Para el psicoanálisis descubrir y comprender los conflictos es el camino hacia su resolución y si fuera posible hacia su prevención, y aunque son pocos los trabajos que tocan el tema hay algunos que intentan relacionar el CONFLICTO con la CORRUPCION HUMANA y lo logran.
No podemos, dicen algunos, restringir las causas (de conductas humanas como la corrupción) sencillamente a la maldad porque eso sería una simplificación.
Los períodos de conmoción social revelan aspectos de la conducta humana que ordinariamente están fuera de la conciencia y por lo tanto dan la oportunidad de profundizar nuestro conocimiento de la naturaleza humana.
El avance científico psicoanalítico parece producirse siempre cuando la presión social y la disposición de la ciencia se encuentran.
Freud descubrió los instintos humanos en la Viena represiva de la época victoriana.
El instinto agresivo se agregó siguiendo a las matanzas en masa de la primera guerra mundial.
El rol de una entidad psíquica de control y dominio de aspectos mentales (el Yo) fue definido cuando la expansión emocional se descontroló, los impulsos empezaron a vivir muy salvajemente y la necesidad de controles estaba en el ambiente social general (años 20 y 30 del siglo pasado).
La sociedad actual y desde hace ya varios años, presenta a la comprensión teórica un aspecto no menos importante del hombre:
El Problema de la Integridad.
Igual como la mujer histérica vienesa a comienzos del siglo pasado, así nos preocupa hoy el estudio del hombre corrupto, que tiene ahora su turno en la superficie de la historia y puede llevarnos a importantes conocimientos de la naturaleza sin tiempo y universal del ser humano
El Síndrome de Compromiso de la Integridad está a la par de las neurosis en la existencia de la mente humana.
El Yo, como es bien sabido, mantiene su postura vigilante y empeña su batalla perenne sobre dos frentes internos, no sólo uno:
Contra el Ello (reservorio de pulsiones, instintos)
y
Contra el Superyo (conciencia moral del ser humano, reservorio de valores éticos).
Entre la multitud de soluciones posibles, pueden ser demandados sacrificios a cualquiera de ellos.
Al Ello en las Neurosis (represión de la sexualidad) y al Superyo (ruptura de la moralidad) en el Compromiso de Integridad.
Las experiencias clínicas y de la vida demuestran ampliamente y apoyan la visión de que ambos existen, y que no hay razón para suponer que una es más común que la otra.
Síndrome de Compromiso de la Integridad
Leo Rangell, psicoanalista que llegó a ser Presidente de la Asociación Internacional de Psicoanálisis propuso en 1973 que el Síndrome de Compromiso de la Integridad debiera ser añadido a la nosología psicoanalítica y psiquiátrica, porque es tan omnipresente como la Neurosis.
Dijo que aunque no está presente en la familia de las "enfermedades", y aún no lo está en la actualidad, no es menos perturbador en sus efectos que muchas de las enfermedades oficiales.
Se refería a la Corrupción.
Como en otras áreas de la psicopatología, los procesos anormales en los Conflictos de Integridad son procesos normales que se desvían de los caminos normales de desarrollo.
Ambición, poder y oportunismo,
que él denominó los tres jinetes del Sindrome de Compromiso de la Integridad crean caos y descalabro cuando devienen fuera de control, aunque son cualidades deseables en el crecimiento y desarrollo normal del ser humano.
Deseamos que nuestros niños se beneficien de las oportunidades y nos preocupamos si se hacen jóvenes sin ambición.
El poder, que viene con la capacidad de dominio es un logro del Yo buscado después y para lo cual los niños son entrenados en tareas de resolver problemas.
Pero cada uno de ellos puede devenir maligno.
La ambición desenfrenada, el dominio que se expande hacia una búsqueda insaciable del poder y el oportunismo que resulta en un apoderarse cruel y despiadadamente de las ventajas sin preocuparse por las consecuencias para otros son los tres ingredientes del Sindrome de Compromiso de la Integridad.
Con la falta de integración viene una erosión de la integridad, de la unidad y cohesión del self humano, que es algo así como la visión que uno tiene de si mismo con la que actúa en la vida.
Hay una relación entre lo que uno vive de sí mismo y sus conductas.
Los conflictos inconscientes juegan también su parte como causa de trasfondo del compromiso de integridad tanto como ellos resultan en la neurosis o en las conductas neuróticas caracterológicas.
Desde las más pequeñas transacciones desviadas de los seres humanos hasta las más sofisticadas y los ejemplos que hacen noticia, los problemas de integridad abarcan un círculo tan amplio como el de las neurosis.
El psicoanalista (profesional de la salud mental que trabaja con los conflictos inconscientes de las personas) se coloca en equidistancia cuando trabaja con sus pacientes (es no ponerse a favor ni en contra) no del Yo y el Ello solamente sino que entre las tres estructuras psíquicas (se agrega por lo tanto el Superyo) observando con la misma objetividad y con la misma valencia las fuerzas que se mueven entre las tres.
Es en este escenario donde penetra al conocimiento profundo de la mente humana.
El Narcisimo (si quieres tener más conocimientos de este término consultanos en psikis.cl) es el enemigo de la Integridad.
Egoismo y egotismo (propios del Narcisismo) son usos semánticos (del lenguaje) que rebelan los orígenes yoicos de estas motivaciones hipertrofiadas.
Esto quiere decir que el egoismo tiene su origen en el Yo.
En adición a este conflicto ínter sistémico (entre el Yo y el Superyo ya que el Superyo, donde radican los valores se opondrían al egoísmo), hay también conflictos intrasistémicos (dentro de cada instancia psíquica: Yo, Superyo, Ello) operando, como son los propósitos del Yo o los valores Superyoicos mismos.
Además del egoísmo y el centrarse en uno mismo, propios del Narcisismo agrega Rangell que lo que se pierde y abandona por la connivencia y consentimiento común (entre corruptos y la sociedad de las personas) en épocas de corrupción generalizada es la sinceridad.
La Sinceridad
La sinceridad es la medida de la distancia entre los diálogos internos y externos.
Los dos nunca coalescen.
Siempre hay una distancia entre ellos.
En realidad una fusión completa resultaría no en sinceridad, no en franqueza, sino en crueldad.
Una distancia óptima y una relación operativa es normalmente buscada, la que si es alcanzada despierta confianza, credibilidad y se constituye en un cemento de las relaciones objetales (término utilizado por los psicoanalistas para referirse a las relaciones entre las personas).
Constantemente existen tensiones entre estos dos niveles de funcionamiento en cada ser humano en su contacto diario con sus semejantes.
El grado y calidad de las conexiones entre ellos está ampliamente determinado por la fortaleza o debilidad del Superyo, lo que constituye una medida de la sinceridad de un hombre.
Los rasgos de las personalidades que llegarán a ser corruptas presentan una finalización de ese trabajo cansador.
El diálogo interno es dejado de lado, que marche sólo y las acciones tomadas lo son en respuesta sólo a las oportunidades externas.
Los dos, ya no necesitan estar ligados juntos en un camino laborioso pero coherente.
En la medida que lo interno es separado de lo externo, el pasado del presente y el Yo y sus decisiones del Superyo y sus requerimientos, la virtud de la consistencia es excluida gradualmente del arsenal de valores humanos.
Como movimiento final en este proceso cínico, el valor de cumplir con los valores de uno, valor superyoico intrínseco a todos los demás, es abandonado por un pacto inconsciente mutuo y un consentimiento común.
Pero, un precio debe pagarse por estas ganancias temporales y estos procesos de apaciguamiento.
Es el que estamos viviendo.