disposición genética mental puede manifestarse sino a través del psiquismo, esto es, de esa constitución triangular imprescriptible.
Estoy por lo tanto definiendo mental como el conjunto de nuestra reaccionalidad dada por nuestra base biológica en el sistema nervioso central y todo el eje neuro químico, enzimático y hormonal.
Y estoy denominando psiquismo al resultado de nuestra constitución en el seno de relaciones personales y triangulares, objetales, obligada por la indefensión primordial del humano, y que crea ideal.
En la actualidad, la tendencia a pensar en la determinación genética ineluctable parece mirar exclusivamente hacia las fuentes moleculares de determinación, lo que hace que se pueda llegar a desviar la mirada de las fuentes de variación.
Es decir, que parece que no se quisiera mirar hacia el mundo.
2.
INEQUIDAD...
(y cultura)
Vuelvo a recurrir a Freud, esta vez al de "El malestar en la cultura" cuando describe las causas del origen y las condiciones de mantenimiento de una cultura.
Ya antes, en "El porvenir de una ilusión" había expresado, refiriéndose a la inequidad de la justicia distributiva (y no puedo dejar de decir que ahí se me aparece a veces como un Júpiter tonante o el Moisés enojado y admonitorio que él mismo había entrevisto en la estatua de Miguel Angel o un restallante Cristo de la Ilustración echando a los mercaderes del templo): "Huelga decir que una cultura que deja insatisfechos a un número tan grande de sus miembros y los empuja a la revuelta no tiene perspectivas de conservarse de manera duradera ni lo merece".
Freud nos dice en esos textos que una cultura es el conjunto del saber y poder hacer para gobernar, y de ese modo protegerse unidos los hombres (pues de otro modo sería imposible), de la fuerza de la naturaleza.
Y el conjunto de normas que regulan las relaciones reciprocas de esos hombres, en particular la distribución de los bienes.
Sin embargo, notemos que esto último ya no lo hacen unidos (o no pueden; o también sería imposible hacerlo así, dada la escasez de aquellos) Una minoría se apropia de aquello de lo que una mayoría queda excluida.
Observemos también que hay una lucha pragmática entre lo primero (la protección común) y lo segundo (la distribución de bienes), que desliza a una lucha entre lo ideal, que se esgrime como un principio para congregar a todos y lo real material, lo que debe distribuirse.
Esta lucha también se puede notar en la semántica en juego, pues, como se ve, se mezclan "telos" y "finis", una definición del "para que" con otra del "porque" o "como".
Vuelvo a Freud, a mi modo: esa tensión que lleva a la lucha y a la agresión trata de solucionarse creando una ilusión religiosa para no temer a la naturaleza, amortiguar la crueldad por la muerte, disminuir las penas por las privaciones.
Todo mediante ilusión.
Si no, tendríamos, sentiríamos, la evidencia de la realidad: las imposiciones de la pulsión, cuya satisfacción es nuestra meta individual.
3.
SALUD MENTAL...
(y vida contemporánea)
El concepto de inconciente adopta en la familia el carácter de un tramado inconciente relacional e identificatorio.
Tramado en el que asienta el mito familiar, formación universal que se traslada generacionalmente.
El mito mas universal, el edípico, lo es no solo en su determinación más dramática - la destitución del padre (y de otra forma también de la madre) como modo de afirmación de cada nuevo sujeto- sino además por un carácter que pasa más desapercibido debido al peso trágico de lo anterior, pero que no es menos fundamental, y que es el doble origen confundido en la constitución de cada sujeto entre su cuna de oro y su cuna de barro.
Este no es un mero incidente de la saga edípica, sino que pertenece a toda la humanidad: debemos recordar que el mito judeo cristiano lo narra en la vicisitud que va desde el Edén divino del comienzo, al "de polvo eres y en polvo te convertirás", mediante la sexualidad, que sobreviene después.
Y estas dos vertientes, la de la psicosexualidad que moldea nuestro origen mental en psíquico y la de la condición mítica y real sobre un origen poderoso o humilde, van resolviendo en igual medida la ecuación sobre nuestra salud mental: una psicosexualidad conflictiva solo en la medida en que le es inherente (por la constitución triangular), y equidad social, aún con sus también inherentes tensiones (por el interjuego entre la agresión y el narcisismo), son las condiciones necesarias -y ninguna es suficiente separada de la otra- para determinar un grado, el grado, nuestro grado, de salud mental.
De manera que la problemática familiar contemporánea tendrá que ver como en el pasado, pero de modos nuevos, con el enfrentamiento de sus mitos, a través de la toma de conciencia, por vías terapéuticas o sociales, de sus tramas inconcientes relacionales e identificatorias.
Esos mitos, que la literatura griega o shakesperiana, o cualquier familia enferma de la actualidad, nos presenta como destino, necesitan del cuestionamiento, hecho por los individuos que las componen o por la sociedad en general, mediante ese flujo permanente de interacción entre ellos, para su transformación en salud, que podrá eventualmente dar lugar a nuevos ciclos de la cultura.
Esto último me permite hacer una incursión final, super sintética, por el tema de la clonación, afirmando dos orientaciones divergentes.
1.
La clonación es un existente, y es real: todos los humanos somos clones de nuestros ancestros cuando las fuerzas identificatorias se ejecutan, cerradas, en sus componentes alienatorios, impidiendo la individuación y la variación.
2.
Contrario sensu, la clonación es una ilusión: nuestra constitución psíquica triangular, exenta de los excesos y exacerbaciones del intento de dominación del otro, transforma lo mental e impide la inmutabilidad de la repetición orgánica.
Lo que se consigue por la puesta en cuestión generacional y la consiguiente ruptura, del mito familiar dominante, y su transformación en fuerza dinámica y en diferentes presentaciones en cada época y estado cultural, garantizando, a un tiempo, continuidad y cambio. Cuando el mito no puede ser jugado (y por lo tanto transformado), debido a la ineptitud cultural a causa de la inequidad, por las carencias del yo sujeto psíquico y material, se cae en el extremo del mito rígido, del destino.
La falta de mito -en su carácter de aliado o impulsor del ideal- se torna tan negativa como lo otro, el destino impuesto en el exceso y que no logra ser cuestionado, debido a la miseria material, o la psicosis familiar.