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Decisiones financieras son objeto de estudio

Sandra Blakeslee. El Mercurio

Neuroeconomía:

Un grupo importante de neurocientíficos está empeñado en descubrir cómo funciona el cerebro al momento de tomar una opción económica y expresarlo luego en fórmulas matemáticas.


Las personas son seres racionales, eficientes y actúan, incansablemente, en beneficio propio.

Toman decisiones financieras basadas en la razón, no en la emoción.


¿Correcto? No.


La realidad es que al tomar decisiones financieras, las personas casi siempre se ven influidas por sentimientos e intuiciones apremiantes.

Cooperan con gente desconocida, pierden en el juego el ingreso familiar y dilapidan sus ahorros en inversiones propuestas por estafadores ya conocidos.
Tales debilidades humanas pueden parecer demasiado complicadas e impredecibles para ponerlas en ecuaciones económicas.

Pero ahora un grupo importante de neurocientíficos cree que es tiempo de crear un nuevo campo de estudio: la neuroeconomía.
Por eso ya están examinando los cerebros de quienes toman decisiones económicas, comercian, compiten, cooperan, desertan, castigan, participan en remates, apuestan y calculan sus próximas acciones en el ámbito financiero.

Basados en su conocimiento de cómo los procesos cerebrales influyen en esos comportamientos, están traspasando sus descubrimientos a un lenguaje matemático cercano a los economistas.
Según el doctor Jonathan D.

Cohen, profesor de neurociencia cognoscitiva en Princeton, "gran parte de los economistas no basa sus teorías en el comportamiento real de las personas; estudian versiones idealizadas de la conducta humana, suponiendo que ésta es óptima en la obtención de ganancias".


Dinero y dopamina


Para explorar la toma de decisión económica, los científicos están examinando los cerebros de personas mientras éstas participan en una variedad de juegos.

Los ejercicios tienen como objetivo lograr que las personas anticipen lo que otras harán o inferirán de las propias acciones.

Éstos también revelan ciertos procesos cerebrales que los economistas están recién empezando a ver y apreciar:
El cerebro necesita una forma de comparar y evaluar objetos, personas, hechos, recuerdos, estados internos y las necesidades percibidas de otros para poder elegir.

Lo hace mediante la asignación de un valor relativo a todo lo que sucede.


Pero en lugar de dólares y centavos, el cerebro depende de la velocidad de activación de los neurotransmisores, como la dopamina, encargados de transmitir los impulsos nerviosos.

La novedad, el dinero, la cocaína o una rica comida activan los circuitos de dopamina en distinto grado.
Por otra parte, los circuitos cerebrales monitorean cómo las personas sopesan fuentes diferentes de recompensas o castigos y cómo distribuyen su atención.

Una región llamada cingulado anterior reacciona cuando las personas cometen errores o actúan en forma deficiente.

Una estructura pequeña llamada ínsula detecta sensaciones en el cuerpo y también está involucrada en la confianza que nos puede generar alguien que ofrece vendernos el puente de Brooklyn.
Estas estructuras y los sistemas de neurotransmisores se activan antes de que una persona tenga conciencia de haber tomado una decisión.
En un estudio reciente, Cohen y sus colegas, entre éstos el doctor Alan G.

Sanfey, de Princeton, tomaron imágenes de los cerebros de individuos mientras jugaban el juego "ultimátum", una prueba de justicia entre dos personas.
En éste al primer jugador se le entregan, por ejemplo, 10 dólares en efectivo.

Él debe decidir cuánto dar a un segundo jugador; pueden ser 5 dólares, el ofrecimiento más justo, o una cantidad menor dependiendo de con cuánto él piensa que puede quedarse.

Si el jugador 2 acepta el ofrecimiento, el dinero se distribuye en la forma acordada.

Pero si lo rechaza, ambos jugadores se van con las manos vacías.
La mayoría de quienes tienen el rol de jugador 2 se niega a recibir cantidades inferiores a los 2 o 3 dólares, según el experto.

Preferirían castigar al primer jugador que sentirse engañados.

"Pero eso no tiene ningún sentido económico; uno está mejor con algo que con nada".
Las imágenes cerebrales mostraban que cuando los jugadores aceptaban un ofrecimiento que veían como suficientemente justo, se activaba un circuito en el frente de su cerebro que respalda el pensamiento deliberativo.
Pero cuando rechazaban un ofrecimiento, la ínsula - la que monitorea los estados corporales, los que incluyen el disgusto- anulaba el circuito frontal.

Mientras más fuerte se activaba, más rápidamente la persona rechazaba el ofrecimiento.
Según el doctor Cohen, los economistas pueden usar este descubrimiento para cuantificar la contribución de la emoción y la deliberación en la toma de decisiones.

Es posible calcular cuánta emoción se destina a evaluar el valor de las actividades económicas y estudiar los puntales nerviosos de la negociación cuando las personas no quieren permitir que otras se aprovechen de ellas.
La neurociencia puede iluminar todo tipo de comportamiento económico, precisa el doctor George Loewenstein, economista de la Universidad Carnegie Mellon en Pittsburgh.

"Bajo la influencia de emociones o impulsos poderosos, la gente por lo general termina haciendo lo contrario de lo que piensa que es mejor para ella, incluso en el momento de actuar".


Investigación a futuro


Por ahora, los experimentos neuroeconómicos dicen más sobre los individuos y grupos pequeños que acerca de los mercados y las economías, explica el doctor Colin Camerer, profesor de economía del Instituto de Tecnología de California y autor de un nuevo libro, "Behavioral game theory".


No obstante, hay planes en preparación para estudiar, a través de scanners vinculados por internet, los cerebros de muchas personas mientras realizan juegos económicos.

El mercado bursátil es un reflejo de las decisiones que toman millones de cerebros.

Con el tiempo, debería ser posible estudiar grupos de cerebros para revelar los misterios sobre la formación de las burbujas de mercado y por qué se rompen.

O por qué las personas siguen gastando dinero cuando la bolsa cae.

O si las reducciones tributarias tendrán una relación con lo que la gente hace.