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Hallazgo de investigadores argentinos

Sebastián A. Ríos LaNación.Ar

Hallazgo de investigadores argentinos
La hipertensión afecta también la sexualidad femenina
Perjudica a una de cada tres mujeres


Investigadores argentinos han demostrado que existe otra buena razón para que las mujeres controlen su presión arterial.

Además de triplicar el riesgo de padecer enfermedad coronaria y de multiplicar por siete las probabilidades de tener un accidente cerebrovascular, la hipertensión arterial hace que las mujeres estén más expuestas a experimentar una forma muy frecuente de disfunción sexual.


"Nuestros estudios sugieren que la hipertensión es un factor que condiciona negativamente la respuesta sexual femenina durante la llamada fase de excitación", dijo a LA NACION el doctor Amado Bechara, jefe del Sector Disfunciones Sexuales del hospital Durand y autor principal de un estudio publicado recientemente en la revista especializada International Journal of Impotence Research.


El trabajo demuestra que unos niveles elevados de presión arterial no sólo dañan la pared interior de los vasos sanguíneos del clítoris y de la vagina, sino que también interfieren con la liberación local de neurotransmisores que participan de la fase de excitación del acto sexual.


La fase de excitación es uno de los pasos claves en el camino hacia el orgasmo.

Según una encuesta realizada años atrás por el Sector de Disfunciones Sexuales del hospital Durand a 400 mujeres en la ciudad de Buenos Aires, una de cada tres encuestadas manifestó que experimentaba alguna dificultad durante esa fase.


Como explicó el doctor Bechara, la influencia negativa de la hipertensión sobre la salud sexual masculina ya había sido señalada: "Se ha demostrado que la hipertensión, al igual que la diabetes y el colesterol alto, es un factor de riesgo vascular que produce disfunción eréctil, también llamada impotencia".



Diferencias anatómicas

"Tanto la hipertensión como otros fenómenos que afectan a los vasos sanguíneos han sido mencionados en la literatura científica como condicionantes de disfunción sexual -explicó el doctor Bechara, codirector del Instituto Médico Especializado-.

Ya había sido demostrado su efecto negativo en los varones y nosotros quisimos entonces probar si ocurría lo mismo en las mujeres."
.Para eso, Bechara junto a investigadores del Laboratorio de Medicina Experimental del Hospital Alemán decidieron dirigir su atención al equivalente femenino a la disfunción eréctil: las alteraciones que aparecen durante la fase de excitación, cuya manifestación objetiva es la dificultad para obtener una lubricación adecuada que permita la penetración.


"Una adecuada lubricación es la respuesta de un mecanismo neurovascular a los estímulos; por lo tanto, cualquier afección que interfiera con la neurotransmisión que ocurre a nivel vascular puede impedir que la mujer alcance una adecuada fase de excitación", agregó Bechara.


La hipertensión hace justamente eso.

Y esto era lo que los investigadores querían demostrar; claro que para lograrlo era necesario verificar la presencia de lesiones en las estructuras nerviosas de los vasos sanguíneos del clítoris y de la vagina, que constituyen el punto de partida de los fenómenos de neurotransmisión que participan de la fase de excitación.


Los estudios se realizaron entonces en modelos animales, más precisamente, en ratas hembras.


"Lo que hicimos fue comparar los vasos sanguíneos del clítoris y de la vagina de ratas normales con los de ratas genéticamente modificadas para sufrir hipertensión -explicó Bechara-.

Después de seis meses en los que controlamos que permanecieran estables otros factores de riesgo de disfunción sexual (colesterol, glucemia) estudiamos los vasos sanguíneos de ambos grupos."
La diferencias anatómicas saltaron a la vista.

"Encontramos diferencias que podrían interferir en el mecanismo de excitación -apuntó el especialista-.

Los vasos sanguíneos de las ratas hipertensas estaban mucho más engrosados (como lo que ocurre en la aterosclerosis) y había más fibrosis."
En ambos casos, de lo que se trata es de lesiones de la capa interna de los vasos sanguíneos que impiden la liberación de óxido nítrico y de otras sustancias necesarias para alcanzar una adecuada fase de excitación.


A futuro, Bechara y sus colegas planean estudiar si ciertos medicamentos como el Viagra, que actúan sobre la pared de los vasos sanguíneos, permiten detener el progreso de estas lesiones vasculares que conducen a la disfunción sexual femenina.


Pero por el momento quienes tengan niveles elevados de presión arterial deberán evitar la sal, realizar más actividad física y tomar los medicamentos antihipertensivos.