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Psicoterapia en la tercera edad

MARÍA PAZ CARVAJAL . El Mercurio

El reto de curar los dolores del alma cuando los años han pasado


No siempre se consulta por motivación personal, muchas veces el paciente es llevado por la familia y se va haciendo receptivo en las entrevistas con el profesional.

Nunca es tarde para resolver conflictos internos y aprender a vivir más en paz: un trabajo sicológico adecuado puede ser de gran ayuda para el adulto mayor.



Sigmund Freud decía que no valía la pena intentar una terapia con personas mayores de 40 años, pues el promedio de vida entonces no superaba los 45 y, por ende, no se alcanzaban a disfrutar los logros del tratamiento.
"Creo que hoy nadie estaría de acuerdo; las personas mayores tienen todas las posibilidades de hacer un trabajo sicológico", afirma el doctor Horacio Maltrain, sicoterapeuta y miembro de la Asociación Psicoanalítica Chilena (APCh).
"Un adulto no es un ser terminado, sino que está en constante crecimiento - agrega el sicoanalista- .

Puede desarrollar su mente, buscar una mejor calidad de vida, calmar la ansiedad que le genera la idea de la muerte, aprender a vivir más en paz".
En la práctica, sin embargo, el problema radica en que a las personas mayores les cuesta pedir ayuda.

No sólo porque pertenecen a una generación que creció con la noción de que los sicólogos y siquiatras eran "para los locos", ignorando que los conflictos de la mente corresponden a un ámbito distinto a lo puramente orgánico (neurológico), sino que además porque
- a estas alturas- no siempre poseen recursos para financiar una terapia.
Así y todo, en la actualidad ya se comienza a divisar a la tercera edad en las consultas de los especialistas.

Los motivos no faltan.
El siquiatra, sicoterapeuta y profesor titular de la Universidad de Chile, doctor Otto Dörr, explica que si algo caracteriza al adulto mayor es un cierto alejamiento de los afanes del mundo, lo cual lo vuelve más reflexivo y proclive a ser invadido por los recuerdos.

En ese momento aparecen las culpas por acciones u omisiones del pasado: una de las razones que, a su juicio, más lleva a consultar.
Y es que ésta es una etapa de conclusiones y de gran carga emotiva, "pues se empieza a cosechar lo bueno y malo de lo realizado y, muchas veces, las personas sienten impotencia de que les queda poco tiempo y espacio para cambiar algunas cosas", opina la sicóloga de la Universidad de Chile, Carolina Vásquez.
Este marco - prosigue- da pie para el surgimiento de diversos temas, como crisis de pareja o malas relaciones con los hijos; conflictos que seguramente han estado presentes siempre, pero que el diario vivir más enriquecido de estímulos antes se encargaba de distraer.
Otros dolores del alma en esta etapa son las pérdidas de seres queridos, así como de las habilidades motoras y mentales que van limitando las actividades cotidianas.

Respecto de esto último, el doctor Maltrain recuerda el dilema de un antiguo paciente: "Tenía problemas con su tarjeta de Redbanc.

Se demoraba tanto en introducirla y poner su clave que la máquina se la tragaba.

Fracasó muchas veces y eso le provocó un estado de mucha angustia".
No todas las personas requieren de ayuda terapéutica frente a conflictos de esta naturaleza; no faltarán quienes cuenten con recursos personales que históricamente les han permitido salir delante de sus crisis.


Señales de alerta


De hecho, para el doctor Dörr no todos los sufrimientos debieran ser resorte de médicos y sicólogos, pues "no hay que olvidar que la vida misma es compleja, que implica pérdidas y dolores, los cuales no tendrían por qué estar siendo siempre objeto de tratamiento sicológico o siquiátrico.

Una sicoterapia debe intervenir allí donde hay síntomas de un cuadro ansioso, depresivo, de un deterioro.

Claro que en ese momento, el acto médico no debiera remitirse sólo a recetar una pastilla, sino a establecer una relación que le permita al paciente abrir su alma".
Para Horacio Maltrain, en cambio, la terapia es benéfica para todos los que deseen compartir con alguien las inquietudes sobre su vida.
Hay plena coincidencia, eso sí, en ciertas señales de alerta que harían necesaria una consulta, tales como decaimiento, alteración de los ciclos vitales (insomnio, inapetencia), pérdida de la alegría de vivir, aislamiento social, una excesiva labilidad emocional y las autodescalificaciones (del estilo "soy un estorbo", "no sirvo para nada").
En la tercera edad la meta de una sicoterapia no debiera ser aspirar a lograr grandes cambios en la vida (como, por ejemplo, modificar la personalidad), sino más bien a integrar nuevos caminos que permitan abordar los problemas de otro punto de vista.

Ojo, el pasado ya no se puede arreglar, pero sí la forma como uno se relaciona con él.
En este sentido, el trabajo profesional debiera centrarse en facilitar la reflexión del adulto mayor, para que vaya asumiendo su pasado (superando así las culpas); ayudarlo a aceptar el curso de la vida y las limitaciones de la vejez, para que de paso se abra hacia nuevos ámbitos; así como también empezar a elaborar el tema de la muerte.
Aún cuando algunos quizás requerirán de una intervención más prolongada, los especialistas son en general más partidarios de las terapias breves (12 sesiones) y focales, es decir, circunscritas al área del conflicto y no tan tendientes a sumergirse en profundidades.
Admiten que trabajar con adultos mayores puede ser complejo, dado que a veces les cuesta sr lo suficientemente flexibles como para incorporar cambios.

Sin embargo, concluyen, siempre hay tiempo para ayudarse: "Más importante que la edad de la persona - destaca Maltrain- es la edad del conflicto.

Mientras más reciente éste sea, más provechosa será la terapia".


Dónde acudir


Para pedir ayuda no basta con abrir la guía teléfónica y elegir un profesional de la salud mental al azar.

Hacer sicoterapia es un trabajo duro que implica abrir el alma y tocar más de alguna herida pasada, aunque siempre en función de un crecimiento mayor.
Por lo tanto, si se cae en manos inexpertas, sin técnica para un manejo adecuado del paciente, se corre el riesgo de remover más asuntos de la cuenta y gatillar dolores innecesarios.

Es por eso que se sugiere acudir a personas recomendadas, idealmente reconocidas por su trabajo con este grupo etáreo.
La sicóloga clínica Carolina Vásquez, reconoce incluso que ante cualquier trastorno anímico se debería consultar primero a un médico (por ejemplo, un geriatra).
"El médico - agrega el siquiatra Otto Dörr- , puede diagnosticar mejor si un dolor es tensional, o es parte de un cuadro depresivo o de un deterioro incipiente.

Aunque los problemas sean predominantemente sicológicos, es siempre mejor ver primero a un siquiatra.

Si éste tiene formación sicoterapéutica podrá encargarse del problema.

De lo contrario, y descartada una patología de base biológica, tendrá que derivarlo al profesional idóneo.

No todos los sicólogos ni siquiatras son sicoterapeutas".