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Disfunción sexual femenina, un problema más común de lo que se cree

Mauricio Delgado G.* Especial para el TIEMPO, Bogotá,

El autor es Urólogo, sexólogo, representante de Colombia en la Academia Internacional de Sexología Médica.

mauldelga@hotmail.com.


Una de cada dos mujeres tendría trastornos sexuales, llámense del deseo, dificultades para lograr un orgasmo o coitos dolorosos.


Según el estudio denominado Nacional Health and Social Life Survey, hecho en 1.749 mujeres, entre 18 y 59 años, la incidencia es alta, pero podría ser mayor, tanto en Estados Unidos, en donde se hizo la encuesta, como en nuestro país, pues no es fácil que ellas hablen del tema por pena o por el poco tiempo que tienen los médicos para evaluarlas.


Lo cierto es que estamos ante un problema serio.

Parece que ni hombres ni mujeres disfrutamos, desde el punto de vista sexual, una vida plena y placentera.


Deseo sexual: poco o nada


La antigua excusa del dolor de cabeza -motivo de chistes- para evitar el inicio de una actividad sexual confirma la altísima frecuencia de este trastorno.

Hay más excusas válidas como el trabajo, el cansancio y los hijos.


El trastorno del deseo puede deberse a alteraciones hormonales (estrógenos y testosterona) que deben evaluarse.

Igual influye la insatisfacción en relaciones anteriores, no placenteras o decepcionantes y las disfunciones sexuales del compañero, que hacen que la mujer tema embarcarse en otro fracaso.


Trastornos de la excitación


Hay una buena disposición para llevar a cabo un encuentro sexual, pero no se obtiene una adecuada respuesta física y emocional a dicho deseo.

No se producen los cambios cerebrales y físicos, como el aumento del tamaño de los pezones, del ritmo cardiaco, de la vagina y el clítoris, hasta alcanzar el placer.


La falta de respuesta sexual puede deberse a trastornos orgánicos, como hipertensión arterial, diabetes, alteraciones hormonales y menopausia, y a trastornos emocionales, personales o en la relación de pareja.


Dolor durante la relación


El dolor en la penetración vaginal se origina en enfermedades inflamatorias vaginales o en las trompas, y en espasmos y contracciones involuntarias de los músculos localizados al lado de la vagina que impiden la penetración.

Al forzarla, esta se torna dolorosa.

Estas contracciones involuntarias pueden deberse a abusos sexuales en la infancia o tabúes derivados de una educación inadecuada.

La parte emocional en estos casos juega un papel importante.


Otra causa está en la penetración sin suficiente lubricación, durante la menopausia o por enfermedades vasculares, ya que al no estar las arterias saludables no son lo suficientemente dilatables para producir lubricación.


Orgasmos difíciles


Un alto porcentaje de mujeres nunca ha tenido un orgasmo o presenta dificultades para lograrlo.

Para obtener esta sensación se necesita que los pasos anteriores de deseo y excitación se cumplan y tener una mujer dispuesta, tranquila, confiada, con una intimidad y relación de pareja adecuada y que conozca su cuerpo para saber cómo estimularlo.


Dificultades para lubricar por falta de estrógenos o testosterona asociadas a la pérdida de la libido, medicamentos como antihipertensivos, antidepresivos, anticonceptivos, entre otros, alteran las fases de la sexualidad.


Una hipertensa o diabética puede tener trastornos vasculares secundarios que afectan las arterias de la vagina y del clítoris llevando a un mal funcionamiento de estos órganos.


Tratamiento


Existen opciones, desde el punto de vista hormonal, farmacológico y sexológico para tratar estos trastornos.

La primera es el suministro de hormonas, como estrógeno y testosterona, para aumentar la libido y la respuesta de los genitales a los estímulos; una función similar tienen los medicamentos tópicos u orales.


A veces el tratamiento es sexológico, cuando el especialista descubre que la disfunción se debe a problemas emocionales, derivados de tabúes cultivados en la infancia o propios de su cultura, autoimagen e idiosincrasia.


La relación interpersonal de hombre y mujer puede, en ocasiones, entorpecer una respuesta sexual femenina adecuada.

Por eso el terapeuta debe manejar esa situación de conflicto dentro de la pareja.