Modernidad:
La adquisición de bienes genera una sensación de bienestar que muchos confunden con ser feliz.
Al sistema económico eso le conviene, porque cuando una persona adquiere un bien tiene otro más por delante en una sucesión que nunca acaba.
Al sistema económico le conviene que se asocie felicidad con bienes o dinero.
La paradoja es que vivimos una época de gran bienestar material, pero cerca del 20% de la población muestra síntomas depresivos.
Muchos chilenos sonrieron complacientes ante las últimas cifras económicas, sobre todo luego de que el Gobierno, empresarios y autoridades coincidieran en que este crecimiento implica un "mayor bienestar" para todos.
Habrá más riqueza y más posibilidades de adquirir bienes materiales.
¿Quiere decir eso que seremos más felices?
Al menos, así piensa la mayoría.
Según una encuesta realizada por el sitio Emol, las personas consideran el bienestar como una condición sine qua non para alcanzar la felicidad.
Una casa, autos, viajes y menos horas de trabajo fueron algunos de los "bienes" mencionados.
Una lógica según la cual la felicidad debería ser exclusiva de sociedades desarrolladas o privilegio de ricos.
Pero la realidad demuestra que los países con más alto ingreso per cápita tienen tasas igualmente elevadas de depresión, estrés y suicidios.
Para el profesor de antropología filosófica de la Universidad Católica Aldo Calcagni, el tema pasa por el "estado de torpeza en que vive la sociedad actual".
"Tenemos una medicina maravillosa que nos procura salud, avances tecnológicos que facilitan la vida y muchas comodidades.
Pero falta la sabiduría para ordenar todo hacia una fin".
En su opinión, todo se explica por la premisa moderna de que la búsqueda de la felicidad está circunscrita al ámbito privado.
"Pero nadie nos dijo cuál era el camino para alcanzarla.
El pensamiento moderno nos dio conocimientos para producir riqueza, pero no nos dijo para qué y por qué eso nos haría más felices".
Escalada sin fin
Según el sociólogo Luis Gajardo, esta "ignorancia" es caldo de cultivo para la confusión entre bienestar y felicidad.
"La adquisición de bienes genera una sensación de bienestar que se confunde con ser feliz.
Al sistema económico le conviene eso porque cuando una persona adquiere un bien le ponen otro por delante y así sucesivamente".
"Ya no basta con una buena zapatilla; tiene que ser de determinada marca.
La camisa tiene que tener el logo bordado", agrega Calcagni.
En su opinión, esto explica por qué no somos materialistas.
"Ojalá viviéramos en una sociedad materialista, pero no nos da para eso porque no valoramos lo que tenemos.
Simplemente, somos una sociedad cachurera", afirma tajante.
Razón por la cual, afirma Gajardo, vivimos caminando hacia la felicidad, pero somos infelices en el trayecto.
"El padre trabaja todo el día para darle a su familia un buen pasar, pero a ésta la haría más feliz pasar más tiempo con él y tener menos comodidades".
Según el sociólogo, esta incapacidad de percibir lo que verdaderamente nos hace felices se debe a la "presión social por valorar lo económico, cosa que nos hace olvidar que existe un mundo distinto que nos puede hacer infinitamente más plenos".
Mundo que, a juicio de Aldo Calcagni, se compone de cosas cotidianas que, por su simpleza, pasan inadvertidas.
"Aceptar que hay cosas que no se pueden cambiar produce un estado de paz y de gratitud, uno de los sentimientos más bellos.
Te sientes agradecido de la belleza de la cordillera, de la risa de tu hijo o de un gajo de mandarina.
Ahí te das cuenta que no vives en la escasez, sino en la abundancia".
Calcagni agrega que los gobiernos son, en cierto grado, cómplices de esta confusión "porque no se preocupan de la felicidad de sus ciudadanos, sino de su bienestar.
No es que no tengan la intención, pero no pueden evitar caer en lo populista.
Es mucho más fácil ofrecer bienes materiales y tangibles que empezar a reflexionar más profundamente acerca de qué es lo que queremos como pueblo, qué nos hace realmente plenos".
La excitación es, a juicio del filósofo, otra sensación que se confunde con una vida feliz y que está estrechamente relacionada con el consumismo en todos los ámbitos.
"Comprar y comprar produce experiencias nuevas, emocionantes.
Son verdaderos zombies que cambian de auto, de pareja y de trabajo como una forma de sentirse vivos", explica.
Pero más allá de la adquisición de bienes, existe otro tipo de consumismo que él llama "el juego de las metas".
"Desde que naces te ponen la felicidad en un lugar remoto al que tienes que llegar.
Eso será cuando tengas tu título, te cases, tengas hijos y la situación económica suficiente para tener la casa propia, otra en la playa y así sucesivamente".
"Cuando estás abrazando a la persona que amas no tiene por qué ser con un paisaje paradisíaco de fondo, no.
El error está en que siempre queremos llegar a eso y no nos damos cuenta de que podemos abrazarla en cualquier parte y sentirnos plenos".
Según Luis Gajardo, lo anterior genera una paradoja tan evidente como difícil de solucionar.
"Nunca habíamos vivido en una sociedad tan obsesionada por alcanzar la felicidad", sostiene.
Luego de un silencio, agrega: "Y lo más curioso es que nunca habíamos sido tan infelices".
Siempre hay algo que falta...
Tiempo y dinero fueron los bienes que, al parecer, más necesitan los chilenos para ser felices.
Así lo reflejó una encuesta realizada el 15 de octubre por el sitio web www.emol.cl, en la cual se preguntaba a los visitantes qué necesitaban para hacer más plena su vida.
Si bien la mayoría de las personas se autocalificó como feliz, también demostraron una tendencia a la valoración del dinero y de la situación económica como el pasaje directo a la felicidad.
"Dinero, mucho dinero para dejar de trabajar y dar buena vida a mis seres queridos" fue la respuesta de C.
Croft.
Algunos, incluso, consideraron que la pregunta era de perogrullo.
Como V.
Roa, quien agregó un rotundo "es obvio, dinero y nada más".
Pero también hubo quienes, como Johanna, pusieron cosas sencillas que harían la diferencia como "menos jornada laboral para poder llevar a mi hijo al pediatra en vez de la nana".
DESDE LA CALLE
ROMINA ECCHIO
"La felicidad no es un estado permanente, porque no siempre se tiene todo lo necesario.
Me falta cumplir metas: terminar mi carrera, trabajar en lo que me gusta, estar con la persona que quiero".
FRANCISCO ESCALA
"No me falta nada.
Tengo lo más importante, que es el amor, la salud y el dinero.
En el futuro me imagino como un hombre feliz, formando mi propia familia con mi señora y mis hijos".
ALEJANDRA GUAITEA
"Soy feliz, pero lo sería más si tuviera plata para viajar y conocer Egipto y otras culturas.
Pero me basta con el amor de pareja, la familia, la salud y el éxito profesional".