El CSIC aboga por incidir en la educación sexual desde edades tempranas, «con campañas constantes y regulares», para prevenir los embarazos no deseados.
Los expertos no dejan de advertir sobre el progresivo y continuo incremento del número de abortos en nuestro país, un fenómeno que incide de forma espectacular entre las adolescentes y las mujeres más jóvenes.
Pero más allá de las frías cifras, sus estudios intentan también arrojar algo de luz para explicar esa tendencia que, además de preocupante, parece imparable.
Y eso fue precisamente lo que puso ayer de relieve el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), a través de un informe realizado por la demógrafa Margarita Delgado, del Instituto de Economía y Geografía.
Su principal conclusión indica que en España existen grandes carencias en materia de anticoncepción.
Sobre todo si se tiene en cuenta que la mitad de las adolescentes menores de 18 años que se quedan embarazadas recurre al aborto como única solución y que también lo hacen cuatro de cada diez jóvenes entre los 18 y 19 años.
Estos datos, relativos a 2001, suponen que en ambos tramos de edad el número de abortos se incrementó un 99,20 por ciento desde 1990.
En concreto, se pasó de 4.979 interrupciones voluntarias de embarazo a 9.918.
Aumento de los embarazos
Pero el informe aporta otros datos que también ponen en duda la eficacia de las políticas y campañas puestas en marcha a lo largo de estos años para evitar los embarazos no deseados entre las mujeres más jóvenes.
Las cifras muestran que, entre las adolescentes menores de 18 años, el número de embarazos se consiguió reducir en líneas generales desde 1990 (cuando se produjeron 7.248) hasta 1997 (5.940), pero a partir de esa fecha ha entrado en un nuevo proceso de crecimiento.
De tal forma, que tras una década de evolución nos encontramos en peor situación que al principio, pues, en 2001, 7.333 adolescentes quedaron embarazadas.
Ante esos resultados, la investigadora explicó que «la información llega, y se conocen los métodos anticonceptivos, pero no hay suficiente formación con respecto al riesgo que suponen las relaciones sexuales».
Por eso Delgado defendió que se debe incidir en la educación sexual de los niños, incorporándola desde las edades más tempranas con el fin de que, llegado el momento, estén concienciados de la necesidad de utilizar anticonceptivos para reducir las probabilidades de embarazo.
Una tesis que la demógrafa avaló mostrando la evolución que han seguido otros países europeos.
«En 1990, España se encontraba a la cola de la Unión Europea en cuanto al número de abortos -explicó-, pero mientras otros países han conseguido descender o estabilizar las cifras, aquí ha aumentado notablemente.
Por ejemplo, Holanda tiene una de las tasas menores de aborto, porque regala educación sexual desde edades tempranas.
Y no son campañas esporádicas sino constantes y regulares».
En su opinión, el aborto, según los tres supuestos que marca la ley, debe estar garantizado por los poderes públicos con seguridad y acceso pero «no debe fomentarse como método de planificación familiar», entre otros motivos, porque «deja serias huellas en las mujeres, no sólo físicas sino también psíquicas», a veces para toda la vida.
La mejor prevención «de un embarazo no deseado es que no se produzca», concluyó Delgado.
El estudio también se fija en la evolución que han seguido las mujeres de otras edades, aparte de las adolescentes.
Y destaca, igualmente, el importante incremento del número de abortos que se ha registrado en aquéllas de entre 20 y 24 años.
En 1990, de las que se encontraban en estado de gestación acudían a clínicas para interrumpir su embarazo once de cada cien.
En 2001, lo hicieron treinta de cada cien.
Las más mayores también abortan
Uno de los datos más sorprendentes que revela el informe de Delgado señala que también entre las mujeres de 45 a 49 años ha aumentado el número de abortos de forma espectacular.
A principios de los noventa, el 32,2 por ciento de las que estaban embarazadas se decidían finalmente por esa opción.
Pero en 2001, ese porcentaje pasó al 35,2 por ciento.
Aunque fue peor la cifra recogida en el año 95: un 46,42 por ciento abortó.
En este caso, la demógrafa explicó que si bien normalmente «las adolescentes eligen esta opción por falta de seguridad económica o de una pareja, las más mayores lo hacen por relajamiento de los controles anticonceptivos y no por causas médicas como podría pensarse que es lo lógico».
Otra de las conclusiones que no olvidó exponer Delgado se refería a que el 99 por ciento de los abortos practicados en España se realizan por causas médicas, es decir, por serios riesgos para la salud física o psíquica de la madre, como contempla la legislación actual.
Y sólo un uno por ciento de los casos se debe a malformaciones del feto y violaciones, los otros dos supuestos que también se recogen en la ley.
Todos estos resultados están disponibles en la web (www.saludreproductiva.com) a través de distintos indicadores de fecundidad, embarazo y aborto en España y por Comunidades Autónomas. |
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