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Viagra contra la Menopausia

Alejandra Rodriguez Elmundosalud.com

 «Si te digo la verdad, yo estaba deseando llegar a la menopausia.

Ya había tenido a mis hijos, mis reglas eran dolorosas, duraban mucho y me hacían sentir fatal.

Cuando se me retiró el periodo, empezaron los sofocos, y algún problemilla por el estilo.

Pero lo que yo no me esperaba es que mi vida sexual iba a empeorar de esta manera.

Quiero a mi marido y deseo seguir haciendo el amor con él pero cuando nos ponemos, cosa que a nuestra edad tampoco es todos los días, no logro que mi cuerpo reaccione.

Es como si mi cerebro dijera ?adelante?, pero mi organismo no funcionara.

Me da vergüenza decírselo a mi ginecólogo porque va a pensar que soy una especie de ninfómana y, además, algunas amigas me dicen que es normal.

Es una faena».

Así es, más o menos, como se sienten muchas mujeres cuando llegan al climaterio y experimentan las consecuencias negativas que tiene la caída hormonal en su salud y en sus relaciones sexuales, a pesar de que desean seguir manteniéndolas.

Para estos casos, el citrato de sildenafilo, o lo que es lo mismo, la popular Viagra, puede ser de gran ayuda, según los datos más recientes.


Una vez amortiguada la resaca que supuso el lanzamiento de Viagra al mercado, de la euforia que se desató entre los varones y de las esperanzas que albergaron muchas mujeres en aquel momento, algunos especialistas aventuraron que el citrato de sildenafilo ?principio activo de lo que para muchos pasó a ser conocido como milagro azul? no sería efectivo a la hora de mejorar la función sexual femenina.


Estos aguafiestas se basaban en la afirmación (que no deja de ser cierta) de que la sexualidad de la mujer es muchísimo más compleja que la del varón y que el componente psicológico tiene un peso determinante a la hora de que ellas se sientan satisfechas en este terreno.


Por otra parte, varios experimentos preliminares, como el que se llevó a cabo en la Universidad de Columbia, Nueva York (EEUU), y que la revista "Urology" recogió en marzo del pasado año, casi echan por tierra la aplicación de este medicamento en la población femenina.

En aquella ocasión, 33 pacientes menopáusicas tomaron 50 miligramos de sildenafilo, pero sólo un escaso 20% de la ya de por sí pequeña muestra dijo haber notado alguna mejoría en su vida sexual.


A pesar de que dicho trabajo no era controlado y de que el número de pacientes era claramente insuficiente para establecer unas conclusiones definitivas, los más agoreros calificaron la experiencia de poco prometeSin embargo, y afortunadamente para las mujeres, otros especialistas no se han dado por vencidos y siguen indagando acerca de las soluciones a los trastornos femeninos que tienen que ver con la sexualidad.


Irwin Goldstein, jefe del departamento de Urología de la Universidad de Boston (EEUU) y pionero en la investigación con el controvertido medicamento contra la impotencia, perdió el interés por la disfunción eréctil masculina de origen orgánico (que es la que tiene solución puramente farmacológica) y, ya en 1999, manifestó a SALUD su interés por cambiar de rumbo.

«Ahora hay que tomar en serio las disfunciones sexuales femeninas», afirmó.


Buena prueba de que no lo dijo en vano es que, mucho antes de que hubiera ensayos clínicos con féminas, él ya había prescrito la píldora azulada a un grupo de 50 pacientes que estaban sufriendo las secuelas de la caída hormonal característica de la menopausia y que habían referido un deterioro notable en sus relaciones sexuales.

La mayoría, por cierto, notó cambios muy favorables con Viagra.


Por aquel entonces, miles de mujeres se lanzaron a las farmacias a comprar la codiciada pastilla, a pesar de que en el prospecto se leía claramente que estaba indicada en los casos de impotencia masculina susceptibles de mejorar con este fármaco vasoactivo y que sólo podía adquirirse con receta médica.

Desde hace algunos años, dos de las alumnas más aventajadas de Goldstein, las hermanas Jennifer y Laura Berman ?que ahora vuelan en solitario en el departamento de Urología de la Universidad de California (EEUU)? están tratando de que este puñado de anécdotas sea una realidad clínica.


En octubre de 2001 publicaron un estudio piloto en "Journal of Sex & Marital Therapy".

El trabajo estaba encaminado a probar la seguridad y eficacia del citrato de sildenafilo en mujeres con problemas de excitación.


Este trastorno tiene entidad propia.

No se trata del dolor al intentar la penetración (dispareunia), de la falta de deseo (anafrodisia), de la incapacidad para lograr el orgasmo (anorgasmia) o de otras alteraciones psicógenas ya conocidas, aunque la complejidad de la sexualidad femenina hace que la mayoría de las veces todos estos cuadros se presenten conjuntamente. 

En el caso de las disfunciones de la excitación, la mujer sí quiere mantener relaciones sexuales, pero no es capaz de lograr la reacción orgánica necesaria ?aumento del flujo sanguíneo en el clítoris, tumescencia y rigidez de este órgano, lubricación vaginal, aumento de la temperatura en la zona genital, etcétera? para que se produzca la satisfacción suficiente, llegue o no al orgasmo posteriormente.


En el pequeño trabajo, las participantes que ingirieron 100 mg del medicamento mejoraron en todos los parámetros estudiados: satisfacción sexual, falta de deseo, dificultad para alcanzar el orgasmo, lubricación vaginal y dolor durante la penetración.


Las hermanas Berman tenían la esperanza de corroborar estos hallazgos en poblaciones más amplias de mujeres mediante ensayos doble ciego, controlados con placebo que, según apuntaban en las conclusiones, estaban ya «en marcha».


Esta confirmación ha llegado en el último número de "The Journal of Urology".

En esta ocasión, 202 pacientes posmenopáusicas con incapacidad recurrente y permanente para lograr la excitación, divididas aleatoriamente en dos grupos, tomaron un placebo (sustancia inactiva) o 50 mg de sildenafilo (aunque esta dosis se podía ir ajustando de 25 a 100 mg).

Todo ello sin que los investigadores o las propias participantes supieran qué pastilla estaban ingiriendo (lo que se conoce como doble ciego).


La respuesta sexual de las participantes se midió atendiendo a los resultados de diversos cuestionarios que recogieron parámetros objetivos (cambios fisiológicos en el clítoris y en la vagina antes y durante las relaciones, como lubricación, aumento de la temperatura, tumescencia, aumento de tamaño...) y subjetivos (sensación de excitación, calidad del orgasmo, placer sexual, dolor durante el coito, disfrute, relación con el compañero...).


El resultado fue que, en las pacientes que no tenían el deseo sexual inhibido, es decir, en las que querían mantener intercambios sexuales pero no podían, el citrato de sildenafilo supuso «una mejoría muy significativa en los parámetros estudiados», reza el trabajo de las hermanas Berman.


Por el contrario, las pacientes cuya libido estaba mermada (inhibición del deseo provocada fundamentalmente por la escasez de testosterona) o que sufrían otros problemas que repercutían negativamente en su sexualidad (antecedentes de abusos o relaciones traumáticas, problemas emocionales, mala relación de pareja...) no notaron las ventajas de la píldora mágica.