El mito trágico del "Ángelus" de Millet.
En 1980, al poco de terminar la carrera de psicología y habiendo leído escasamente a Freud, cae en mis manos un libro de Dalí llamado "El mito trágico del Ángelus de Millet", publicado dos años antes por primera vez en castellano por Oscar Tusquets, partiendo de la edición francesa de 1963, de un texto desaparecido en mitad de una guerra en el año 1941.
Lo leo apasionadamente y al acabarlo escribo en la primera hoja "psicoanálisis puro", vuelvo al texto cada tantos años y en el 2004 dicha inscripción hecha a lápiz me parece ahora, en este año Dalí, cuando llevo más de 25 de profesión psicoanalítica, más verdadera aún que entonces: psicoanálisis puro.
En este año de Dalí tenemos oportunidad de dejarnos acompañar por uno de los más fervientes defensores del psicoanálisis y no solamente "de boquilla" sino por alguien que puso, como dice Laplanche, al psicoanálisis a trabajar.
Freud estaría orgulloso de él si hubiese leído, como era el propósito de Dalí, contado por él mismo, si hubiera leído decía su "mito trágico del Ángelus de Millet".
Del prototipo de español: un fanático, que le llamó Freud y de aquel que recibió a Lacan con un trozo de papel flotando sobre su nariz, sin que el psiquiatra francés dijese ni una palabra de aquello, temiendo una trampa, que el mismo Dalí confesó no haberle preparado, de aquel que desafió a los dos grandes genios del psicoanálisis del siglo XX, querría hablar aquí, pero sobre todo de una deuda largamente pagada por Dalí hacia el psicoanálisis con la obra que vengo a glosar: El mito trágico.
Dalí había leído a Freud y de repente en el año 1941 se lanza a escribir un texto "El mito trágico" que por abatares de una guerra desaparece y solo puede ser publicado mas de veinte años después (1.963).
siendo editado completado en español por primera vez en 1978 con comentarios de Dalí y abundante material gráfico elegido por el mismo.
Oscar Tusquets lo llama en la nota a la edición española "futuro clásico del surrealismo" yo añadiría hoy clásico también del psicoanálisis, si se me permite la expresión.
Clásico de la puesta en consideración, de lo que Freud llama la asociación libre, brillante examen de la concatenación de ideas de un genio.
Cualquier paciente se sabe dicho genio en cuanto se permite dejar llevar por el método creado por Freud, pero en este caso el genio lo es por derecho propio, genio que siguiendo el hilo de sus pensamientos, llega a desentrañar un secreto escondido en un cuadro, al modo del mejor investigador de enigmas, comparable a Freud y a su discípulo aventajado Lacán.
El primero descubre el Edipo, el segundo descubre al mejor primero y Dalí toma de uno y otro y se encamina por su senda para producir algo tan logrado como su Ángelus, que ni siquiera es suyo dado que es de Millet.
La edición del 63 se abre con un prologo de Dalí, en el que anuncia que los rayos X han dado la razón a lo que su mente había creado: a raíz del análisis realizado al cuadro con el método paranoico crítico.
La ciencia le sirve para darle la razón que él por otra parte no precisa.
Los X dicen que, allí donde Dalí decía, existe un ataúd enterrado bajo capas de pintura.
Los X apuntan a que el recogimiento, la serenidad, la paz de la escena junto con lo siniestro, lo ominoso tienen que ver con el sexo y la muerte, como siempre.
Dalí, gran lector, leyó (al contrario que Freud hiciera con él) y elogio (como le hubiera gustado de Freud) la tesis doctoral de Lacan sobre la paranoia.
Ya antes, el mismo Dalí había dicho que la paranoia podía ser utilizada de un modo creativo y en este sentido nos recuerda las palabras del mismo Freud: yo triunfé donde el paranoico fracaso.
Pues bien, Dalí también triunfa a su manera, construye un texto de una belleza inquietante y de una sutileza apabullante, dejándose llevar por su método, que él mismo reconocía no saber muy bien en que consistía; dejándose llevar, da a luz un texto sobre un niño muerto; recordemos de paso, no sin hacer hincapié en ello, que Dalí vino a ocupar el lugar de un hermano muerto, que se llamó como él; un libro, sobre la ausencia en un cuadro, de un muerto que hace oscilar toda la escena sobre él.
