Esta última, como teoría y técnica, concibe una moralidad diferente, prefiere el mundo de la palabra y el pensamiento al mundo de las acciones
¿Por qué el Occidente moderno ha gestado formas tan eficaces de destruir aquello que considera diferente a sí mismo? Pienso que la violencia social en nuestro país es la expresión de un pensamiento racional que usa los actos como un arma para resolver una diferencia que las palabras no han podido dirimir.
No son actos irracionales e impulsivos, son actos premeditados y reflexivos que se articulan como estrategias para eliminar la presencia de una idea de mundo diferente a la que sostiene un pensamiento hegemónico y unitario.
Esa idea diferente puede manifestarse como cuerpo a desplazar o voz para acallar.
El pensamiento diferente al hegemónico y unitario genera extrañamiento, horror y deseo de eliminarlo.
Freud hablaba de "lo siniestro" para referirse a aquello contrario a lo familiar que nos atemoriza y que, por tanto, condenamos al lugar más lejano de nuestra psique.
Las condiciones de nuestra violencia implican un asesinato, pero no frente a un extraño sino a un familiar tratado como extraño.
¿Qué pasa entonces con nuestros muertos? ¿Qué pasa con ese hermano al que se le niega la posibilidad de ser al cortar su posibilidad de palabra (acordémonos del corte franela de los 50)? El acto violento busca silenciar la palabra de un pensamiento o idea que implique una diferencia.
Creo que lo peor para la propuesta racional de la violencia es que los muertos pierden el habla, pero no la comunicación.
El saber popular nos indica que los muertos insepultos son los espectros que nos vienen a saludar desde la oscuridad.
A! pesar de la estrategia racional de la muerte, el fantasma de tanto cadáver insepulto nos habita, recordemos que para el pensar platónico no importaba que el soma desapareciera porque la psique sobrevive al soma.
Y esta psique desde el silencio se comunica.
Colombia es como esas casas viejas de nuestros barrios coloniales, estamos habitados, hacinados por fantasmas.
El espectro de los desplazados nos indica la presencia de la muerte en la vida, es decir de! la pulsión tanática.
El desplazado no habla, entre ellos la palabra no circula como posibilidad de hacer común unidad (comunidad).
El ser errante y marginal no genera procesos colectivos.
El desplazamiento genera clandestinidad y marginalidad.
Quien abandona voluntariamente un escenario tiene la esperanza de retornar.
La vida sigue latiendo en la matriz dadora de vida.
Pero el sujeto víctima del desplazamiento forzoso trae consigo los signos de la muerte que generaron su desarraigo.
No olvidemos que el desplazamiento es generado por la masacre, los bombardeos o la quema de viviendas como amenaza de muerte.
La! madre es el símbolo de la tierra, ya que da origen al ser.
Quien pierde la tierra pierde el continente que le da una imagen a su identidad; los desplazados se denominan a ellos mismos como desmadrados.
Este simbolismo es interesante porque en la mayoría de los mitos el asesinato primordial y fundante es el parricidio, no el asesinato de la madre.
La impunidad es la causa de que el desplazado agregue a su pérdida de identidad una sensación persecutoria, se convierte en un migrante perpetuo.
El desplazado que vive los efectos de la impunidad lleva en su cuerpo la sensación de una ausencia de ley; por tanto, el caos y el desorden se apoderan de su territorio.
El desplazado víctima de lo impune se oculta en el silencio.
Si no existe la posibilidad de hacer punible un acto delictivo o de alguna reparación moral o social o jurídica, en las víctimas su tragedia se convierte en mentira.
Aquellos que mataron a sus seres queridos no existen.
Al ser desdibujados por la justicia, los victimarios se desdibujan en su representación social.
La impunidad sumada al dolor del recuerdo genera en el sujeto desplazado un nuevo fenómeno, una amnesia voluntaria como cauterización del pasado.
Pero como diría Freud, el destino de todo lo reprimido es retornar a la conciencia.
Lo que la muerte intenta silenciar, los fantasmas lo retornan con su presencia.
El fantasma del desplazamiento deambula por nuestras calles.
El fantasma tiene dos formas de comunicarse, a través de los objetos o de los médiums que los invocan.
Me parece que el artista, y pienso en Doris Salcedo, por ejemplo, es el médium que nos trae la presencia del fantasma.
La artista recoge los objetos que el Tánatos destructor dejó como resto.
En psicoanálisis hablamos de objetos parciales porque no reconocemos en ellos una unidad o integridad.
Tánatos desune, desintegra.
A diferencia de Eros, que une cuerpos.
La labor artística se asemeja al concepto psicoanalítico de reparación, los objetos fragmentados y rotos son reunidos.
Los muebles de Doris Salcedo portan signos de destrucción y de reparación como el hueso afectado por el trauma, que carga una cicatriz que no se observa.
La artista incrusta huesos en las esculturas, sugiriendo la presencia de la muerte en el objeto fragmentado, pero la incrustación semeja las cicatrices que portan los cuerpos heridos por la violencia, las esquirlas de las explosiones del terror.
Una forma de contar nuestra historia de vida es hablar de nuestras cicatrices, si recorremos nuestro cuerpo veremos que la vida se inscribe en ellas; por eso el cuerpo del infante no las porta, tanto como el del adulto o el viejo, a no ser que el trauma haya acontecido en su cuerpo.
En psicoanálisis hablamos de la escena primaria para referirnos al niño que observa la escena sexual que capta sin poder atribuirle un claro significado pero perturbándolo eróticamente en la hondura de su inconsciente.
En! Doris Salcedo, la escena primaria a la que asistimos es la visión del asesinato, un testimonio que nos invade pero que se atenúa en las cadenas del silencio y la represión social.
Por ello, cuando observamos las escenas visuales de destrucción que nos horrorizan se impone el silencio, la frase de los medios de comunicación es: observemos las imágenes en silencio.
Tánatos y su razón silente quieren imponerse a nuestros ojos desde el principio de nuestra simbolización.
La muerte borra los cuerpos y la voz, pero psique sigue aleteando más allá de la desaparición del soma.