Muchas mujeres se quejan de que no les es fácil llegar al orgasmo.
Centran el problema en ellas, pero la causa va más allá.
La solución pasa por la comunicación íntima con la pareja.

No sólo por tener más responsabilidades y ganar más.
También porque empezó a llegar a la casa muy cansada, lo que inevitablemente influyó en la intimidad con su marido.
"Me empezó a tomar mucho tiempo poder concentrarme, excitarme y llegar al orgasmo.
Ya no tengo la energía para guiar a mi marido en lo que necesito en ese momento.
Ahora, la actividad sexual me implica estrés y prefiero evitarla".
Ximena (30) pasó por algo similar: tras un período de mucho estrés, a raíz de un cambio de casa y de trabajo, comenzó a serle casi imposible concentrarse en la intimidad.
"Me ponía a pensar en todo lo que tenía que hacer al día siguiente, hasta en la lista del supermercado".
Lleva 6 años casada y admite que con sus anteriores parejas sexuales, y en la primera etapa con su marido, le costaba mucho menos excitarse y llegar al orgasmo.
"A lo mejor antes también me tomaba tiempo, a veces, pero como todo era un juego entretenido y apasionado, no me daba cuenta".
Crecer en la intimidad
Frases como "me cuesta sentir, me aburro, me distraigo...
mi marido se cansa" son comunes en la consulta, afirma la ginecóloga y sexóloga Elena Sepúlveda.
La mayoría de las veces, el origen del problema está en que la mujer no tiene el estímulo adecuado.
"La respuesta sexual de una persona es individual y distinta cada vez que hay un encuentro, pues depende de varios factores: emocionales, sensoriales, cognitivos, culturales", asegura la experta.
Lo que excitaba al comienzo de una relación, no se mantendrá igual en el tiempo.
Al principio no hay problema porque la pareja le da mucha importancia al desarrollo de su intimidad: "A cómo nos vamos descubriendo en ese espacio que sólo nos pertenece a los dos", dice la doctora Sepúlveda.
Pero, a poco andar, este proceso se ve interrumpido por las múltiples demandas de la vida familiar: la crianza de los hijos y la administración del hogar.
"Y el problema es que las parejas no saben separar los planos.
No dejan un espacio sagrado para la intimidad y tienden a superponerla con la vida familiar y social.
Y, claro, la vida sexual no crece, se estanca y se hace muy rutinaria".
Entonces, la vida íntima se vive con un guión mil veces repetido y deja de provocar los estímulos para una respuesta sexual adecuada.
Y, en muchos casos, describe Elena Sepúlveda, "se tienen relaciones para satisfacer al esposo, para que se le quite la cara de enojado, para mantenerlo tranquilo...
hasta la otra quincena" y así repetir el ciclo.
La capacidad de llegar al orgasmo se puede ver afectada también por cambios físicos, advierte la doctora Patricia Aliaga, jefa de la Unidad de Sexualidad Humana del Hospital Clínico de la Universidad de Chile.
"Hay una serie de factores, como la edad o los múltiples partos vaginales, que afectan la tonicidad muscular de las mujeres en el perineo, lo que podría disminuir la capacidad orgásmica".
Sin embargo, afirma la profesional, lo que más afecta a las mujeres son los cambios que las llevan a sentirse "con menos habilidades y estrategias para subirse al tren de la sexualidad".
Y esto tiene que ver con que "mi pareja ya no me gratifica como antes; con que ya no me atrae tanto o ya no me siento tan deseada por él".
Por eso, Patricia Aliaga considera clave no ver la sexualidad como un fenómeno estático: "Hay que estar evolucionando, aprendiendo, para que la vida en pareja continúe siendo diversa y gratificante".
Y en ese aprendizaje, agrega Elena Sepúlveda, el orgasmo no debiera ser la única meta.
"Se trata de reaprender la vivencia del placer, del uso de los sentidos, de reconocer el propio cuerpo y el de la pareja, y descubrir el mapa erótico de cada uno".
"Que a la mujer le tome más tiempo que al hombre llegar al clímax no se considera una disfunción si la pareja no lo vive como un problema", explica la doctora Aliaga.
Cuando provoca conflicto, suele ser dentro de una relación deteriorada.
"Por eso es tan importante que ambos puedan recuperar el vínculo inicial.
Muchas veces, más que terapia, les recomendamos una consejería que les ayude a recuperar el encanto perdido".
"Mi marido ha aprendido a esperarme, y yo estoy mucho más relajada con el tema", dice Ximena.
"Antes lo vivía como deber: debo llegar al orgasmo, debo hacerlo varias veces a la semana.
Ahora trato de pasarlo bien y de no obligarme a nada".
El cambio empezó cuando comenzaron a darse más tiempo sólo para ellos sin meter en la conversación "las colaciones de los hijos".
"Lo primero fue ir bajando los niveles de estrés en nuestra vida: disminuimos el ritmo de trabajo y de vida social.
Y, después, ha sido tan simple como prepararse un pisco sour y unos quesitos cuando los niños se han dormido.
A lo mejor, después de eso no hacemos el amor, pero nos va a quedar una sensación rica para los días siguientes".
Satisfacción sin orgasmo
El actual concepto de "satisfacción sexual" no siempre va a contemplar que se llegue al orgasmo, explica la ginecóloga Patricia Aliaga.
"Muchas mujeres no siempre tienen un ciclo completo de respuesta sexual, pero se sienten igualmente gratificadas, amadas y deseadas".
La doctora Elena Sepúlveda agrega: "He visto muchas mujeres que lo pasan muy bien con su pareja y que ni siquiera saben que tienen orgasmos porque no saben lo que es.
Afirman que no lo podrían definir y, sin embargo, se declaran satisfechas".
"Entonces, cabe preguntarse: ¿quién evalúa este tema? ¿Los terapeutas?".
En busca de una respuesta, la doctora Sepúlveda se reunirá en marzo próximo con los otros 18 miembros de la Academia Internacional de Sexología Médica, en Porto (Portugal), para llegar a acuerdos en distintos temas de la sexualidad femenina.