Dalí sabiendo colocarse, porque ya lo estaba, en el lugar de ese niño muerto, nos desvela toda la fantasmagoría que atraviesa la escena, partiendo de un delirio surgido en el año 31 en el que de repente se le impone una imagen vivamente coloreada del "Ángelus" de Millet, al modo de un delirio dice él, y nosotros podríamos añadir al modo de una figuración que da cuenta de algo muy intimo de Dalí: ese niño muerto interpuesto entre los padres y que él percibe con la misma claridad en el cuadro, tal y como lo debió percibir entre sus podios padres, consciente o inconscientemente tanto da para el caso.
Dalí juega luego con guijarros de mar y construye las imágenes del cuadro sin ser consciente de la semejanza, marcha a nadar y al volver por en medio de un prado, viendo y esquivando los saltamontes a los que una fobia tremenda hace no quitar ojo, en ese momento choca, con movimientos especulares, con un pescador que cruza el prado por donde él, pero en sentido inverso: Dalí choca con su hermano muerto, con el primer Salvador que se interponía entre sus padres y él.
Se disparan sus asociaciones y aparece la figura femenina agrandada, Gala sodomizada en un sueño, el campesino del cuadro sumergido en leche y hasta sugerido por el mismo Lacan, las tazas con el Ángelus repetido hasta parecer polluelos, acabando en las cerezas que parecen Ángelus.
Dalí está enfebrecido y sabe que algo tendrá que hacer con todo esto si no quiere volverse loco y se pone a ello.
Fruto de esta pasión es el texto del Mito trágico del Ángelus de Millet.
Desarrolla toda una teoría de que este cuadro es algo hipnótico para todos y el más reproducido de la historia, para acabar diciendo que si esto es así es porque "algo ocurre".
Ese algo comienza con la disposición de la composición y la situación de los personajes: "en un espacio desértico, a la hora del crepúsculo, un hombre y una mujer, "de pie", "inmóviles", "verticales" uno ante el otro, sin mediarse palabras ni comunicados con gesto alguno, sin que uno vaya al encuentro del otro?, etc".
Disposición completamente original y sin precedentes en la historia del arte, según el pintor y maestro Dalí, y si él lo dice debe ser verdad.
Dalí pasa luego, según sus palabras al examen crítico lo mas metódico posible del cuadro.
Empieza por el ambiente general del cuadro en un apartado que nomina "los atavismos del crepúsculo", para pasar luego al examen de lo que llama "la actitud expectante de la mujer".
La actitud expectante de la mujer es lo que centra en Dalí la atención, esa mujer que como la suya (Gala) le centro la vida, a decir de muchos, permitiéndole no sumirse en una locura improductiva.
Pasa luego a un análisis pormenorizado con su actividad paranoica-crítica ejercida sobre los fenómenos secundarios del delirio, que no me detendré en pormenorizar aquí, pero que son de una riqueza asociativa sin discusión y de una clarividencia evidente, y mas si se toman como asociaciones del propio Dalí sobre su mundo interior, pero aunque así no fuera, la riqueza y brillantez son evidentes.
Aprendió bien de Freud la forma narrativa y el texto se lee como una novela de misterio, y como un Hitchock va desvelando un enigma que es el suyo y el pretende el de todos, y desde luego lo es a partir de él.
Dejo al gusto del lector el transito por dichas paginas trufadas de bellas ilustraciones que van acompañando y dando coherencia al discurso, y paso a la tercera y última parte para centrarme en un rasgo humorístico del texto, que apunta de nuevo a la brillantez de este Dalí que magistralmente toma lo que no le da la razón, como parte de su razón.
Me refiero a las dos paginas en que se describe con retazos del libro de Fabre "las costumbres de los insectos" la actitud cabalística que la "mantis religiosa" tiene con su partenaire, las descripciones no tienen desperdicio, pero al pasar la pagina nos enteramos que esa actitud caníbal no es algo natural en la mantis, sino fruto de su cautividad, y aquí viene el genial giro del maestro cuando dice: prueba irrefutable de que los campesinos viven en un estado de verdadera cautividad.
Nada le arredra.
Si le dan la razón porque se la dan, si se la niegan porque se resisten, ¿les recuerda esto algo?.
Dejare la reseña aquí, espero no haber destripado demasiado el libro, pero sí haberles despertado el interés por un Dalí que, como nosotros, pone su mente a trabajar asociando "libremente", con una belleza de la que sabemos están llenos nuestros divanes, como lo están los historiales clínicos de Freud y sus estudios sobre arte.